Efectos secundarios de pedagogías exitistas

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Ediciones regionales 06 01 2019 

En el campo de la medicina es de sentido común averiguar los efectos secundarios que tienen los medicamentos. Por ejemplo, anti-inflamatorios muy efectivos pueden producir gastritis. La quimioterapia reduce las defensas dejando al cuerpo más sensible a diversas enfermedades, además de la caída del cabello. 

Estos efectos secundarios por ley están documentados en la literatura que acompaña el medicamento. Lamentablemente, en el campo de la educación, no hay tal cosa. Se aplican estrategias pedagógicas exitistas sin alertar de sus efectos secundarios de corto o largo plazo, lo que deja a los usuarios en la ignorancia de temas que de ser conocidos quizá hubieran llevado a desistir o modificar la aplicación de esas estrategias.

Por ejemplo, fijar altos estándares de desempeño académico para todos los alumnos por igual, puede colocar presión para mejorar logros en un grupo de alumnos, (usualmente el tercio superior), pero puede frustrar y desalentar a todos los que no llegan a ese nivel. Felicitar a los alumnos por sus altos logros puede alentarlos a seguir obteniendo esos logros, pero no pocas veces a costa de que estos empiecen a buscar las tareas más sencillas para no correr el riesgo de salir mal y no recibir el reconocimiento esperado. Entrenar a los alumnos para pruebas de matemáticas o lectura puede lograr que mejoren sus puntajes, pero a costa de mecanizarse para esas pruebas, ajustarse a su formato y acostumbrarse a los problemas tipo, reduciendo con ello su creatividad y capacidad de exploración de rutas alternativas y no convencionales para resolver problemas (además de desprestigiar y desatender las áreas que no son evaluadas).

Las ECE han demostrado lo perverso que resulta una estrategia que busca que mejorar el aprendizaje de los alumnos en matemáticas y lectura, sin lograr grandes avances, pero trayendo como consecuencia fuertes daños colaterales cada vez más ampliamente documentados.

Usar rankings y orden de méritos puede estimular el esfuerzo de algunos alumnos, pero intimidar, desalentar y avergonzar a otros, generando fuertes tensiones entre pares, propias de situaciones de competencia, facilitando el bullying y el daño al clima de convivencia.

Esto ilustra la importancia de que sean educadores expertos y no economistas, abogados o sociólogos los que lideren las decisiones sobre las estrategias pedagógicas del Minedu.

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