El terrorismo no tiene nacionalidades

El Comercio , 15 Abr 2002 1676 visitas

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¿Es malo robar? Imaginemos la respuesta: si, pero... si el ladrón es una persona que está desperada porque está desempleada y sin recursos para alimentar a sus hijos, deberíamos ser muy comprensivos y pasar por alto el delito.
¿Es mala la dictadura? Imaginemos la respuesta: si, pero... si se trata de un país que vive un caos interno, con crisis económica y violencia, entonces se comprende que el gobernante se ponga por encima de la democracia, cierre el congreso, tome el poder absoluto y gobierne con mano dura.
¿Es malo el terrorismo de SL? Imaginemos la respuesta: si, pero... hay que comprender que dada la ausencia de otros medios para hacer notar las falencias del estado incapaz y corrupto, ellos apelan al terrorismo para llamar la atención y precipitar las reformas. Por lo tanto, hay que juzgarlos con la mayor consideración.
¿Fueron malos los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas de Nueva York? Imaginemos la respuesta: si, pero... hay que comprender que el mundo árabe se siente invadido por los valores hedonistas de occidente, siente que quienes se benefician de la riqueza petrolera son sus elites y las compañías norteamericanas, se siente frustrado por la posición asimétrica de EE.UU. en el conflicto del Medio Oriente y su campaña contra Irak Por lo tanto, el gobierno norteamericano debería cambiar su política respecto a los árabes en vez de tomar represalias contra Al Qaeda en Afganistán.
¿Son malos los atentados suicidas palestinos en Israel? A juzgar de lo que se ve y lee en muchos medios, la falta de condena tajante pareciera seguir la misma lógica justificatoria de las inaceptables versiones de los párrafos anteriores. La respuesta usual es “condenamos el terrorismo” (introducción que cumple con el ritual moral convencional) para luego desarrollar en largas columnas o imágenes justificaciones como “pero hay que comprender que los palestinos están desesperados por las limitaciones que les significa ser un pueblo ocupado, y por la humillación y discriminación que viven cotidianamente por no tener su propio estado”. Nuevamente, relativizar la censura al terrorismo lleva a justificar cualquier medio para alcanzar un fin, fundamento exactamente opuesto al que sostiene los valores democráticos y humanistas. ¿Qué pasaría si un buen día un suicida palestino colocara en su cuerpo una arma química o biológica, y al suicidarse se llevara consigo algunas miles de víctimas? ¿Tampoco eso se definiría tajantemente como terrorismo? ¿O solamente se definiría así si lo lleva a cabo un israelí?
En mi opinión, si la Cumbre Islámica, la Liga Arabe, la Comunidad Europea, la ONU y los EE.UU. se hubieran reunido en los buenos tiempos de las relaciones entre Israel y la OLP para acordar colectivamente los pasos a seguir para resolver globalmente el conflicto entre Israel, los palestinos y los países árabes, hace tiempo lo hubieran resuelto, así haya sido con una solución impuesta desde la comunidad internacional. ¿Porqué hubo que esperar a que se estén matando unos a otros para empezar a moverse y buscar soluciones en los contextos más desfavorables? ¿Porqué Arabia Saudita esperó 35 años para proponer el plan de paz que en 1967 hubiera resuelto todos los conflictos? Quizá porque la mayoría de ellos no tiene mayor apremio para que este conflicto se resuelva, porque no tienen interés de que Israel viva en paz e incremente su poderío económico y tecnológico en la región. Sin embargo, al margen de cualquier análisis político, lo que me parece claro es que no se puede justificar ningún terrorismo. Cuando un suicida se inmole en Nueva York, Paris, Ryad, Pekin o Lima, aduciendo cualquier poderoso argumento político, se sabrá exactamente que esta estrategia criminal se originó en la incapacidad del mundo de rechazar y censurar unívocamente cualquier tipo de terrorismo. Sus víctimas, que ya no serán necesariamente judíos, sabrán a quién pagarle los royalties por esa patente.