Reacción a la reforma educativa de Israel

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El 26/09/2004 publiqué en este diario el artículo “Reforma Educativa radical en Israel” con el objetivo de informar y suscitar reacciones de decenas de lectores (se puede releer en www.trahtemberg.com). Recientemente el 14/4/2006 publiqué en Correo una versión actualizada de dicha reforma a la luz de los cambios de gobierno en el que el partido centrista Kadima desplaza al derechista Likud. Recordemos que la reforma nació en octubre del 2003 bajo la vigencia de la ex Ministra de Educación Limor Livnat quien convocó al empresario “hight tech” Shlomo Dovrat para armar un equipo y haces una propuesta para reformar la educación israelí, la cual fue publicada a fines del 2004.
Como no podía ser de otra manera en un país democrático, la comunidad académica israelí discutió dicha reforma con argumentos que reseñaré en esta columna. Tienen una serie de coincidencias con asuntos similares de la agenda educativa peruana, a partir de un diagnóstico que pone un fuerte énfasis en señalar como principal problema de su sistema educativo la creciente brecha de inequidad que se va abriendo en función de las capacidades económicas de las familias, siendo tarea fundamental del estado proveer lo necesario para cerrar esa brecha.
Hay varios expertos israelíes que señalan que es injusto usar los magros resultados promedios que arroja PISA y TIMSS para juzgar la decadencia de la educación israelí, porque se está comparando una muestra muy selecta de los años 1970’s con las muestras muy heterogéneas de los años 2000. Esta comparación no toma en cuenta que en los últimos años han llegado 1’500,000 inmigrantes que han engrosado el sistema educativo y que en su etapa de adaptación obviamente no rinden como los nativos. Junto a ello, ha habido un notorio recorte presupuestal para la educación por tener que atender gastos militares y de seguridad, que han aumentado el número de alumnos por aula hasta 40, lo que ha reducido la atención individualizada que antes recibían los estudiantes en los colegios de Israel. Finalmente, el deterioro del nivel de los docentes y su incapacidad de adecuarse a los estímulos propios de la modernidad lleva a los alumnos al aburrimiento que solamente es vencido ocasionalmente con estimulados adecuados que lleva a los alumnos a alcanzar los primeros lugares en los concursos mundiales de matemáticas, computación y ciencias.
Se ha detectado que al menos 20% de los alumnos contestan a desgano las pruebas de diagnóstico, por lo que sus resultados son muy relativos. Además, los alumnos de colegios religiosos no llevan el currículo oficial pleno y por lo tanto al dar esas pruebas naturalmente sacan un puntaje muy bajo.
Otra crítica a la propuesta de Dovrat es que la sugerencia de estimular el “parent choise” para que los alumnos ya no vayan al colegio del barrio sino al que sus padres elijan, trae como consecuencia inevitable una segmentación de las escuelas (las mejores para los alumnos acomodados y las peores para los mas pobres), con lo que la escuela deja de ser el espacio de encuentro entre todos los niños para convertirse en espacio segmentado según las preferencias religiosas, sociales, étnicas o económicas de sus familiares.
Entre las diversas propuestas resalta la necesidad de aumentar el presupuesto para educación de modo que se reduzca el número de alumnos por salón y así los profesores puedan hacer una enseñanza más individualizada que es requisito para formar mentes críticas, reflexivas, autónomas y trabajar en equipo con el debido monitoreo docente. A ello se agrega la extensión de la educación inicial y la necesidad de fijar estándares de contenidos curriculares comunes a ser logrados por todos los escolares israelíes, poniendo un mayor énfasis en el dominio de las habilidades básicas de lectura y aritmética dentro de un currículo con salidas plurales. Sin embargo, el énfasis en tomar pruebas de medición de desempeños no es recibido con mucho entusiasmo porque esas pruebas tienden a convertir a los alumnos en “tomadores de pruebas”.
El empoderamiento de los directores para tener más autoridad y capacidad de ejecución presupuestaria es aplaudida por todos, sin embargo el que eso permita alcanzar más eficiencia pero no necesariamente mejora el rendimiento de los alumnos lo cual depende de otros factores diferentes.
La conclusión final del debate es que una comisión reformista que nació con el objetivo de mejorar el rendimiento de los alumnos, propone una serie de mediadas que muchos reconocen que mejorarán el sistema educativo, pero que difícilmente mejorará el rendimiento medio de los alumnos en las futuras pruebas internacionales. Los objetivos de calidad y equidad no necesariamente se reflejarán en las mediciones de pruebas estandarizadas.