Medirlo todo deja fuera mucho de lo importante

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Diarios Regionales 04 02 2018

Lo que no entendemos de la sociedad lo medimos dice Daniel Inneraty. Cuantificamos casi todo: la competitividad de las empresas, la popularidad de los políticos, la calidad de vida en las ciudades,  la calidad del sistema educativo… con lo que configuramos una sociedad de scores, rankings, ratings, indicadores, likes, estrellas, puntuaciones, tasas, índices… a los que se les atribuye objetividad. En un mundo evaluado por ‘likes’, algoritmos, indicadores y objetivos, los números de estos parámetros siempre son reduccionistas, porque se refieren a la parte cuantitativa de las cosas y a las dimensiones que se dejan medir mejor, destacando determinados aspectos e invisibilizando a otros. (El error de intentar medirlo todo; El País16 01 2018).

Esas clasificaciones y estandarizaciones con números simples, fácilmente comprensibles y aceptadas sin cuestionamientos pretenden ordenar la información de modo que no haya que interpretarla, aliviando el desconcierto que produce la creciente incertidumbre social.

Los números transmiten precisión, claridad, simplificación, imparcialidad, objetividad, verificabilidad y neutralidad. La valoración, que es algo que en principio tiene que ver con la calidad, se formula en términos cuantitativos. De allí que quienes entran en esa vorágine se terminan preocupando más por la imagen que emiten esos números que en los contenidos o la calidad.

La forma numérica se reviste de una objetividad incontestable y confiere a las opiniones una especial capacidad de imponerse e inmunizarse frente a la crítica porque a los algoritmos no se les exige justificación sobre las selecciones que se han preferido y las alternativas que han sido excluidas. Con ello se olvida que las mediciones o los indicadores no son objetivos y desinteresados sino que hacen política porque los algoritmos producen y representan lo que ha de ser considerado como relevante y valioso. Las estadísticas presumen de reflejar una realidad objetiva, pero son construcciones selectivas que en parte producen esa realidad y prescriben cómo ha de verse la realidad. Por ejemplo las grandes agencias de rating  de los medios   o los rankings universitarios que privilegian el modelo anglosajón de universidad centrada en la investigación, en detrimento de otras funciones sociales.

En un mundo en el que la política se confía a las representaciones cuantitativas, entender desde pequeños el significado del modo de medir es una genuina tarea democrática.

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