La angustia de ser pasajeros de la transición (ciudadanía del día a día)

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1). ¿A cuántos de ustedes no les ha pasado que si en vez de contestar de inmediato un chat o email reaccionando a algún mensaje del interlocutor lo habrían pensado mejor, hubieran contestado de otra manera? ¿Cuántos miedos o rabias que suscita una primera emoción se atemperan con el paso del tiempo?

2). En una relación de pareja o matrimonio en el que fluye la confianza mutua, las eventuales desavenencias se resuelven de un modo conciliador, porque quieren preservar la relación. Esa misma desavenencia, en una pareja en la que cunde la desconfianza, la sospecha, la culpa, cualquier desavenencia similar es motivo de una explosión e intensificación del conflicto inicial, al punto que esas emociones desbordadas se convierten en un problema mayor que la propia desavenencia.    

A lo que voy es a que en un contexto de confrontación y divorcio como el que vivimos entre Ejecutivo/Legislativo, una propuesta como la del adelanto de las elecciones es recibida por el Congreso con sospecha y desconfianza, y da lugar a reacciones emocionales impulsivas llenas de cólera que impiden analizar las cosas con calma desde el plano de una relación cooperativa que procura el bien común.  Con el paso de los días, se aquietarán las aguas, se clarificarán los argumentos y las conveniencias, los interlocutores menos intensos encontrarán terrenos de entendimiento, para finalmente alcanzar algún punto de llegada. No sé si en el caso actual este sea el adelanto de las elecciones o un acuerdo en otra dirección. A lo que voy es a que no podemos asumir que las agresiones mutuas del momento reflejen el resultado final de este proceso.

Alguna vez escribí que me basta leer el periódico el fin de semana para conectarme con lo relevante de la vida nacional, porque en el día a día los episodios puntuales que hacen noticia que los medios resaltan por su necesidad de vender, opacan aquello que con el paso de los días se clarifica como lo realmente trascendente que marca hitos en la vida nacional.

Lo que ocurre es que somos pasajeros de la transición entre el hoy y el mañana, entre el lunes y el domingo, entre enero y diciembre, entre el día que nacimos y morimos, entre la fundación de nuestra república y aquella que heredarán nuestros nietos. 

Cuando uno mira el Perú en el día a día, encuentra una infinidad de razones por las cuales quejarnos y lamentarnos diariamente por nuestras carencias, ineficiencias, injusticias, inmoralidades… A veces ocurre lo contrario, que en el día a día celebramos algún logro como un triunfo deportivo o el premio que obtiene algún científico (en el océano de mediocridad deportiva y la carencia de masas críticas de científicos de talla mundial). Es que como pasajeros del tiempo imaginamos el hoy como si representara nuestro pasado, presente y futuro a la vez. Se nos dificulta mirar nuestro hoy como un punto en nuestra historia que evidencia que estamos mucho mejor en casi todos nuestros indicadores sociales, económicos, científicos y ciudadanos que hace 10, 50 o 100 años, y que lo que nos ocurre en el día a día son las naturales crisis de crecimiento que al decantarse en el tiempo nos mostrarán posiciones mejores que las que tuvimos los años previos. Aunque entonces seguiremos discutiendo igual que hoy para el ciclo siguiente.   

Regresando a la analogía con el matrimonio, la pregunta a nuestra consciencia nacional es: seremos capaces de lidiar con nuestras desavenencias en un ambiente de confianza, respeto, tolerancia para avanzar en la ruta del progreso, o lo haremos en un ambiente de desconfianza, intolerancia, cólera, que no detendrá pero si hará más lento y costoso llegar a nuestra estación siguiente en el tren de la evolución de la sociedad peruana.

Yo esperaría de nuestros líderes políticos, por el bien del país, que no repliquen unos a otros como en el chateo impulsivo de celular, ni planteen sus argumentos asumiendo el escenario de un divorcio terminal.

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