La conversación educativa pendiente

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Ediciones regionales 08 03 2020

El genial Alfie Kohn habla sobre lo que realmente importa en la educación respecto a lo cual los candidatos presidenciales deberían tomar posiciones. (The education conversation we should be having  Alfie Kohn The Washington Post Oct. 30, 2019)

El valor principal que la escolarización debería cultivar es el apoyo a una democracia vibrante, cultivando la curiosidad de nuestros hijos y promoviendo su capacidad y disposición a pensar críticamente. Estos propósitos conducen a pensar en individuos autónomos lo cual no está alineado con el reiterado discurso de la educación como una "inversión" que busca complacer a los futuros empleadores poniendo a su disposición personas con habilidades y actitudes que los hagan competitivos y productivos para la economía global siglo XXI. Para ello procuran elevar el prestigio y la valla del logro satisfactorio a los estudiantes y maestros en “las áreas duras”, mediante estándares uniformes, medición con pruebas y recompensas en función de sus puntajes.

Esto es un error porque los "estándares más estrictos" solo llevan a la intolerancia ante la diversidad lo que es profundamente no democrático. Simplemente asfixia a maestros y estudiantes.

Por lo demás, las comparaciones internacionales para juzgar la educación de alta calidad no solo reduce el aprendizaje a términos financieros sino a tratar a “los otros” como rivales a ser superados en lugar de como posibles colaboradores. 

La solución pasa por una mayor autonomía y descentralización educativa para independizarla del control central, implementar prácticas más progresistas y cambiar las pruebas estandarizadas por otras formas de evaluación más auténticas. Esas pruebas no solo son innecesarias sino que sus resultados son profundamente engañosos porque usualmente los puntajes más altos están asociados con aprendizajes más superficiales. Además, no tienen que ser iguales de escuela a escuela ni tampoco basadas en el estresante uso de lápiz y papel. 

Es hora de dejar de definir el "éxito" educativo en términos de puntajes en pruebas estandarizadas que se utilizan para controlar y hacer cumplir las normas estándares de arriba hacia abajo haciendo un enorme daño a los niños y las escuelas, a la excelencia educativa y la equidad. 

Eso no responde a cómo aprenden los niños (y cómo puede ser el aprendizaje evaluado), y tan solo sirve para que la enseñanza terrible parezca exitosa.