Judíos en la política

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La historia de la actividad política de judíos en el mundo muestra que suelen ser judíos de segunda generación nacidos en el país, de padres o abuelos inmigrantes, los que incursionan en la vida política, por dos razones.

La primera, porque los judíos inmigrantes se preocupan primero de su subsistencia y seguridad. Además, siendo extranjeros mantienen un perfil bajo, más aún si llegaron al país como resultado de alguna persecución.

La otra, porque nuestra educación talmúdica nos ha heredado un afán por confrontar lo establecido y luchar por mejorar el mundo, lo que explica nuestra presencia activa en el mundo intelectual y político, sobre todo en un rol contestatario frente a las "verdades" convencionales. Freud, Einstein, Chomsky y más recientemente el Premio Nobel Harold Pinter son ejemplos intelectuales paradigmáticos. Trotski, Blum, Kissinger, Ben Gurión y tantos más son casos renombrados en la política.

Sin embargo, cada uno lo hace desde su propia mirada e ideología. No podría ser más diverso en el caso de peruanos de segunda generación. Con Alberto Fujimori tuvieron cargos públicos José Chlimper, Efraín Goldemberg y Moisés Wolfenson. Con Alejandro Toledo asumieron cargos David Waisman, Jacques Rodrich y David Lemor. Con Belaunde fue Wilson Benzaquén. Con Alan García fueron Jacobo Mishkin y Jayzuño Abramovich. Para la presente campaña se conoce de la cercanía de Isaac Meckler (quien ya no es presidente de la AJP) con Ollanta Humala y José Kleinberg con Lourdes Flores, entre otros. Entre los severos críticos a estos gobiernos estamos varios comunicadores, incluyendo a Gustavo Gorriti y Roberto Lerner.

Lo que esto significa es que hay muchos judíos que estamos comprometidos con el mejoramiento del Perú, pero que cada cual busca aportar desde su posición y actividad. Esto debería ser bienvenido por la nación peruana, a la que precisamente le hace falta un compromiso cívico más activo por parte de todos sus ciudadanos.

No existe por tanto una posición político-partidaria institucionalizada de la Asociación Judía del Perú, no sólo porque sus estatutos lo prohíben, sino también porque los hechos enunciados lo hacen imposible. De allí que no exista ni remotamente un "candidato de los judíos".

Es importante precisar esto para que frente al legítimo protagonismo político de algunos judíos no se aluda a "la comunidad judía" como si fuera un grupo homogéneo y compacto de personas alineadas con la misma posición particular.