LA INCLUSIÓN Y EL BULLYING: DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA
Por León Trahtemberg, revista CONADIS
No parece ser casualidad que en los últimos años la población peruana se muestre más sensible, interesada y preocupada por la educación de las personas con alguna discapacidad física o mental, y por el bullying que ocurre en los salones de clases con alumnos que en última instancia tienen alguna discapacidad en su personalidad y autoestima. Ambos son objeto de exclusión y maltrato por parte de los demás, y ambos problemas son abordados por el Congreso y el Ministerio de Educación a través de normas que no tienen mayor posibilidad de producir buenos resultados. Las leyes y normas no modifican el sentir de las personas y de las comunidades. Son solamente lavanderías para las conciencias de los políticos y autoridades de turno.
Normalmente en el Perú las personas con alguna discapacidad física o mental están doblemente marginadas. Por un lado solo 5% de niños, niñas y jóvenes con discapacidad en edad escolar accede a la escuela; 81% de las personas con discapacidad nunca ha recibido rehabilitación ni apoyo de aparatos ortóticos y ortopédicos; 80% de personas con discapacidad en edad de trabajar están en situación de inactividad y/o excluidos del trabajo. Por otro lado, el estado no crea las condiciones para que puedan sentirse atendidos y respetados en sus derechos. No se logra entender que para que todos seamos iguales, tiene que respetársenos a todos como diferentes, y que lejos de que los que tienen discapacidades sean considerados como personas que molestan o incomodan a los demás, deberían ser vistas como variantes de la diversidad de personas que conforman a la humanidad
El informe de la Defensoría del Pueblo de cinco años atrás titulado “Barreras Físicas que Dificultan el Acceso de las Personas con Discapacidad a los Palacios Municipales” (15/12/2006) presentó los resultados de evaluar las condiciones de infraestructura poco amigable para personas con discapacidad en 72 municipios del país (23 provinciales de capitales de departamentos y 47 distritales de Lima y Callao). Encontró que 9 (13%) eran completamente inaccesibles y 61 (84%) tenían una accesibilidad limitada. Solo Ate y Miraflores aprobaron la evaluación. Además, en el 50% no era posible el acceso autónomo de las personas con discapacidad, y en el 91% no había ventanillas para atender a personas con discapacidad. Había dificultades en las rampas de acceso ubicadas en las esquinas y en los ingresos de los locales ediles, en las veredas que no tenían el ancho mínimo para transitar en silla de ruedas y tamaños inadecuados de estacionamientos reservados para personas con discapacidad. Las puertas, los servicios higiénicos, las ventanillas, las escaleras y ascensores no estaban especialmente acondicionados. El personal de vigilancia no estaba capacitado para atender a estas personas
De 68 locales con más de un piso de atención al público, solo tres tenían ascensores para ser utilizados por personas con discapacidad. En 68 municipios no había servicios higiénicos accesibles para personas con discapacidad.
Algunas mejoras se han notado en algunos distritos en los últimos años, pero en general parecería que hubiera una sordera gubernamental y congresal para escuchar la voz de los más de 3 millones de peruanos con discapacidad, que luchan por hacer valer sus derechos legales y sociales. Por ejemplo, por el derecho a ocupar el 3% de todos los trabajados en las instituciones públicas, el 5% de los cupos para el ingreso a las universidades, tener 15 puntos adicionales en todo tipo de concurso público por las diversas plazas y la asignación económica para la adquisición de sillas de ruedas y otros implementos afines.
Daría la impresión que se considera que la inclusión de las personas con alguna discapacidad en las consideraciones habituales de la vida en sociedad es una molestia que genera incomodidad, por lo que no extraña que estén igualmente ausentes las tareas de la inclusión educativa, la cual no está clara en la mente de los profesores, alumnos y padres de familia. Disponer por resolución ministerial que los colegios deben recibir niños con alguna discapacidad sin haber previsto las condiciones amigables para atenderlos y educarlos, se traduce en un verdadero maltrato.
Dada la inmadurez de la sociedad peruana en este tema convendría repasar algunas consideraciones básicas que son claves para entender la educación inclusiva.
1). Beneficios para los profesores.
Es interesante que los tres grandes paradigmas de la pedagogía contemporánea para las aulas regulares se aplican sistemáticamente en la educación especial más no en la educación regular. Es decir, un trabajo cooperativo entre docentes, interdisciplinario, con un enfoque alumno-centrado que incluye el respeto a la diversidad.
El más grande cambio para los educadores que ingresan al mundo de la educación inclusiva está en su voluntad de conformar equipos de trabajo colaborativos que compartan cosas que antes eran muy individuales, como objetivos, decisiones, estrategias de enseñanza, responsabilidad por los alumnos, logros, resolución de problemas y manejo de la clase. Los profesores tienen que empezar a pensar en términos de “nuestra clase” con los demás colegas.
La investigación demuestra que en colegios donde hay equipos de profesores colaborativos los alumnos regulares también se benefician por la presencia integrada de alumnos regulares con compañeros con necesidades educativas especiales. Las mejoras se deben a que hay más tiempo de atención del profesor a cada alumno, se reduce el ratio profesor-alumnos, y se dan más oportunidades para el apoyo personal. Es decir, en aulas integradas el profesor tiende a diseñar las experiencias de aprendizaje de manera más individualizada y diferenciada.
En las aulas regulares los profesores suelen usar currículos con contenidos estandarizados que vienen del sistema educativo maestro-centrado. En cambio, en las aulas de educación especial los profesores adaptan la instrucción y los materiales a las capacidades de cada alumno y son alumno-centradas.
Sin embargo, es muy importante el trabajo de planificación previo, para conformar la clase de manera que se seleccione la proporción adecuada de alumnos regulares, alumnos en riesgo y alumnos con necesidades educativas especiales.
2). Beneficios para los niños con necesidades educativas especiales
Los niños con necesidades educativas especiales que se integran a clases regulares mejoran su autoimagen, muestran más capacidad de juego social, de interacciones sociales más apropiadas, más capacidad de iniciar relaciones con los compañeros, más aprendizaje de lenguaje, juegos más complejos, obtienen más conocimientos generales y un mejor desarrollo motor que aquellos que están solamente confinados en aulas especiales.
3). Beneficios para los niños regulares sin necesidades educativas especiales
También los niños regulares se benefician mucho con el aprendizaje de habilidades sociales en aulas en las que hay integración con niños con necesidades educativas especiales, sin afectar en lo más mínimo sus logros de otros aprendizajes, comparados con aulas donde solo hay niños regulares. Según reportan padres y profesores, en las aulas integradas los niños regulares se vuelven menos prejuiciosos, menos estereotipadores, más sensibles y alertas a las necesidades de los demás y por lo tanto más cooperativos. Esto refleja el potencial de beneficio social que tiene las aulas integradas o inclusivas.
Alumnos de bajo rendimiento muestran mejoras en su rendimiento académico y relaciones sociales cuando sus profesores trabajan con aulas integradas. Además, todos los alumnos ganan en el entendimiento de las diferencias interpersonales y la necesidad de aceptarse unos a otros como son. Todos desarrollaron una más fuerte sensación de autovaloración, una renovada apreciación de sus habilidades y logros y el sentido de valorarse a cada uno como un ser único.
Muchas veces los alumnos mayores que no participan directamente en las aulas integradas se muestran recelosos o suspicaces, así como los padres de familia de los niños regulares. Sin embargo, la experiencia muestra que también ellos se benefician de la “integración a la distancia”.
4). Beneficios para los padres de familia
Cuando hablamos de un aula regular, en realidad estamos hablando de aulas en las que hay un alumnado heterogéneo, no solo desde el punto de vista intelectual sino también socioemocional. Hay una gran cantidad de literatura que habla de los alumnos perturbadores, hostigadores, que tienen mala conducta, hiperactivos, impulsivos que hacen daños a los demás, que se burlan, acosan, hostigan, desconcentran con sus intervenciones, y muchas veces intimidan a otros alumnos que tienen miedo de ir al colegio, intervenir en clase, etc. Sin embargo, la convivencia con ellos se considera normal. Se considera que el alumno afectado tiene que aprender a lidiar con esas tensiones sociales, “porque así es la vida” y porque la escuela representa un microcosmos de la sociedad en su conjunto.
Sin embargo cuando se habla de integrar por ejemplo a alumnos con síndrome de Down, que son bonachones, expansivos, dulces, simpáticos, inocentes, sociables, allí sí se coloca una luz roja y se prefiere evitarlos aduciendo que van a afectar el trabajo de niños regulares. Es desde este planteamiento que hay que encarar la inclusión.
El reto de los padres es entender que todos somos padres de niños con necesidades educativas especiales, así saquen buenas notas en el colegio. Cada niño es un mundo que requiere atención personalizada, sentirse apoyado, tener la oportunidad de ayuda adicional de los profesores cuando tiene alguna dificultad, etc. Además, esos niños tienen padres como los otros, y a aquél que le toca tener en su familia un niño con necesidades educativas especiales sin duda le gustaría recibir el buen trato y las consideraciones necesarias de todos los demás.
En suma, las clases que incluyen exitosamente a los alumnos con alguna discapacidad se diseñan para darle la bienvenida a la diversidad y atender las necesidades individuales de todos los alumnos, tengan o no una discapacidad notoria. En el fondo, desde el punto de vista moral, de lo que se trata en las aulas integradas es de poner en práctica la tolerancia y el respeto a las diferencias en su máxima expresión. Esa es la educación ciudadana en su sentido más esencial.

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