Posgrado Anticorrupción y Educación Cívica

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A juzgar por las encuestas y la percepción ciudadana basada en “lo que se dice” en la  calle y lo que revelan los medios de comunicación, la educación cívica real peruana  parecería estar conformada por los siguientes mensajes: ser político es una profesión que permite al que la realiza alcanzar el poder. El gobierno (local, regional o nacional) se convierte en un botín que se reparte luego entre los militantes y allegados vía sobrevaloraciones, coimas, licitaciones amañadas, lobbys informales, ventas  subvaluadas de bienes del estado, etc. Cuando el nivel de ambición es extremo, se    prescinde de la democracia. 

Pertenecer al ministerio público y al poder judicial es un privilegio para mañosos  abogados ambiciosos que una vez que se convierten en fiscales o jueces usan sus cargos para vender sus decisiones al mejor postor, con lo que definen la vida, libertad y patrimonio de la gente.

Pertenecer al Congreso permite entrar a un club de privilegiados con inmunidad para sus delitos, que venden sus votos a empresas que directa o indirectamente los contratan a ellos o sus familiares como tramitadores de leyes, ya sea para obstaculizarlas o aprobarlas, según su conveniencia. Las comisiones investigadoras  solo sirven para sancionar a congresistas o funcionarios opositores.

Si este panorama no nos gusta, corresponde a líderes máximos y las otras  autoridades que se consideren decentes, demostrar que en sus ámbitos de poder “los buenos” vencen a “los malos”, y demostrar con ello que la decencia es mayoritaria y lo escrito párrafos arriba es una falsa percepción de la realidad que puede ser revertida. 

Por su parte las universidades tienen la oportunidad de hacer de la lucha contra la corrupción un tema académico transversal, con cursos sobre el tema para todos los estudiantes, e incluso crear una maestría de cuatro semestres para formar especialistas anticorrupción. Después de todo, el Perú es un escenario ideal para ello.

Sería fácil armar un currículo y una buena bibliografía con los infinitos casos existentes, incluyendo contratos de sujeción, videos y grabaciones de radio sobre coimas y componendas, así como audiencias judiciales en las cuales generales, periodistas, artistas, deportistas, empresarios, jueces y demás relatan sus historias.

En el primer semestre se desarrollaría un curso introductorio sobre las trasgresiones cotidianas a la ley, lo que incluye las modalidades y tarifas de coimas a los policías y funcionarios menores de justicia, municipios y ministerios. Se trabajarían casos como la venta de licores y perfumes “bambeados”, las construcciones sin licencia y el funcionamiento de institutos, academias y discotecas sin autorización. Se estudiaría también la venta de notas aprobatorias, la obtención de diplomas de médico, dentista o ingeniero sin ir a la universidad, cómo se consiguen repuestos de marca nuevos a la mitad de precio, el acceso a entradas para la reventa, falsificación certificados médicos, policiales y planillones electorales, con visitas de estudio a notarías e  imprentas falsificadoras.

En el segundo semestre se abordaría el tema tributario. Eso incluye estudiar cómo se hace el contrabando por tierra, mar y aire, la piratería de libros,  CDs y software, con visitas de estudio a los puertos, aduanas y garitas de control, así como a las ferias de venta de contrabando. Este además sería el semestre ideal para estudiar los métodos de evasión y elusión tributaria, así como el diseño de licitaciones para que las ganen siempre los mismos postores o los allegados del ministro licitante.

En el tercer trimestre se estudiarían los lobbies de cuello blanco y los grandes negociados. Eso incluiría las argucias para hacer leyes con nombre propio, el uso del carácter secreto de una norma para esconder componendas y comisiones, los negocios ilícitos del narcotráfico y el tráfico de armas. Se estudiaría cómo se abren cuentas indetectables en el exterior para lavar o esconder dinero, el uso de testaferros, la conversión de aviones y armas en obsoletos para venderlos como chatarra etc.

En el cuarto semestre trabajarían la apreciación teatral y el manejo de medios. Aquí descubrirían las técnicas usadas por los políticos para lograr poner cara acongojada y usar gestos de consternación frente denuncias de corrupción o los  reclamos poblacionales frente a los cuales no piensan hacer nada. También aprenderían cómo se manipula a la prensa y se consiguen titulares para matar una noticia incómoda, agraviar a los enemigos políticos o desacreditar a los fiscales y jueces honestos. Al final del semestre harían un viaje de estudio sobre corrupción comparada a países como Venezuela, Argentina o México, haciendo una escala en la bolsa de Nueva York para estudiar las estafas de las grandes corporaciones.

De este modo los graduados estarían capacitados para hacerle frente a cualquier legislación o mafia que se dedica a la corrupción.

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Educación cívica y autoritarismo (con extraordinario inserto del filósofo e investigador de la educación en México, Pablo Latapí Sarre) “So pena de hacernos tontos a nosotros mismos, no podemos plantear la educación cívica de las siguientes generaciones de espaldas a la realidad. El país está haciendo agua por sus cuatro costados; llegan a su límite problemas cívicos inveterados, como la corrupción y la impunidad; han entrado a su crisis definitiva el partido de Estado y sus controles corporativos, se resquebraja el antiguo presidencialismo, y las instituciones gubernamentales pierden credibilidad por su recurso al doble lenguaje y sus fracasos en el manejo de problemas nacionales del calibre del conflicto de Chiapas (el levantamiento neozapatista de 1994) o el Fobaproa. Es en esta realidad, ante ella y necesariamente a partir de ella, como hay que formar ciudadanos hoy; como bien dice el programa de estudios oficial, los estudiantes deberán aprender a ‘considerar y asumir su entorno social como un ambiente propicio para el ejercicio de actitudes comunitarias y cívicas’.” Los libros que citaba el especialista –señalaba él mismo– mostraban “un natural pudor del gobierno respecto a sus vergüenzas”, pero “nadie espera que un programa oficial exhiba las lacras del sistema político”. Así, en el ámbito del “deber ser” se referían a “abstracciones inocuas” como la libertad, justicia, igualdad, tolerancia, respeto a los derechos humanos, al Estado de derecho, amor a la patria y democracia como forma de vida, que no han sido necesariamente atendidas por los gobiernos. 

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