¿Las universidades pueden aspirar a tener egresados con solvencia ética?

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Me dejó desconcertado y pensando mucho el artículo "Educación a prueba de balas: El reto de formar líderes íntegros" publicado en Día1 de El Comercio el 26 11 2018 cuyo subtítulo dice "Además de avanzar en lo académico, la formación de futuros profesionales debe contemplar el fortalecimiento de lo moral y lo ético".

Me preguntaba por la consistencia que tienen algunas universidades para hablar de formación ética y moral de los profesionales, cuando estructuralmente algunas de sus decisiones y estrategias institucionales parecen tener aristas que difícilmente resistirían un escrutinio ético. 

Por ejemplo: ¿qué relación hay entre la promesa que hacen a los postulantes y estudiantes versus la publicidad que hacen, y versus los logros que efectivamente tienen con sus egresados? ¿Cómo juzgar el predominio del departamento comercial sobre el académico a la hora de captar o retener alumnos?

¿Es verdadera su apuesta por la calidad cuando se pide a los profesores que bajen sus exigencias o número de desaprobados para no afectar los números de estudiantes inscritos? ¿Es correcto invadir la secundaria para captar postulantes cuando se sabe que esos jóvenes no están en condiciones psicológicas y de madurez para hacer una elección informada? ¿Es ética la mudez frente a temas sociales cruciales aunque polémicos como los que tienen que ver con la corrupción política o las demandas para impedir la educación sexual pertinente en los colegios o sobre la conducta vergonzosa y criminal de sus egresados renombrados? ¿Es ético ofrecer carreras para mercados saturados que se sabe que no conducen a la emplebilidad y tienen retornos negativos a la inversión? ¿Es correcto mantener cursos innecesarios con la finalidad de darle trabajo a los colegas catedráticos excedentes? 

Podría seguir con más preguntas pero la más importante sería ¿por qué nunca se ha escuchado una auto-crítica ética pública por parte de alguna universidad? Siendo así ¿tendrían derecho a aspirar a que sus estudiantes hagan aquello que ellas no están dispuestas a hacer?

Puedo entender que hay un mercado de estudiantes que las universidades públicas y privadas buscan captar y retener, y que es lícito hacer publicidad y generar excedentes para diversos fines vinculados a la reinversión y/o generación de rentabilidad, y que a veces encarar dilemas éticos lleva a decisiones que pueden ser cuestionables para algunos, pero ¿se hace con estrategias que realmente priorizan la excelencia educativa, acorde con lo que prometen en su publicidad y es posible en nuestros tiempos?  

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