La esperanza que nace del OFF THE RECORD (Ciudadanía, pausa para pensarlo mejor)

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Necesitamos hacer una pausa, para pensar mejor lo que pasa 

LA ESPERANZA QUE NACE DEL “OFF THE RECORD”

Cuando posteo opiniones que giran en torno a la idea de que la desazón política actual es parte de una crisis de crecimiento que nos llevará a un futuro mejor, algunos comentaristas me tildan de iluso o romántico. Parece que el ser pasajeros del día a día hace que los invada una angustia fatalista que impide ver la luz del día siguiente. Parten del principio de que el Ejecutivo y Legislativo actual son una sarta de incompetentes incapaces de entenderse, con los que no hay nada que hacer. Por lo tanto, mejor que se vayan todos. En cambio, yo he sostenido que es mejor que se queden todos, porque es en este escenario de serias confrontaciones y discrepancias, de tocar fondo, en el que se dan las condiciones para encontrar puntos mínimos de encuentro, que nos ayuden a construir nuestra democracia. De lo contrario, estaremos condenados a patear el tablero cada vez que volvamos a encontrar una situación de confrontación de fuerzas políticas que no aprendieron a encontrar alguna plataforma común, como nos ha ocurrido varias veces en la historia. 

La falta de esos aprendizajes es el que lleva a muchos a asumir nuevamente hoy que si se van todos y vienen otros tendremos un futuro mejor, aunque los otros serán los mismos que los de hoy con apellidos distintos, porque son hijos de la misma sociedad peruana que engendró a sus antecesores y son producto de los mismos electores que muchas veces votan sin aquilatar por quien y sin mirar el futuro. Los ocasionales fujimoristas de hoy serán los “X-istas” de mañana, dando esos votos automáticos en la dirección que les mande su ocasional cúpula; y seguiremos en lo mismo. 

Yo parto del principio siguiente: asumamos que en el Ejecutivo y Legislativo tenemos un 20% de personas que son psicópatas, perversos, acosadores, maltratadores, estafadores, y todos los adjetivos descalificadores que hay en el diccionario, porcentaje similar al que habría en la población total. ¿Qué pasa con del 80% restante? Se trata de peruanos como todos, que quieren ser felices con su familia, amigos, entornos, ambicionan una dosis de riqueza y poder, y aspiran a vivir en un buen país. Sin embargo, reprobamos su conducta sea porque nos parecen dogmáticos, retrógrados, esclavos de sus líderes e intereses, contradictorios en sus marchas y contramarchas, o porque en sus actuaciones políticas están en la vereda opuesta a la nuestra. Por lo tanto, no hay nada que dialogar con ellos y ninguna posibilidad de llegar a acuerdos.  ¿Y entonces…? ¿Elegir otros cambiará sustantivamente ese panorama? ¿O es que hay que procurar reformular las reglas de convivencia para que los peruanos electos sean capaces de llegar a acuerdos por el bien común? 

Esas reglas de convivencia tienen al menos dos componentes claves: electores que votan mejor informados y elegidos que entran a un escenario político en el que se valoran los diálogos y acuerdos. ¿Es eso posible? 

Recuerdo mis 20 años de entrevistador en RPP durante los cuales he tenido en cabina a cientos de políticos de todas las tendencias, coparticipando en paneles para tratar temas políticos polémicos. Cuando los micrófonos estaban encendidos (ON), cada uno hacía el mejor esfuerzo por destacar y opacar y hasta agredir verbalmente a los otros. Con micrófonos apagados (OFF), convivían en una relación muy cordial y amable, como la de contrincantes en un deporte que fuera de la cancha son muy amigos, y que inclusive iban y venían juntos a la radio para el “show político” de turno o se reunían a tomar un café luego de la entrevista. Lo que falta es pasar el OFF al ON en la relación entre ellos y con los miembros del Ejecutivo. Para ello hacen falta los mediadores que tienden los puentes para ese diálogo que lleve a acuerdos mínimos y ayuden a avanzar. No olvidemos que si un matrimonio arranca bajo la sospecha de unos y otros que la pareja le sacará la vuelta, su limitada vigencia está cantada. En cambio si arranca con la aceptación de que hay diferencias pero que son salvables si se trabajan en aras del bien común, las opciones son mejores.

Asumamos aunque sea por propósitos prácticos que nuestro progreso nacional fue y es posible sobre la base de acuerdos políticos mínimos que se han ido constituyendo en los ladrillos de nuestra democracia, teniendo a la vista un futuro mejor. Imaginemos que hoy es el “futuro mejor” de los peruanos que en 1990 se preguntaban por el futuro en el 2020, mientras estaban navegando por las turbulentas aguas y la crisis de crecimiento de la década de 1990-2000. 

Cuando hablo de tener esperanza, creer en un futuro mejor, no estoy hablando de un futuro paradisiaco, sin problemas ni desavenencias. Estoy hablando de alcanzar acuerdos básicos, aún en escenarios de intensa deliberación y confrontación, que se decantan para permitirnos seguir adelante, mejorando nuestras reglas de convivencia, cuidando nuestro marco constitucional, convirtiéndonos en ciudadanos y electores más inteligentes y responsables para lograr que nos representen cada vez personas más lúcidas y competentes. Bajo esa óptica, “tirar para adelante” dentro de nuestras reglas de juego ofrece aprendizajes más sólidos que “empecemos de nuevo” con otros jugadores (que en buena cuenta serán los mismos, aunque con otros nombres).

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