Un Día de la Madre desde la identidad personal

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico


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La celebración del Día de la Madre siempre me ha despertado mucha ambivalencia. Por un lado, porque como todo aniversario, son días que abren una pausa para detenerse a pensar en un concepto que pasa desapercibido en la cotidianidad, como es el reconocimiento a los sentimientos que uno tiene respecto a las madres, o las madres respecto a su “ser madre”, o las parejas heterosexuales respecto a lo que ella significa para él y sus hijos. Es un homenaje al amor de madre que inspira, sostiene, cura, intuye, orienta, sufre, celebra, sueña, acompaña (incluyendo las que lo hacen en silencio y a la distancia). Y esa pausa para pensarlo, reconocerlo y expresarlo es necesaria y merecida. Es también alimento para el alma de las madres.

Por otro lado, me incomoda la dimensión comercial que se le ha dado a estas celebraciones, que apuntan a que el amor (y cualquier afecto) tiene que expresarse regalando algo, y mientras más costoso mejor, inspirada en las más sofisticadas técnicas del marketing. Olvidan que cuando se originó la celebración del Día de la Madre en Estados Unidos (Wilson, 1914) reconociendo la labor de Ana Reves Jarvis durante la Guerra Civil y luego su hija Ana Jarvis para reconocer los derechos de las mujeres, esta última se confronta con la comercialización de la celebración declarando que «una tarjeta impresa no significa más que se es demasiado indolente para escribirle de puño y letra a la mujer que ha hecho por uno más que nadie en el mundo».

En la medida que se logre que el sentido de la celebración que refleja nuestra identidad e intención opaquen el sentido comercial impulsado por otros intereses, estaremos manteniendo el sentido original de la celebración del Día de las Madres. A esa celebración me sumo, con un fuerte abrazo aunque sea virtual a las buenas madres de nuestro país. 

En FB: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=2251009261666263&set=a.146081782159032&type=3&theater 

Me imagino dando hoy un fuerte abrazo virtual a las buenas madres de nuestro país, con mis mejores deseos de felicidad, esperando que el afán celebratorio nazca de la identidad y genuina emoción personal, y que opaque el sentido comercial impulsado por otros intereses.

En Twitter: https://twitter.com/LeonTrahtemberg/status/1127554278711877634