Felices con el tercio superior, pero...

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En reciente entrevista un periodista de Caretas me pidió una opinión sobre las ventajas de darle a los alumnos del tercio superior del colegio el ingreso casi-directo a la universidad, que al parecer de las comisiones de ingreso de las universidades privadas consultadas, había sido una fórmula exitosa para captar a quienes luego se convertirán en los estudiantes del tercio superior de la universidad.

Yo de dije que no me sorprende en absoluto, porque si el currículo de la secundaria que el ministerio de educación impone a los colegios peruanos ha sido hecha por especialistas universitarios en las diversas disciplinas académicas, el alumno que tuvo éxito en la secundaria lleva consigo todas las ventajas y entrenamientos necesarios para continuar por ese camino en la universidad.

Sin embargo, lo que este sistema no resuelve son otros tres problemas no menos importantes a los que a veces no se les presta atención:

1) Tener buenas notas en la universidad no garantiza en absoluto tener “éxito en la vida”, sea como profesional o como miembro de una familia y comunidad en la que se va a  insertar para ser una persona constructiva, productiva, creativa, solidaria y con vocación democrática. En suma, no es un certificado de éxito profesional, moralidad y civismo. Valdría la pena hacer el análisis al revés y preguntarse: ¿cómo les fue con las notas en el colegio y en la universidad (si es que estudiaron en ella) a quienes han tenido éxito en la vida? 

2). La garantía de ingreso a la universidad basado solamente en las notas acumuladas en la secundaria en el colegio, sin requerir preparación adicional ni competencia por vacantes, tiende a bajar el nivel de trabajo en 5to de secundaria (que a los alumnos les parece casi  prescindible) y a bajar el nivel de formación de los alumnos a la hora de ingresar, porque no tienen que hacer casi ningún esfuerzo adicional al de los estudios escolares para ingresar a la universidad. Entonces, en lugar que los alumnos hagan un esfuerzo como el que todavía se tiene que hacer por ejemplo para ingresar a medicina en Cayetano Heredia o Arquitectura en la Católica, por mencionar un par de privadas, o a la San Marcos, UNI ó Agraria por  mencionar algunas de las públicas, los alumnos llegan a las universidades solo con lo que traen del colegio, que al decir de todos los conocedores y las mediciones internacionales, es insuficiente. 

Luego, salvo que la universidad se dedique a desaprobar a la mayor parte del alumnado, lo que las universidades hacen en la práctica es bajar su nivel, con lo que también cae el nivel de los egresados. De allí que salvo algunas carreras y casos excepcionales, los profesionales peruanos tienen serios problemas para competir con sus pares europeos o asiáticos. Eso lo dicen todos los empleadores que evalúan a miles de candidatos para ocupar las distintas vacantes profesionales que se abren en el mercado. Pero eso también lo dice el mero sentido común. Si el nivel de aprendizaje de los alumnos en los colegios peruanos (incluyendo los del tercio superior) está en el tercio inferior de la educación mundial, pero  ese es el nivel con el que ingresan casi automáticamente a las universidades, ¿cuán alto puede ser el nivel con el que egresan al cabo de 5 años de universidad?

3). Hay un tercer factor que vale la pena mencionar que tiene que ver con la manera como el ingreso directo alimenta la inestabilidad y confusión propia de los adolescentes, uno de cuyos síntomas es la desaprobación de cursos del los primeros ciclos universitarios y el cambio de carrera y/o de universidad a los que los estudiantes culpan de su fracaso.  Una mirada psicológica del asunto enseña que el escolar necesita terminar el ciclo escolar,  hacer el duelo, despedirse de sus rutinas, compañeros, profesores, y prepararse emocionalmente para una nueva etapa. El ingreso directo estando aún en el colegio  perturba y hasta elimina este proceso, por lo que recién cuando el alumno ya está en la universidad hace la crisis del ingresante con las consecuencias ya conocidas.

Respetando las limitaciones de cualquier generalización, valdría la pena que las universidades revisen todo esto, pensando no solo en sus conveniencias administrativas o económicas sino también en la buena formación de los estudiantes.

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396 síntomas de fracasos del sistema educativo en Chile. Simce en Chile, ECE en Perú, PISA y TIMSS a nivel global, como indicadores de calidad de modo totalmente descontextualizado y restrictivo, ignorando además todo el mundo no cognitivo y de habilidades blandas. Cabría preguntar también si los colegios con mejores puntajes en esas pruebas, realmente son escenarios de educación de calidad o fábricas de preparaciones estresantes de alumnos para rendir esas pruebas, al estilo del siglo pasado, para así alimentar la vanidad de los padres y autoridades que viven de esas pruebas y puntajes sin calibrar sus efectos secundarios.