La vida que le tocará a nuestros nietos

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico


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El nacimiento de una nieta mueve fibras emocionales, que nos llevan a descubrir que la aritmética del amor no es tal, porque lejos de dividirse el tener más seres queridos hace que el amor se multiplique. Simbólicamente va contra las leyes de la física. De la nada surge un torrente de amor y emociones múltiples que no existían el día anterior. Pero también mueve fibras intelectuales. Esas que nos llevan a preguntarnos a qué mundo llegan estos recién nacidos y qué futuro les espera.

En mi caso ha coincidido con mi lectura del libro “Breves respuestas a grandes preguntas” del genial físico Stephen Hawking, que es muy pesimista con respecto al futuro de la humanidad. Su razonamiento es frío y relativamente simple. Si seguimos acumulamos ciencia y tecnología sin fronteras éticas que regulen la manipulación del ADN para crear razas superiores o virus destructivos, si seguimos eligiendo gobernantes populistas y crecientemente autoritarios (y hasta perturbados mentales en algunos casos) capaces de conducirnos al desastre nuclear (posible inclusive por accidente o acción terrorista de pequeña escala), si se sigue depredando la tierra extinguiendo especies, talando bosques, facilitando el continuo calentamiento global con sus aparejados desastres naturales (que pueden incluir además algún fortuito impacto de un asteroide sobre la tierra como aquél que extinguió a los dinosaurios), ¿por qué el mundo futuro habría de ser mejor?

Stephen Hawking piensa que sobrevivirán solo quienes logren viajar por el cosmos a otros planetas porque la tierra quedará inhabitable. La mayor parte de la humanidad que lee los mismos datos procurará escapar a esta dura imagen de futuro apelando al pensamiento mágico de que “algo ocurrirá que revierta esas tendencias”. (¿?) Yo lo que me pregunto es si no hay opciones que apunten más bien a una desintoxicación del planeta y una auto-regulación de sus capacidades destructivas canalizadas hacia las fuerzas constructivas, creadoras de bienestar colectivo.

Eso nos lleva a la pequeña escala porque finalmente la población mundial es la suma de individuos que acumulados forman familias, vecindades, ciudades, estados y finalmente la humanidad toda. ¿Qué evidencias tenemos del creciente control de las fuerzas destructivas de los individuos y sociedades que vayan en la línea contraria a la relatada por Hawking reseñada líneas arriba?

Supongamos que el mundo entero fuera un solo país; digamos que fuera el Perú. ¿Podríamos asumir que vamos camino a una menor polarización política, mayor eficacia burocrática y gubernamental, mayor armonía en las interacciones humanas, cuidado del ambiente, atención acentuada a poblaciones vulnerables, inteligencia y solidez ética en las acciones de los poderes del estado, fortalecimiento de la vida democrática y unión de esfuerzos para beneficio común? 

Ahora imaginemos que el mundo está poblado por 200 Perús… aunque quizá bastaría con imaginar un mundo en el que solo hubiera un par de EE.UU., Rusias, Chinas y Brasiles…

Mi esperanza es que podamos gestar generaciones de personas mentalmente sanas y éticas capaces de confrontar la deteriorada versión de economía, política y justicia actualmente vigentes y que puedan impactar desde posiciones de gobierno y su personal actividad ciudadana cotidiana en la construcción de un mundo en el que el bienestar del planeta y la humanidad esté en la cabeza de las prioridades.

La única herramienta que conozco de la que disponen las sociedades para alcanzarlo es la educación. Pero se requiere una mutación del ADN educativo.Porque la educación de hoy, a cargo de los políticos y decisores de hoy, ya tiene una ruta destructiva marcada. Más de lo mismo no cambiará el destino previsible. Nuestros ciudadanos, funcionarios, empresarios, profesionales, políticos, periodistas, fiscales, jueces y gobernantes de hoy se formaron bajo los parámetros de esa educación que ha intoxicado nuestra sociedad y oscurecido su futuro. Se requiere una mutación que nazca de confrontar los paradigmas y estructuras clásicas y oxidadas, una especie de “espacio de caos premeditado” para que se produzcan diversas colisiones cuyo resultado sea una educación en mejor pie que la de sus antecesores. Ese es el espacio de la innovación, del ensayo de nuevas fórmulas, de las oportunidades creativas hasta acertar en algo que sea satisfactorio para todos. Tan solo requeriría de algunos líderes políticos providenciales que lo entiendan y conviertan en su misión central, y de una población que despierte de su complaciente letargo para elegir a quienes puedan ser capaces de cumplir tal misión.

Mantener el “status quo” mediocre e insatisfactorio y la cobardía para atreverse a innovar y modificar estructuras no parecen ser las recetas para el éxito. Si el Perú lograse superar su desalineamiento actual y convertirse en una sociedad próspera e inclusiva, habría esperanzas para que lo mismo ocurra en la humanidad toda.

Haga cada uno su parte, conviértalo en su expresión de amor, y podremos ofrecerle a nuestros nietos la oportunidad de vivir en un mundo en el que existan condiciones para construir su bienestar.

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