PADRES: El reto de tolerar decir NO a los hijos

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PADRES: El reto de tolerar decir NO a los hijos (León Trahtemberg)

A los dos años de edad del hijo, los padres se desesperan ante los constantes NO de su hijo, ante cualquier pregunta o consigna que le dan. Sienten que si no logran persuadir a su hijo a que diga SI le están imponiendo algo que viola su autoestima. 

A los 11 años, son los jóvenes los que tienen dificultades para aceptar el NO de los padres ante cualquier antojo o pedido que éstos les formulan (con tono de demanda). Son expertos en hacer sentir culpables a los padres por ponerles límites o discrepar respecto al pedido de sus hijos que son capaces de soltar lágrimas o transmitir gestos de desesperación porque "todos sus amigos SÍ" y él será el único outsider con un NO.

Esas son las pruebas de fuego que enfrentan los padres a la hora de definir la cultura familiar y de poner límites. Pero ¿a quién le corresponde marcar los límites de la cancha: a los padres, a los hijos, o a los padres de los otros niños?

En los colegios observamos cada vez más niños desbordados, con muy baja tolerancia a la frustración y a aceptar los límites y NOs institucionales, porque no han aprendido a tolerarlos, y porque en esta relación dialéctica con los padres, siempre han sido los ganadores, porque desde pequeños los padres se han sometido a sus caprichos y modificado sus consignas al gusto de sus hijos. 

¿En virtud de qué experiencia previa los jóvenes habrán aprendido a decirle NO a... (pongan las palabras sexuales, psicoactivas, digitales u otras que quieran), cuando su vida siempre estuvo guiada por el SI (o sea, has lo que quieras)?

Si queremos que nuestros hijos y alumnos tengan una personalidad sólida, seguridad en sí mismos, tolerancia a la frustración, capacidad para decir NO a cosas muy tentadoras, también tienen que tener en su mochila experiencias en las que aprendieron a adaptarse a los NOs externos, a los límites que ellos no pueden modificar a su gusto y conveniencia, sin que eso signifique que les haya faltado el amor incondicional de sus padres.

Al final de cuentas, ponerles límites (razonables, no maltratadores) a sus hijos, es una de las mayores señales de amor.

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