Educación rígida, ejecución mecánica, sin razonamiento

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico

Esta semana asistí como voluntario a colocarme una de estas diversas vacunas que están en el   proceso de validación y tuve dos experiencias muy ilustrativas de las limitaciones de nuestra educación. 

Capítulo1: La medida de la presión. 

El auxiliar de enfermería que tenía que medirme la presión, lo hizo con el aparato electrónico habitual y obtuvo 10-6. Iba a anotarlo así en el registro cuando le dije ¿no le llama la atención esa presión tan baja? Esos aparatos electrónicos portátiles suelen dar medidas falsas en el primer intento. ¿Qué tal si la mide de nuevo? Así lo hizo y obtuvo 14.9-11 (muy alto para mi presión normal). Pedí que traigan un aparato manual y la enfermera de turno obtuvo 13-8, más cerca de lo real. 

Me preguntaba, ¿por qué esta persona no pudo pensar que esa presión era rara y tomarla de nuevo? ¿No se habrá dado cuenta nunca que la medida de la presión en la primera lectura puede ser incorrecta? Lo único que tenía que hacer es pensar en lo que estaba ocurriendo y cuestionarse si tiene sentido, en vez de limitarse a actuar mecánicamente.

Es como si en matemáticas frente a una sustracción un alumno obtuviera 45 – 38 = 83 sin que ese resultado le incomode de modo alguno o lo lleve a preguntarse ¿será posible? ¿No habrá error?.  

Capítulo2: La muestra de sangre. 

La trabajadora del laboratorio tenía que sacarme una muestra de sangre y usó la jeringa y aguja habitual, cosa que siempre me ha ocurrido sin mayor problema en los laboratorios y  clínicas a los que suelo acudir para mis chequeos de rutina. No me llamó la atención su abordaje. Sin embargo, en esta ocasión se produjo algo inusual.

La trabajadora me empezó a pinchar, pero decía que la vena se le escapaba por lo que no lograba la conexión para que fluyera la sangre. Cambió de brazo y ocurrió lo mismo. Hizo un tercer intento y fue en vano. Viendo mi sorpresa, angustiada, llamó a su coordinadora que hizo el cuarto intento con el mismo método y tampoco lo logró. Ya fastidiado con la situación exigí que venga una enfermera competente la cual afortunadamente estaba en el edificio. Esta sí fue capaz de enfrentarse a una situación diferente a la habitual. Usó la cabeza para darse cuenta que si pinchándome en la forma habitual no se lograba el objetivo, había que ir por otro camino. Luego de acoger mi malestar, trajo hielo para desinflamar las barbaridades de sus antecesoras. Creada la confianza, me hizo una punción venosa con el método mariposa, que permitió tomar todas las muestras de sangre necesarias.

Nuevamente me pregunto si estas auxiliares tienen idea de cómo funcionan las venas, las presiones internas, las posibles razones por las que eventualmente no fluye la sangre, para buscar otras opciones, o se limitan a aplicar mecánicamente “lo que les enseñaron”, los "problemas tipo", y cuando enfrentan una situación nueva, inusual, no son capaces de razonar e imaginar otras opciones frente al problema. Me imagino que sus profesores tampoco deben haberlas preparado para esas situaciones anormales o sorpresivas, en aras de acumular las horas de práctica prescritas.

Esa es exactamente mi crítica al modelo pedagógico de los colegios y no pocos institutos y universidades que se apuran en lograr que los estudiantes resuelvan los ejercicios tipo del manual y apliquen fórmulas aunque no entiendan por qué. No se les enfrenta con situaciones nuevas “fuera de manual” ni tampoco se les da la oportunidad de especular y ensayar diversas hipótesis frente a un problema, para ensayar alguna alternativa que parezca que se acerca más al caso específico a resolver. El apuro por aplicar la fórmula y dar el resultado correcto que figura en el manual mata toda posibilidad de ponerse a ponerse a pensar en el porqué de las cosas y en las mejores opciones para resolver problemas nuevos, inesperados. 

Es la misma crítica que le hago a los gobiernos de Vizcarra y Sagasti en relación a la pandemia, frente a la cual todo el tiempo hacen más de lo mismo, lo que está en el manual o lo que hacen otros países, creyendo que con eso se superan los problemas, sin ponerse a pensar seriamente otras formas más inteligentes y creativas que produzcan resultados distintos a los nefastos que se han ido acumulando. 

Si queremos evaluar la calidad de la educación de los peruanos, en vez de empezar mirando los puntajes escolares en pruebas estandarizadas, debiéramos empezar mirando cómo actúan nuestras autoridades y funcionarios, (que han egresado del sistema educativo), cuáles son sus limitaciones, y entonces sabremos qué buscar que cambiar en la escuela, de un modo contextualizado y relevante al caso peruano.   

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