“Ir o no ir a la escuela en el Perú es casi lo mismo…”

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Conversación con León Trahtemberg, la educación en el colapso y un viejo pleito que nadie quiere comprar
Conversar con León Trahtemberg, resulta siempre de lo más ameno y enriquecedor. El ímpetu puesto de manifiesto en sus palabras y la energía desbordante de su mensaje, provocan seguramente en cualquier interlocutor, una especie de energía positiva que nos lleva a elucubrar muchas más posibilidades que las que realmente existen para revertir el caos educativo en que se encuentra sumida nuestra patria. Trahtemberg, ingeniero mecánico, administrador educativo y de empresas, magíster en educación, docente, fundador del Foro Educativo, miembro del Consejo Nacional de Educación, consultor y conferencista internacional, ejerce también el periodismo radial y escrito en una conocida emisora nacional y en diversos medios planos. LA INDUSTRIA DE CHIMBOTE departió en exclusiva con este insoslayable referente de nuestro pensamiento actual y auscultador continuo de una realidad educativa quizá cada vez más frustrante, más peruana, más nuestra.

 

Debe resultar tedioso para ti que alguien vuelva a solicitarte una opinión sobre la educación peruana, cuando de por sí ya es más que obvia la respuesta, mucho más que perceptible…

Responderé a tu pregunta, a tus percepciones, de manera franca y directa. Es cierto, la educación peruana está colapsada y si se dice que hay educación es porque hay adultos llamados maestros que atienden niños denominados alumnos, en locales llamados colegios haciendo cosas juntos a las que le llaman educación, pero si se evalúan la calidad de los aprendizajes adquiridos se comprueba que éstos son escasísimos y sirven para muy poco. Ir o no ir a la escuela en el Perú es casi lo mismo desde el punto de vista del aprendizaje.

¿Y cuál es el rol que está cumpliendo entonces la escuela?

Básicamente un rol de guardería, de custodia, porque los padres dicen: hay que poner a los chicos en algún lugar. Pero el sistema educativo fue instituido no para ser un conjunto de grandes albergues, sino para dotar a los educandos de las habilidades que requieren para lidiar en el futuro con el mundo moderno. Dominar la lectura, la escritura, matemática básica, algo de tecnología, inglés, geografía, etc. no está al alcance de todos, sino tan solo de un pequeño porcentaje del estudiantado. Lo que los alumnos aprenden a lo largo del tiempo es muy poco y si evaluamos el resultado de esa enorme inversión de casi 2 mil millones de dólares al año que se hace en educación, comprobamos lo ineficaz que ha sido el llamado “proceso educativo”.

¿Y es posible revertir una situación de deterioro continuo de la educación, vigente por más de 40 años, pagándole mejor a los maestros?

De ninguna manera. Revertir la crisis supone una reforma, un replanteamiento, una reestructuración del sistema y eso tiene un alto costo político, porque hay que enfrentar una burocracia de miles de personas en el Ministerio de Educación, en las UGELs y demás, que están acostumbradas a trabajar de determinada manera. La clase política tendría que reformar la Ley de Educación, la Ley Universitaria, y especialmente la Ley del Magisterio, y eso originaría enfrentamientos con el Sutep y a la opinión pública que convive con ciertos dogmas respecto a la educación que no son fáciles de superar. Revertir lo que ahora vivimos en materia educativa no lo puede hacer un gobierno débil ni tampoco uno que no tenga la absoluta convicción de que una reforma estructural de la educación significa enfrentar intereses creados lo que demanda mucho coraje para hacerlo.

¿No existen entonces sectores políticos interesados en comprarse el pleito de la educación?

No, lo único que hacen de vez en cuando ciertos grupos de poder, es solicitar que se invierta algo más de dinero en el sector, para que no se caigan algunos techos o se le pague algo más a los maestros para que éstos no hagan huelga. Una reforma educativa no puede estar basada en si hay o no hay huelga como consecuencia de si se negoció bien o no el aumento de sueldos de los maestros. Eso es absurdo.

¿Cómo se puede calificar la política educativa peruana?

Como conformista, complaciente, de absoluto egoísmo, falto de valentía y de coraje para decir esto no funciona y hay que cambiarlo. La política educativa que tienen nuestros ministros se resume en lo siguiente: tenemos que sobrevivir con la menor cantidad de huelgas posibles. Replanteamientos, cambios, reformas, no han habido. El sistema no ha sido refrescado ni oxigenado en materia financiera, de formación docente, control de calidad, de acreditación, etc.

Es una visión pesimista y realista a la vez, pero ¿hasta cuándo estaremos atados de pies y manos?

Eso depende de nosotros. En nuestras manos está elegir gobernantes en todas las instancias que tengan una gran preocupación por la educación. Desde alcaldes hasta congresistas y presidentes.

Pero eso es bastante difícil, el pueblo peruano es un pueblo nada informado y bastante ignorante…

Bueno, pues entonces estamos condenados a tener lo que tenemos. Para las elecciones nacionales cada uno de nosotros tiene un voto y un pequeño poder, el asunto es articularlo con el del resto. Yo digo lo que pienso y voto a conciencia, pero yo no puedo decidir con mi voto individual la situación del país. Eso depende de la mayoría del pueblo peruano y su convicción de escoger las personas más idóneas para dirigirnos. Yo tengo un voto. La población tiene 12 millones.

¿Qué tan efectivo puede ser el efecto de los pocos medios de comunicación involucrados en la difusión cultural y educativa?

Yo escribo sistemáticamente en la prensa en los últimos 15 años, estoy en la radio, la televisión y he llegado a darme cuenta que el efecto real de los medios que difunden cultura es relativo, porque llegan a segmentos muy seleccionados de gente que se interesa en educación. Creo que los padres de familia saben que las cosas no andan bien y no solamente en materia educativa, pero no tienen el coraje de organizarse, tener más peso y decirle a los candidatos: señores, somos 10 millones de padres y le daremos nuestro voto a quien tenga una plataforma que garantice que la educación tenga el primer lugar en importancia; queremos gente cuya trayectoria demuestre que siempre han estado identificados con temas sociales y valores casi perdidos como la honestidad. Si los padres de familia no son capaces de organizarse para evaluar este tipo de cosas, ¿entonces quién lo va a hacer?…Sólo ellos pueden generar el cambio.

¿Por qué eres partidario de la educación alternativa?

Creo que todos los colegios deberían ser alternativos. Cada escuela debería tener un proyecto propio adaptado a la lectura de su realidad y a las capacidades de sus profesores. Los colegios no deben depender de que alguien del Ministerio de Educación piense por todos ellos. Es igual que las empresas, ¿acaso todas las empresas son iguales? Cada una de ellas, de acuerdo a su medio, dependiendo de quién sea el propietario, el gerente, su personal, en qué barrio está instalada, sus clientes, etc, perfila su propio proyecto empresarial. Eso sucede con las ONG, las universidades, los institutos. No hay dos instituciones iguales y pretender uniformizarlas es exterminarlas. Por eso, para que puedan funcionar bien, necesitan autonomía y poder para resolver sus problemas tomando en cuenta los intereses de los padres de familia y la realidad de cada lugar. Sólo así se genera una mejor educación, en continua interacción con los padres.

¿Cómo evaluar la aparición en los últimos diez años de una verdadera avalancha de universidades en todo el país?

Así como se cuestiona la calidad de las nuevas universidades, también es cuestionable la educación que imparten las más antiguas casas superiores de estudios. Las universidades creadas de 1995 en adelante recién tienen cuatro o cinco promociones de egresados, de modo que la mayoría de profesionales de dudosa calidad que pueblan el Perú egresaron de las antiguas universidades privadas sin fines de lucro o las públicas. Por ello no se puede culpar a las universidades privadas nacidas al amparo de la Ley 882 de todos los males de la formación universitaria peruana. En realidad no interesa cuántas universidades existan, lo que interesa es que el servicio que ofrecen sea bueno. Ojalá existieran 200 casas de estudio y todas fueran buenas. Lo que hay que hacer es controlar la calidad, la infraestructura, el personal docente especializado que forma a los alumnos. El examen de grado, propongo, deberían tomarlo los colegios profesionales como evaluación externa a la universidad que pruebe que el estudiante cuenta con la formación debida.

¿Cómo ves el actual panorama cultural en el país?

Mientras no veamos a los ministros, presidentes y líderes de opinión en las funciones de teatro, en discusiones sobre literatura o en los medios interesándose en comentar los últimos libros que han leído, el pueblo no sentirá la presencia de la manifestación cultural. ¿Cuándo ha sido la última vez que hemos visto a Lourdes Flores, Alan García, Valentín Paniagua, Alejandro Toledo, etc, en un vernissage, en el teatro, en alguna exposición fotográfica, conversando con artistas o en un círculo intelectual comentando lo último que ha llegado en literatura al país?…Si los líderes de opinión en su vocabulario, en su discurso, en su lenguaje, su quehacer, su entretenimiento y su vida diaria, no han incorporado las facetas de la vida cultural, ¿a quién va a imitar el resto de la población?, ¿te imaginas el impacto que tendría que el presidente comente en la televisión y los medios la última novela de Vargas Llosa o diga, a mi me gustaría preguntarle tal cosa a tal artista?, ¿imaginan el efecto multiplicador de sus palabras?…


Conversar con León Trahtemberg siempre será un placer. Nos despedimos con un “hasta luego”, porque sabemos que seguro la vida volverá a darnos la ocasión de encontrarnos en una nueva coyuntura, en una nueva circunstancia, pero en que seguramente hablaremos más de lo mismo. Como el libro de Alberto Escobar que leímos en nuestros años de estudiante, cerraremos esta nota con el tema que un día abordaremos con León de nuevo: Perú, país plurilingue y multicultural.