Encuentro de educación - Sojnut

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ENTREVISTA A LEÓN TRAHTEMBERG CON MOTIVO DE SU VISTA A ECUADOR PARA EL ENCUENTRO DE EDUCACIÓN ORGANIZADO POR LA SOJNUT
Entrevistador: Avi Grun 

AG - Gracias por concedernos esta entrevista León. En la Diáspora, especialmente en las comunidades pequeñas, el tema de la continuidad está siempre latente debido a que la asimilación, más que ningún otro factor, las acecha y diezma. Ante este fenómeno y dado que el núcleo familiar, por el motivo que fuere, difícilmente alcanza sus objetivos en este ámbito se le ha asignado al estamento educativo la nada fácil tarea de insuflar judaísmo en los jóvenes y así mantener la vida judía vibrante, para muchos sinónimo de continuidad, en las comunidades. 
¿Es asequible en la práctica dicha aspiración?.
 
LT - Herzel decía "si lo queréis no será una leyenda", e Israel nació 50 años después. Algo parecido pasa con los asuntos que confrontan por un lado comunidades pequeñas y por otro lado la mística judía. Creo que todo proyecto comunitario necesita una masa crítica de gente con mucha convicción y visión para ser viable, casi independientemente del número de judíos que la conforman. Eso se ve realizado más frecuentemente en comunidades religiosas ortodoxas.  Es muy difícil que la escuela haga lo que la familia no hace ni quiere que haga. La inversa es más posible. De modo que lo que hay que definir es para qué se crea una entidad educativa judía y cuáles son los factores de éxito. Si no tenemos claro eso, las cosas no caminan. Los hijos no van a resolver los problemas que los padres no quieren enfrentar o resolver.  
Por otro lado, la educación escolarizada judía se americaniza y desjudaiza cada vez más por la obsesión con el inglés, aunque muchas veces eso solo es un  pretexto para encubrir el deseo de interactuar con las elites nacionales que asisten a los colegios americanos. No pocos padres cuestionan la calidad de los espacios educativos judíos casi como por costumbre, en una especie de autoflagelación, porque en el fondo están perdiendo las ganas de que sus hijos acudan a ellos. Empiezan a preferir la versión educativa original americana o inglesa y no la copia judía. Esa tendencia es peligrosa para la continuidad de la vida comunitaria. Lo judío tiene que ser esencialmente judío.
Mientras más crece la bonanza económica de las elites judías y más se abren las brechas entre judíos ricos y pobres, menos incentivos hay para unos y otros para pertenecer a la comunidad judía. Los ricos buscan espacios sociales propios de la elite con estatus alto, sus clubes sociales, restaurantes, playas,  galerías comerciales, colegios, y los menos pudientes no quieren compararse día a día con los otros y sentirse menos, por lo que prefieren espacios menos amenazadores fuera de la comunidad. Las brechas de inequidad son cada vez enemigos más poderosos de la vida judía comunitaria. Si no los une la religión (y sus valores) sino sus afinidades socio-culturales, en sociedades judías muy heterogéneas estas afinidades se van diluyendo en el tiempo. 
 
AG - Existen comunidades que, o se han visto forzadas ya en el pasado como la nuestra o se verán en un futuro nada lejano, a admitir a chicos que no son judíos en sus instituciones. Dado que para su funcionamiento adecuado las instituciones educativas requieren de un número mínimo de alumnos, esta nueva realidad que golpea las puertas de muchas instituciones parece tener la fisonomía de una amenaza dantesca. 
¿Es realmente tan grave la situación, existen alternativas a ser barajadas?
 
LT - Salvo que haya mucha convicción y respaldo económico –lo que no suele ser muy común-, para una comunidad de menos de 2,000 judíos es muy difícil mantener un colegio integral diario exclusivamente judío que a su vez sea competitivo con los colegios de elite del medio general. Todas las  comunidades que yo conozco que lo han intentado han fracasado, y sus colegios se han abierto o desinflado, salvo que hayan hecho una especie de yeshivah para hijos de familias ortodoxas, que tienen muy clara su prioridad curricular judía y un respaldo financiero de donantes continuos muy comprometidos. Pero se vuelve más difícil para esos colegios ser competitivos con los colegios de elite nacionales en cuanto a los objetivos de la educación general secular. 
Creo que el trabajo en movimientos juveniles, clubes sociales judíos y sinagogas adquiere en estos casos una relevancia enorme, pero lamentablemente suele tener un estatus muy bajo y por lo tanto escaso respaldo económico, lo que dificulta contar con profesionales idóneos y actividades atractivas. Nuevamente: en lo que se percibe como valioso, se coloca dinero. Cuando no se coloca dinero en la educación no formal, o en los movimientos juveniles es porque no se los considera valiosos. Las instituciones funcionan como las personas. Pones mucho dinero en tu salud, pero poco dinero en apoyar universidades que forman médicos que te van a salvar la vida. En las comunidades se pone dinero en habitaciones, pero no en tener profesionales de primer nivel que aseguren que esas habitaciones tengan vida judía, la que en el fondo no les interesa demasiado. Hay un cierto desprecio al valor de los profesionales y lo que son capaces de hacer. Un empresario no se ruboriza si gana 100,000 dólares en un mes, pero muchas veces le parece inconcebible pagarle 10,000 dólares a un educador de primera línea que va a sacar lo mejor de sí de sus hijos. 
 
AG - Es acertado sustentar que el judaísmo, en esta época de apertura casi plena para el judío en las sociedades de la diáspora así como del direccionamiento de las prioridades generales hacia otros fines que poco tienen que ver con la esfera espiritual, haya sufrido el vaciamiento de su contenido y esencia y por ende ya no atrae a las nuevas generaciones de jóvenes. ¿Es real el peligro de extinción de las comunidades pequeñas?
 
LT - La diáspora no ha logrado construir un modelo de vida no religioso sustentable y con futuro garantizado. Aún las comunidades seculares giran en torno a las sinagogas, a las que por lo demás no quieren ir salvo para un matrimonio o barmitzvah. Las comunidades están pagando el precio de no haber prestigiado y promocionado un liderazgo espiritual e intelectual sincero y visionario, y han  preferido ser operadas por empresarios o ejecutivos adinerados no siempre idóneos, que han creído que las comunidades son una más de sus empresas en las que pueden hacer lo que quieren simplemente porque tienen dinero, salvo honrosas excepciones que son eso, excepciones. 
Es increíble cómo por un lado el dinero puede ser el gran aliado para una enorme tarea educativa, pero a su vez puede convertirse en el gran enemigo de la continuidad judía. Un judío con valores (tenga o no dinero) no tolera la ostentación, al aristocratización judía, la elitización, el encumbramiento del rico y la discriminación del pobre. 
En las empresas, quien tiene dinero puede hacer con él lo que le da la gana. Arriesgarlo todo para ganar más o perder todo. Pero en una comunidad, cuando el dinero se convierte en el factor dirimente para definir la vida institucional ésta se empobrece, se embrutece, y ahuyenta a quienes no están dispuestos a jugar esas reglas. Esa es la asimilación más grave en mi opinión, porque dejamos de actuar judaicamente. 
Como te darás cuenta Avi, hablé bastante del dinero. Es que mis diversos viajes, contactos y lecturas me enseñan que la desjudaización de las comunidades usualmente va de la mano, además de la elitización socioeconómica, con la prepotencia o corrupción de los dirigentes que acceden a esos cargos por el prestigio que les da tener dinero. No pocos usan luego a las comunidades judías para cultivar sus intereses personales. En América Latina, Venezuela y Argentina tienen muchas historias que contar sobre cómo es que se paga el precio por todos estos vicios. Me disculpo de antemano con todos los dirigentes dedicados y honorables que no calzan con estas apreciaciones generales, que después de todo son eso, generales. No pretendo descalificar a nadie que en su conciencia y en el respaldo comunitario ha hecho obras de bien con humildad y mucha dedicación desinteresada. Pero así como tus preguntas son generales, mis respuestas tienen que ser generales. Sin embargo, aún los dirigentes más honorables deberían preguntarse, "si hemos hecho las cosas bien ¿porqué nuestros hijos no lo aprecian?". Siempre habrá más cosas que aprender.        
 
AG -  Antes de consignar la última pregunta quisiera hacer público mi agradecimiento a tu persona por la deferencia que siempre has tenido hacia nosotros. Luego de tanto bregar en la educación a más de enfilar el ojo crítico hacia los acontecimientos que vivimos cotidianamente en América Latina y el mundo, qué mensaje le enviarías al joven judío que pronto se graduará del colegio y se embarcará en la nueva etapa de su vida.
 
LT - Querido Avi, en Ecuador se casaron mis padres y nacieron mis dos hermanas mayores por lo que este país despierta en mi una simpatía y curiosidad distinta a la de otros países. Me gusta venir y aportar en lo que pueda. Los judíos hemos sido el primer pueblo que ha funcionado globalizadamente porque sus comunidades más débiles siempre se han sostenido con el apoyo de las más fuertes, lo que ha su vez ha sido cíclico en la historia. Los judíos que visitamos otras comunidades llevamos el gen de la globalización con nosotros y nuestra interacción con otras comunidades lleva ese sello. Lo que le pasa a los judíos en una comunidad ya le pasó, le está pasando o le pasará a los de otra comunidad, de modo que es muy fácil aprender unos de otras. Y si los profesionales y analistas podemos llevar ese conocimiento de un lado a otro, estamos cumpliendo nuestra función. A veces parecemos un poco negativistas por ser críticos, pero para los elogios no nos necesitan a los intelectuales. 
Mi mensaje a los jóvenes es que lean el capítulo del génesis capítulo XVIII versículos 20 al 33 (VAYERAH) en el que Abraham negocia con Dios para evitar la destrucción de Sdom y Amora y partiendo de la disposición de Dios de salvar esos pueblos si se encuentra al menos 50 justos, luego rebaja la condición hasta llegar al mínimo de 10. Si los jóvenes judíos logran formar una masa crítica de 10 justos, convencidos de su deseo de continuidad judía y comprometidos con sus ideales comunitarios, todo será posible. Sino, échenle llave a la comunidad.