"La Escuela Pública es una condena para los pobres"

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León Trahtemberg, periodista y experto en temas educativos asegura que en la escuela pública los niños aprenden prácticamente nada, lo que acrecienta la brecha con los ricos. Sostiene que los políticos no se identifican con el drama educativo.
 
¿Qué tan grave es la situación educativa del país?
Para los niños de los sectores más pobres, la escuela, lejos de significarles una oportunidad les significa una especie de condena, al acentuar sus diferencias con niños de sectores medios o altos que acceden a colegios de mayor nivel. Son excluidos a pesar de ir a la escuela porque aprenden casi nada, tienen profesores que no logran incentivarlos para el aprendizaje, tienen instalaciones que son incómodas y hasta desagradables en algunos casos, y finalmente porque los resultados que logran, medidos en cualquier sistema de indicadores nacionales e internacionales, muestran que estamos en la cola del mundo en educación. La educación está colapsada.

¿Por qué los políticos, sean congresistas o del Ejecutivo no hacen nada al respecto?
Las familias de los actores políticos o económicos acceden a la educación privada y consideran que tienen resuelto el problema. Cuando se toma una carretera o una mina, en 24 horas se ejercen todas las presiones imaginables para que se intervenga, intervienen los políticos y el problema se resuelve. Pero si algo pasa en una escuela pública, ningún político lo siente como propio: puede haber una huelga de cien días y ni se inmutan. Hay una desconexión entre los que toman las decisiones en el país con respecto a la escuela pública. En el discurso por fiestas patrias del presidente Toledo, de dos horas que habló, le dedicó a educación tres minutos, y del discurso en el Congreso de Pedro Pablo Kuczynski como Primer Ministro, no mencionó a la educación en toda la hora que habló.
Existe en el Perú la creencia de que la calidad educativa no interesa. No vemos el daño que significa tener personas poco productivas y poco competitivas como profesionales técnicos o profesionales de menor calificación. No existe esa conciencia porque tenemos empresas transnacionales que se abastecen con personal importado en buena medida o seleccionando profesionales y técnicos del mercado local. Por otro lado tenemos un universo enorme de pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas informales, que no tienen una especialización tal que requieran profesionales y técnicos de muy alta calidad para poder ser más productivas. Entonces hay una desconexión, un sentimiento de “si no hay una buena educación no pasa nada”.

¿En la lógica electoral tiene cabida la idea de invertir en educación para un desarrollo futuro?
En general los gobiernos peruanos no invierten en nada que signifique futuro. Esta es una sociedad muy inmediatista, muy cortoplacista. Inclusive los inversionistas están pensando en negocios para tres o cuatro años, rara vez se encuentra un empresario que haga una inversión que le vaya a rendir frutos recién dentro de diez años, salvo que sea un inversionista extranjero que está debidamente protegido. En general el país no tiene idea de cómo será el futuro. No me extrañaría que buena parte de las personas con poder en el Perú no se estén imaginando ni a sus hijos ni a sus nietos viviendo en el Perú. Entonces la construcción de un Perú mejor no está en sus agendas, así como no está en las empresas transnacionales, que en el momento en que hay inestabilidad política o se caen los negocios se van. Con esa suma de factores es muy difícil que la educación esté en la agenda pública, en la mente o los proyectos de nuestros gobernantes.

¿La actual gestión del Ministerio de Educación está enfrentando mejor el tema?
La gestión del ministro Sota Nadal ha sido mejor que las anteriores porque siendo la educación un gran barco que está por hundirse, lograr mantenerlo a flote ya es un mérito. Aún así es difícil decir que este gobierno ha hecho un avance importante en educación. Podemos reconocer que el Ministerio de Educación ha sido más dialogante, ha tenido más presencia, han sacado los reglamentos y normas que estaban pendientes para que la ley de educación se pueda aplicar. Desde el punto de vista de la efectividad como órgano de gobierno, esta gestión ha puesto orden. Pero desde el punto de vista de la acción concreta en los colegios, eso no lo puede cambiar un ministro o una gestión ministerial en un año. La educación es un tema que puede estar ausente de los comentarios de nuestros gobernantes por meses y no pasa nada. Kuczynski sólo habla de educación cuando se refiere a la presión que hacen los maestros para que les aumenten, pero no es capaz de formular un planteamiento claro sobre cómo puede avanzar el país si apostamos por la educación, nunca le he escuchado decir algo así.

En los últimos años el tema educativo se ha enfocado a mejorar el sueldo de los maestros. ¿No es paradójico que este problema se intente resolver por el lado laboral y no precisamente por el lado educativo?

En la época de Fujimori se quiso solucionar el problema mejorando colegios, mejorando la infraestructura; ahora va por el lado de los sueldos, por remuneraciones; la próxima década ira tal vez por el lado de los textos escolares. Esta incapacidad de integrar todos los factores de tal manera que el resultado sea una actividad docente de mayor calidad, es la que hace que estos esfuerzos parezcan inútiles. ¿De qué sirve tener un colegio bien puesto cuando no tengo maestros, materiales o preparación previa de los niños? ¿De qué me sirve pagarle bien al maestro si éste tiene que ir a un colegio precario y además no cuenta con las facilidades y los niños llegan al colegio desmayándose porque tienen hambre? Si uno toma un solo factor evidentemente lo que va a haber es un desarrollo absolutamente inorgánico, un desarrollo de suma cero.

Caridad Montes, del SUTEP, dice que los profesores están dispuestos a pasar evaluaciones pero que éstas no deberían tener un carácter punitivo.

¿Pero qué cosa es una evaluación sin carácter punitivo? Uno evalúa a un maestro y encuentra que es un desastre. ¿Entonces qué tienen que hacer?, ¿premiarlo?, ¿perdonarlo?, ¿mantenerlo como está? Nos dirán que hay que capacitarlo, muy bien, lo capacitamos y sigue siendo un desastre: no llega a los alumnos, los trata mal, no tiene carisma, no tiene comunicación, no logra que los alumnos aprendan. Lo capacitamos en cuanto curso uno quiere y el maestro es un mal maestro y la evaluación –cualquiera que fuera– muestra que es un mal maestro, ¿qué hacemos?

¿Por qué debemos tolerar 30 años a un mal maestro cuando los indicadores de evaluación te dicen que es malo? Al que sale bien hay que premiarlo o estimularlo, al que sale mal hay que darle chance de recuperarse –si lo que le falta es capacitable–; pero si a pesar de todo no logra hacer un buen trabajo tiene que irse y dejarle el lugar a otro. Esa parte de la evaluación, que es la decisiva, es la que el SUTEP no quiere, porque la idea de evaluar para premiar está muy bien para los que hacen méritos. ¿Y los que no hacen méritos?, ¿y los que más bien tienen deméritos? No por el hecho de que en algún momento recibieron un nombramiento son intocables. ¿Un maestro que va a tener a su cargo a 200 alumnos tiene derecho a maltratarlos durante 30 años de su carrera, simplemente porque la ley lo ampara? ¿Dónde está el derecho de los niños de estar en manos de un buen profesor que les permita aprender, disfrutar de la escuela?, ¿dónde está el derecho de los padres de escoger con quién se eduquen sus hijos?, ¿por qué existe sólo el derecho del maestro que hace prevalecer su estabilidad laboral aunque sea un mal maestro, comprobado con las evaluaciones que se hayan hecho? Las evaluaciones no responden a una política anti-magisterial, realmente es una búsqueda de justicia.

El SUTEP asegura que el bajo nivel de algunos profesores se debe a la creación de institutos de baja calidad…

El magisterio se ha ido deteriorando sistemáticamente a lo largo del tiempo. Lo paradójico es que el SUTEP reclama de que a partir del decreto 882 se han creado una gran cantidad de institutos pedagógicos de muy mala calidad, sin embargo, los egresados de esos institutos pedagógicos que han postulado, una vez que están nombrados ya forman parte de la argolla que el SUTEP va a defender a muerte.

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Algunas propuestas

  1. Fijar metas mínimas en matemática y lenguaje para garantizar que llegaremos a cubrirlas:

    a) En lenguaje: todo niño en Perú al cabo de uno o dos años de colegio tiene que entender lo que lee, reproducir lo que entendió con sus propias palabras, escribir fluidamente, comunicar por escrito sus ideas, hacer resúmenes, cuadros sinópticos, etc.
    b) En matemáticas: cuando menos deben saber sumar, restar y multiplicar. Sin eso, habría que parar todo y decir: “mientras ellos no dominen esto, no se avanza más”.
  2. Replantear la currícula escolar, cómo se trabaja, sobre todo en primero y segundo de primaria. Capacitar a los maestros, producir los materiales y las orientaciones programáticas, para bajar notablemente el nivel de fracaso en los primeros grados.
  3. Brindar facilidades en cuanto a infraestructura, material didáctico, textos, agua, desagüe, luz, espacios de recreación, mobiliario, eso favorece que el niño esté mejor atendido.
  4. Reducir la cantidad de alumnos por salón, sobre todo el primer grado, una enseñanza más individualizada, más conectada a la realidad del niño.

En promedio la educación privada es mejor que la pública, hay colegios privados de primera línea -que probablemente sean unos 50-, luego sigue un espectro de menor nivel, hasta llegar a colegios privados que son realmente un desastre.

Hay una buena parte de colegios privados que ofrecen una educación de mucho menor calidad que algunos colegios estatales, principalmente en capitales de provincias, que todavía cuidan un cierto nivel de calidad y prestigio, y donde el principal colegio es estatal.