Recordando a Itzjack Rabin

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La historia de Israel está llena de distinguidísimos personajes y héroes con méritos similares al del PM Itzjak Rabin, ninguno de los cuales –incluyendo a Ben Gurión-, tiene dedicada una fecha de recordación específica en el calendario nacional israelí. ¿Porqué Rabin sí? 
Sospecho que una poderosa razón radica en que la muerte de Rabin (4/11/1995)  se produjo como consecuencia de haber sido asesinado por el judío israelí Yigal Amir. Eso nos enseña que el peor enemigo que todos tenemos, tanto las  naciones como los individuos, está dentro de nosotros mismos. Eso hace distinta la muerte de Rabin a la de todas las otras muertes de los grandes personajes de Israel.
De allí que la misión a la que nos comprometemos quienes sentimos la  muerte de Rabin, tanto judíos como no judíos, es la de luchar contra los enemigos internos que todos tenemos, que nos dañan y destruyen por dentro, y que ponen en peligro la continuidad de nuestro pueblos. Como personas, alude al triunfo de las fuerzas nocivas y dañinas sobre las fuerzas creativas y constructivas en la vida de cada persona, cuyo extremo es el suicidio, tema al que los psicoanalistas han dedicado mucho tiempo de estudio. Como comunidades o naciones, se refiere a evitar el triunfo de los éticamente torcidos, corruptos ó fanáticos sobre las fuerzas positivas de las sociedades, evitar el triunfo de aquellos que para imponer su punto de vista requieren eliminar el del otro, o directamente eliminar al otro, como hicieron los nazis y tantos otros fascismos y totalitarismos en nuestra historia.
La otra dimensión que hay que tomar en cuenta, es que para construir una sociedad sana se requiere de una masa crítica de cientos o miles de personas que como Rabin, lideren y sostengan el proyecto común. Para destruirla, bastan unos pocos perversos o criminales como Yigal Amir, para imponerse a las mayorías que por desidia, displicencia, comodidad o indiferencia les dejan la cancha libre. Sin duda el Perú no es ajeno a estos conceptos.
Recordar a Rabin sin recordar la misión que nos heredó, llevaría solamente a la trivialización de su recuerdo.