Israel, Hamas y lo políticamente correcto

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Sin sorpresa veo en los medios una cobertura asimétrica de la represalia que Israel ha tomado contra los radicales islámicos del Hamas, que entre el 2007 y 2008 han lanzado más de 3200 misiles contra Israel. Hay una tendencia a dejarse llevar por la espectacularidad de un bombardeo que produce  380 muertos en 5 días, más que la del número de víctimas de un solo dígito que  ocurren día a día a lo largo de los años al otro lado de la frontera.    

 

Recordemos que Israel desmanteló sus asentamientos y se retiró de la Franja de Gaza en el 2005, para impulsar las negociaciones para la existencia definitiva de los estados de Israel y Palestina, como manda la Partición del 1947. Sin embargo, eso no ocurrió. Los radicales palestinos del gobierno de Gaza llamaron a la  destrucción «entidad sionista» (Israel) siguiendo las consignas de Irán. No se puede hablar de Hamas sin hablar de Irán.

 

Los ataques previos del Hamas se detuvieron hacia junio del 2008 gracias a una tregua de 6 meses mediada por Egipto, luego de que Israel tuviera que responder con un operativo terrestre a los ataques del Hamas contra las poblaciones israelíes. El 19 de diciembre Hamas rompe unilateralmente la tregua con nuevos disparos, pese a las advertencias de Israel que no podía seguir tolerando indefinidamente este diario disparo de misiles contra poblaciones israelíes en las que viven cientos de miles de ciudadanos cuyo objetivo es matar, herir y mutilar el máximo número de civiles israelíes.

 

Entonces, el 27 de diciembre Israel bombardeó Gaza. Hay víctimas civiles porque los arsenales del Hamas están ubicados en zonas civiles cerca de  colegios, mezquitas, y en viviendas en las zonas urbanas pobladas.

 

A los medios de comunicación, organizaciones políticas, humanitarias y diversos políticos les es fácil condenar un bombardeo ante la opinión pública, porque eso los alinea con la imagen de un deseo humanitario de paz universal, pese a no se lo exigieron al Hamas cuando atacaba cotidianamente a Israel.

 

La acusación de una respuesta desproporcionada en la guerra es absurda, porque si las acciones de guerra no son contundentes y abrumadoras, no cumplen el rol disuasivo que busca que en el futuro no se vuelvan a producir similares ataques. Israel necesita convencer al enemigo que no le conviene agredirla debido al alto costo que tendría que pagar. Por consiguiente, la reacción de Israel no puede limitarse a misil por misil, muerto por muerto, como si existiese tal cosa como una “justa” reacción proporcional.

 

Quienes comprendemos las reacciones de Israel contra Hamas para velar por la seguridad de sus civiles sabemos que enfrentamos una corriente acusatoria  automática contra Israel, culpada de cualquier estallido de violencia en la región, aduciendo las ventajas de su superioridad militar. Los periodistas internacionales que se nutren de los despachos periodísticos del lugar, tienden a estereotipar negativamente a Israel porque es lo “políticamente correcto” para mantener a salvo los fuertes intereses comerciales de sus empresas y países con el mundo árabe, y en el caso de los corresponsales, para mantener la autorización para la permanencia en Gaza.

 

Así como para muchos es políticamente correcto cerrar los ojos ante las violaciones de los derechos humanos en China, las monarquías totalitarias islámicas o la ocupación rusa en Georgia, para no afectar los grandes negocios internacionales; igualmente, cerrar los ojos ante el terrorismo del Hamás o Hezbolá y en cambio acusar a Israel de un uso desproporcionado de la violencia suena mejor en los noticieros.

 

Si a eso se agrega las insistentes imágenes de un musulmán sacando de los escombros a un niño, - cosa que casi nunca se hace con la de un niño judío asesinado por terroristas - se redondea el cuadro. Para verificar esa asimetría basta contabilizar los centímetros o minutos de noticias y comentarios con los que se cubre uno y otro punto de vista.

 

Pero las realidades de la zona son distintas. Israel seguirá defendiendo a sus poblaciones de los reiterados ataques terroristas y misilísticos de Hamas y Hizbala, con el apoyo discreto de los países libres -igualmente amenazados por el terrorismo de grupos radicales islámicos-, que impedirán cualquier sanción. Hamás, Hezbolá, Yihad Islámica, Fatah, seguirán atacando a los civiles de Israel siguiendo el libreto iraní. Por ello resulta imposible la paz entre Israel y los palestinos basada solo en negociaciones bilaterales. Ésta solo será posible con un acuerdo regional, que incluya a EE.UU. Europa, Rusia, China, la Liga Árabe y especialmente Irán.

 

Mientras los grandes actores no hagan lo suyo, Irán seguirá calentando e incendiando las fronteras israelíes para ganar tiempo hasta convertirse en potencia nuclear. Luego el mundo entero –y no solo Israel- tendrá que negociar con Irán en otros términos, desde una posición de temor a una guerra nuclear.