El triunfo de Hamas: paralizar la razón usando los niños

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El triunfo de Hamas: paralizar la razón usando los niños
Por León Trahtemberg, 12 08 2014 

Hay algo que me viene preocupando hace semanas, desde que Israel decidió reacciona ante la  ofensiva misilística de Hamas desde Gaza. Es la disonancia que encuentro entre la preocupación de analistas y comentaristas peruanos sobre las fatalidades que se dan en los niños palestinos de  Gaza a los que Hamas expone a la muerte, y la indiferencia hacia el destino de cientos de miles de niños peruanos que por la falta de mínimas condiciones de vida fácilmente atendibles están condenados a la muerte o la invalidez funcional de por vida. Miles mueren al nacer o en el 1er año de vida por razones sanitarias, médicas tratables o alimenticias, y luego son condenados a la desnutrición crónica infantil causante de todas sus penurias posteriores incluyendo su evitable fracaso escolar. Se suma a ello la ilegal  explotación laboral infantil. No encuentro primeras planas ni noticias alarmantes sobre el tema, sino un trato ocasional como noticia marginal, sin emoción ni conmoción.  Ni hablar de las decenas de miles de niños del mundo, especialmente en África que desde que nacen están condenados a una agonía continua por falta de atención médica,  nutricional y escolar, pese a los vanos llamados de las agencias de la ONU para atenderlos.

En nuestro país, la maquinaria publicitaria del Hamas no triunfó sobre Israel. Triunfó sobre las mentes de miles de personas de buena voluntad que en condiciones normales hacen análisis  inteligentes y razonables, y son capaces de considerar con ponderación los dos lados de cada moneda y cada conflicto, pero que en el tema que involucra a Israel se paralizaron. Todos los argumentos sobre las provocaciones y responsabilidades del Hamas quedaron neutralizados bajo las imágenes de niños levantados de los escombros de edificios desde los cuales Hamas lanzaba sus misiles contra Israel. Todas las evidencias de que Israel apuesta por una solución política y no militar recomendadas por analistas que siguen el caso pasan desapercibidas. Nada vale decir que esa solución política negociada entre Israel y sus enemigos ya produjo acuerdos de paz con Jordania y Egipto –con devolución de territorios ocupados en guerras anteriores-, e incluso el reconocimiento de la Autoridad Palestina  y la entrega inicial del 80% de los territorios de la Margen Occidental y el 100% de Gaza al control de los palestinos, a la espera de cerrar los acuerdos finales. Todo ello en cumplimiento de la resolución 242 de la ONU que establecía que a la par que los países árabes reconocerían a Israel y sus fronteras seguras, Israel les devolvería los territorios ocupados en las guerras, lo que fue también la base de los Acuerdos de Oslo de 1993 entre Rabin y Arafat.  

Nada importa señalar que esa negociación con la Autoridad Palestina prosperó llegando al compromiso de devolución del 97% del territorio y el canje del 3% de la diferencia incluyendo un pasaje libre entre las inconexas regiones de la Margen Occidental y Gaza, logradas en Camp David 2001 y que Arafat se negó a  firmar. De nada vale decir que Hamas sistemáticamente ha bloqueado toda negociación de Israel con  la Autoridad Palestina “incendiando la pradera” como esta vez también,  guiado por su planteamiento constitucional de la eliminación de Israel. De nada vale señalar que en el año 2007 Hamas  masacró a las fuerzas policiales leales al Presidente  Mahmoud Abbas quien no ha puesto un pie en Gaza desde entonces. Aún así, se considera presidente de la Autonomía Palestina que pretende negociar con Israel a nombre de toda la región árabe palestina incluyendo a Gaza en la que no ejerce poder ni tiene reconocimiento alguno del Hamas.   

De nada sirve señalar que por primera vez en la historia Hamas enfrenta la enemistad de Egipto, Arabia Saudita, Jordania y Emiratos Árabes Unidos que se han vuelto aliados informales de Israel en esta lucha, porque saben que un Hamas fortalecido y armado que actualmente apunta a Israel, mañana podrá girar sus blancos y disparar contra Egipto (que ha proscrito a los Hermanos Musulmanes), Arabia Saudita y Jordania, que temen sufrir la misma agonía que hoy sufren Iraq y Siria por causa de los radicales islámicos alzados en armas (que dicho sea de paso, están eliminando a todos los cristianos y étnicas diferentes que viven en las regiones que ocupan, ante la indiferencia del mundo).           

Claro que decir estas cosas no es políticamente correcto, porque obligaría a reconocer que hay un sistemático bullying anti israelí cuyas razones inconscientes tienen poco que ver con la solución  razonable a los problemas del Medio Oriente. Lo veo en la reacción virulenta de estos comentaristas a cada post que coloco en facebook tratando de explicar lo que ocurre en el otro  lado de la moneda.  

Mi preocupación en realidad, no es por la reacción de los comentaristas en relación a Israel y Gaza. Es más cercana que eso. Es por la capacidad de los peruanos no solo de escucharnos y tolerarnos aunque pensemos diferente, sino la de ser coherentes para que los valores que enarbolamos en  relación a los niños palestinos, los enarbolemos igualmente por los niños peruanos; con la  diferencia de que en el primer caso solo tenemos a nuestro alcance emitir algunas palabras de protesta, mientras que en el segundo podemos hacer cosas muy concretas e inmediatas que brillan por su ausencia.