Humanidades o STEM

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Ediciones regionales 13 10 2019

Con tanta publicidad para las STEM ¿Qué espacio queda para las artes liberales? 
 
Cada vez más voces sostienen que para tener mayores ventajas en el mundo laboral del futuro es imprescindible abocarse a las STEM (Ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas). Voces como Bill Gates (Microsoft), Vinod Khosla (Sun Microsystems) o Marc Andreessen (Netscape) abogan por transferir los presupuestos de las artes liberales a las ciencias y tecnología. Quizá no saben que Steve Jobs (Apple) estudió caligrafía en el Reed College, Mark Zuckerberg artes liberales en Exeter y Latín, Griego e historia del arte en Harvard. Reid Hoffman (Linkedin)  filosofía en Oxford; Peter Thiel (PayPal) filosofía y leyes; Alex Karp (Palantir) leyes y teorías sociales neoclásicas; Ben Silbermann (Pinterest) ciencias políticas; Joe Gebbia y Brian Chesky (Airbnb) artes; Steve Loughlin (RelateIQ) estudió políticas públicas; Parker Harris (Salesforce)  literatura inglesa; Carly Fiorina (Hewlett-Packard) historia medioeval y literatura;  en el Silicon Valley se encuentran muchas compañías de hightech creadas por egresados de artes liberales.  El mismo Jack Ma. Fundador de Ali Babá, estudió su maestría en estudios ingleses. (“The fuzzy and the Techie”, Scott Hartley, 2017, Cap. 1) 
 
Las artes liberales a través de las humanidades y ciencias sociales se dedican al estudio de la naturaleza humana y la naturaleza de nuestras comunidades y sociedades. Se orientan a investigar qué nos hace humanos, como nos comportamos y porqué lo hacemos de la manera que lo hacemos. Cómo nos organizamos en familias, instituciones privadas y públicas, cómo   operamos, podemos hacerlo mejor y corregir disfunciones.
 
Hay una falsa dicotomía entre estudiar las STEM y con el mismo peso las Artes Liberales. Las  primeras ofrecen una caja de herramientas que hacen accesible la tecnología y las segundas favorecen la diferenciación que se convierte en una ventaja competitiva.
 
El mundo necesita que todos procuremos aportar para resolver los principales problemas y disfuncionalidades de la humanidad que no podrán resolverse a través de robots o inteligencia artificial: la corrupción política y empresarial, educación, vida sana y feliz, mejora de condiciones laborales, acceso digno a servicios sociales, gobernanza responsable, mejorar las condiciones de vida de modo que las máquinas hagan lo que pueden hacer y las personas hagan lo que es suyo e inexpropiable a su condición humana. 

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Interesantísimo: ¿Que fue primero, la gallina o el huevo? La vieja pregunta, finalmente respondida (mas o menos).

Humanismo para lograr alumnos a prueba de robots. En un momento en el que el conocimiento técnico gana peso sobre las humanidades en la educación, llega el momento de resaltar las capacidades humanas como motor de aprendizaje. En estos alegatos por retomar el humanismo en los colegios, la ética constituye una parte fundamental. Según Leonhard, la evolución técnica requiere que se ponga encima de la mesa la diferencia entre tener la posibilidad de desarrollar algo y que ese algo sea correcto. Advirtió de que en un futuro no demasiado lejano las compañías tecnológicas podrán hacer lo que se les antoje. “En Silicon Valley ya existen empresas que trabajan sobre la muerte, en cómo alargar la vida quién sabe si hasta los 150 años”, afirmó. Como posibilidad para limitar de alguna manera este mundo sin ley, una opción que consideró también necesaria es constituir lo que denominó un Consejo Ético Digital.