(Ciudadanía) La historia contemporánea de América Latina en un lapso de 30 días.

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Acostumbrados a vivir el corto plazo, entre los minutos que separan un chat del otro, tomar distancias para observar aunque sea lo que sucede durante un mes para preguntarnos qué nos pasa y que podría pasarnos parece inviable. Sin embargo, vale la pena el ejercicio. 

Veamos: protestas violentas en Ecuador y Chile que hacen retroceder a los gobiernos para no caer; cierre del congreso en Perú con un gobierno con vocación de referéndum que se sostiene en la construcción de popularidades de corto plazo; Evo Morales en Bolivia imitando a Fujimori 3; argentinos reeligiendo a Cristina igual que se eligió a Alan 2 en Perú, obviando el mismo historial desastroso de ambos en su gobierno anterior; Venezuela elegida para el Consejo de los DDHH de la ONU (igual que previamente Libia, Arabia Saudita, China, Cuba, y tantas otros países asiáticos y africanos que no respetan lo firmado en la Declaración Universal de DD.HH.) lo que una vez más descalifica a la ONU como  referente para las aspiraciones democráticas regionales -al igual que la OEA-; la reelección de  Trump con discursos confrontadores de las formas que construyeron la tradición democrática  (primo hermano político de Bolsonaro y Putin con formas similares)… la inundación de protestas cívicas (con infiltraciones violentas y recursos económicos y humanos provenientes de Venezuela y Cuba) motivadas por el hartazgo  de la corrupción e incompetencia de los gobiernos para cumplir sus promesas y mejorar el nivel de vida de la población, las cuales descalifican a la clase política como la capaz de tomar el poder para satisfacer las necesidades del bien común; etc. 

Hasta acá solo he mencionado algunos hechos que deberían hacernos pensar en la pregunta ¿hacia adónde vamos? ¿Se está terminando la era de la democracia -post golpes militares de los sesentas y setentas- para dar paso a fórmulas civiles más anárquicas incluyendo las que jerarquizan el poder poniendo al Ejecutivo por encima de todos los otros? 

¿Es posible “salvarnos” de los escenarios pesimistas para nuestros países en los próximos quinquenios? ¿Cuál es la responsabilidad de los civiles honestos con convicciones democráticas en estos escenarios?

Si bien la situación del Perú responde al contexto peruano y por el momento no parece ser parte de la hoguera, las sinergias políticas son muy poderosas y encienden fuegos en lugares periféricos en cualquier momento. ¿Qué podemos hacer -o motivar a nuestros representantes elegidos a hacer- para no ser uno más en la cadena de democracias fallidas?

¿Nuevamente elegir personajes con pasados cuestionables y promesas electoreras incumplibles, solamente porque emocionan con su actuación en las plazas vistiendo ropas nativas, participando de  canciones y bailes populares, comiendo chicharrones y otras comidas locales o repartiendo prebendas? 

Eso que ha llevado al fracaso tantas veces, ¿será el disco rayado reiterado en el  2020 y 2021? ¿O de una vez por todas, asumiremos nuestro sol de ciudadanos responsables?

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