Clima institucional, represión y abuso sexual en “The Keeper´s” (Netflik)

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Clima institucional, represión y abuso sexual en  “The Keeper´s” (Netflik) 

Comenté en facebook la importancia de ver la serie documental “The Keeper´s” (Netflik) que en 7 capítulos relata la investigación (torpedeada por las autoridades policiales, eclesiásticas y judiciales) por parte de un grupo de compañeros de colegio que  durante su educación secundaria fueron violados por religiosos católicos en Baltimore (EE.UU.), lo que además  involucró el asesinato de una monja que iba a delatar a los perpetradores. 

Como reacción varios lectores comentaron su pesar por el hecho que en los colegios e internados religiosos los alumnos estuvieran expuestos a estas experiencias tan dramáticas,  que a su vez conllevan una enorme represión por parte de las víctimas que necesitan encapsular su dolor, vergüenza y rabia para poder seguir adelante con su vida, hasta que algo pasa muchos años después que hace aflorar directa o indirectamente estos recuerdos y necesidad de recuperar la paz personal.

Es bueno cuidar las proporciones señalando que no sería justo estereotipar a todos los religiosos como potenciales pedófilos ni a los colegios religiosos como espacios de maltrato y violaciones encubiertas.

Son casos particulares que ocurren en todas las instituciones confesionales de todas las religiones  y sectas en las que la combinación de oportunidades propicias junto, la falta de espacios de confrontación o denuncia, y la veneración dogmática de ciertas figuras de autoridad llevan a un profundo temor de quejarse y al sometimiento acrítico de sus personas hacia la voluntad de estas autoridades. También ocurre con los menores en orfelinatos, internados, colegios laicos, al interior de las familias y en todo aquél lugar en el que quien ejerce poder logra someter, intimidar y generar culpa y represión en la víctima. 

Sin embargo, aún si esta pedofilia y abuso sexual ocurriera en el 1% de las instituciones de la sociedad el problema es que no podemos anticipar en cuáles sí y en cuáles no. Lo que sí podemos hacer es desarrollar en nuestros niños y niñas una actitud de exigir respeto a su cuerpo e identidad y una capacidad de confrontación frente a todo aquél que ponga en riesgo sus valores y su seguridad física y mental.  A la vez, crear en los adultos una cultura cívica de denuncia frente a cualquier caso del que se enteren en el que ocurren estas cosas.     

Para que esto ocurra necesariamente la educación escolar debe ser liberadora y no represiva;  aquella que alienta a los alumnos a exigir el respeto a sus ideas, su cuerpo e identidad; aquella que los anima a decir lo que piensan, opinar,  protestar frente a las injusticias, comentar horizontalmente sobre las cosas que ocurren en su vida y en la comunidad que consideran importante encarar o modificar. En esencia, una formación hacia la ciudadanía responsable desde la infancia. Esto no es posible en instituciones verticales donde las autoridades tienen plenos poderes sobre los que les siguen en la jerarquía quedando las víctimas potenciales desamparadas en el último escalón de la misma. Tampoco es posible en aquellas instituciones en las que no existe una comunicación fluida entre sus integrantes, espacios de discusión y apertura a la crítica, canales para la denuncia cuando hay de por medio abusos o maltratos. Por supuesto tampoco cuando la comunicación entre padres e hijos es tan escasa y superficial que los hijos temen o desconfían de contar a sus padres aquello que les preocupa o atormenta.  

Todo esto no se enseña en un curso de educación cívica o ciudadana. Es algo que los alumnos tienen que sentir en el clima institucional, aprender en las mil situaciones e interacciones de su cotidianeidad escolar, en las relaciones interpersonales de todo nivel que ocurren en todo momento en su institución.         

Se ha escrito mucho sobre el “clima institucional” pensando en su productividad, pero muy poco  sobre el que cuida la salud física y mental de sus integrantes. Quizá haga falta levantar más esa dimensión ciudadana y ética de la convivencia humana como un componente decisivo de nuestra salud social.

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