Si este año haces en clase lo mismo que el año pasado, es altamente probable que tus alumnos se estén aburriendo.

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Muchos profesores y catedráticos tienen la experiencia de que un tema que enseñaron hace un año a los estudiantes de cierto grado escolar o ciclo universitario, abordado de la misma manera un año después no despierta el mismo interés o entusiasmo. Dos años después, aburre. 

Lo que ocurre es que los contextos y factores no institucionales que no dependen del maestro o catedrático cambian y crean en los estudiantes distintas disposiciones hacia el aprendizaje de un año a otros. Por ejemplo, si con motivo del suicido de Alan García se desarrollaron una serie de curiosidades respecto al sentido de la vida, la presión de la reputación pública de las personas, la salud mental, la medicación que contribuye a la estabilidad emocional, la historia y realidad actual del APRA y los partidos contrincantes, etc. abordar hoy el mismo tema creará una disposición totalmente distinta en los estudiantes, con no pocas situaciones de aburrimiento e indiferencia. Por otro lado, si con motivo del mundial los estudiantes mostraron mucho interés en una serie de temas deportivos, geográficos, culturales, gastronómicos, históricos, raciales, legales, económicos, publicitarios, etc. propios de cada país, pasado el mundial eso mismo no atraerá mayormente la atención, aunque el profesor o catedrático repita las mismas actividades o temas que el año anterior fueron muy exitosos.

Si es así, si cada año las realidades exigen propuestas de naturaleza distinta para que los estudiantes se motiven para aprender ¿qué sentido tienen repetir hoy los contenidos y actividades de clases del año pasado, o del lustro o la década pasada? Lo lógico sería que cada año las clases giren en torno a lo que surge como interesante del grupo específico de estudiantes a cargo de un profesor o catedrático, escuchar sus voces, preferencias, curiosidades, temas que los motivan y solo entonces diseñar las actividades de aprendizaje que conecten con su deseo de aprender. Después de todo, si de lo que se trata es que aprendan a aprender, ¿qué sentido tiene asumir que lo harán con lo que el profesor o catedrático tiene preparado y viene repitiendo año tras año? 

Esto sólo es posible si la imagen del maestro o catedrático es la del investigador, que empieza por investigar cómo es su grupo, qué los motiva o preocupa, qué proponen, y teniendo como telón de fondo el currículo del grado o de la profesión, crea las condiciones para que a través de esas actividades se conecte lo que motiva a los alumnos con los referentes que plantea el currículo nacional o la malla curricular de la profesión.  

Por eso, si un profesor o catedrático me dice “estoy enseñando este año lo mismo que el año pasado” lo único que le puedo anticipar, es que probablemente una buena parte de sus estudiantes estarán desinteresados o aburridos, porque significa que no tomó en cuenta las particularidades de sus estudiantes ni los elementos extrainstitucionales de coyuntura que están presente en el mundo interno de sus estudiantes.

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