Imagen de niño en escuela siglo XXI

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Regiones 04 05 2017

La escuela tradicional parte del principio que los adultos (padres, funcionarios, maestros) saben y los niños no saben. Por eso, ven como su función definir de la A a la Z lo que los niños deben aprender y saber para que les vaya bien en la vida. Con ello desconocen lo que los niños saben, proponen, piensan, quieren.

Salen al frente de esos conceptos (obsoletos desde el punto de vista de la pedagogía de estos tiempos) gente lúcida que lo explica de modo sencillo. 

Francesco Tonucci –Italia- dice: "Los niños no son sacos vacíos que hay que “llenar” porque no saben nada. Los maestros deben valorar el conocimiento, la historia familiar que cada pequeño de seis años trae consigo". (“La misión de la escuela ya no es enseñar cosas. Eso lo hace mejor la TV o Internet” ). 

Diana Serafini –Paraguay- dice: "el paradigma de la escuela activa surgió ya hace varias décadas de la mano de educadores y pensadores que planteaban una nueva mirada al niño y la niña, como sujetos de su propio aprendizaje. Se los mira como personas capaces de producir conocimientos, de aprender, no como seres humanos con cerebros vacíos que hay que llenar de conocimientos" (“Revolucionar la educación es la forma en cómo miramos al niño”)

Loris  Malaguzzi –Reggio Emilia- dice: “No podemos pensar en el niño en abstracto. Cuando pensamos en un niño, cuando elegimos a un niño al que observar, ese niño se halla ya estrechamente conectado y vinculado a cierta realidad del mundo: tiene relaciones y experiencias. No podemos separar a ese niño de una realidad concreta. Lleva consigo, a la escuela, esas experiencias, sentimientos y relaciones”. “Y lo mismo ocurre con nosotros los adultos. Cuando entramos en la escuela por la mañana, llevamos con nosotros fragmentos de nuestra vida: nuestra felicidad, nuestra tristeza, nuestras esperanzas, nuestra alegría, las tensiones de nuestra vida. Nunca entramos de una manera aislada o neutral; llevamos siempre con nosotros fragmentos del mundo que nos es propio. Por lo tanto, los encuentros que tenemos están siempre contaminados por las experiencias que nos acompañan”. Malaguzzi, “Your Image of the Child: where teaching Begins”, Child Care Information Exhange, nr. 96, marzo/ abril de 1994, pp.53)

¿Puede el currículo, la evaluación, el rol docente y la organización escolar pensada en siglos pasados con la imagen del niño receptor y consumidor del saber adulto sostenerse tal cual frente a la imagen del niño presente, potente, constructor de su conocimiento, que la pedagogía, psicología y neurociencias de estos tiempos nos presentan como realidad incontrastable? Sin duda la respuesta es no. Siendo así ¿podemos seguir culpando a los estudiantes de aburrirse en la escuela, de querer evadirla, no estudiar ni hacer tareas y considerarla irrelevante? 

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Imagen de niño que tiene el Colegio Áleph, como constructor de conocimiento http://colegioaleph.edu.pe/principios/#el-alumno

Imagen del estudiante del Colegio Áleph http://colegioaleph.edu.pe/propuesta/#estudiante-aleph

Francesco Tonucci: “La misión de la escuela ya no es enseñar cosas. Eso lo hace mejor la TV o Internet.” La definición, llamada a suscitar una fuerte polémica, es del reconocido pedagogo italiano Francesco Tonucci.  

Diana Serafini “Revolucionar la educación es la forma en cómo miramos al niño”

El niño con el que nos vinculamos cuando llega a clases no llega "neutro" En FB https://www.facebook.com/leon.trahtemberg/posts/457299251037282

Malaguzzi: “Your Image of the Child: where teaching Begins”, Child Care Information Exhange, nr. 96, marzo/ abril de 1994, pp.53

¿Y si estamos ahogando la sed de aprender de los niños con un bombardeo de estímulos? Los incentivos externos saturan los sentidos, empachan y anestesian la capacidad de saborear lo lento de lo ordinario CATHERINE L’ECUYER  "¿Dónde marchitó aquel asombro? ¿Y si la sed de aprender se hubiera ahogado en un océano de información sin sentido, en un bombardeo de estímulos externos compuestos por ruidos, contenidos y horarios que no respetan el orden interior de los niños, y por qué no decirlo también, de nosotros sus padres? Para que la sed sea sostenible, es preciso dejar beber poco a poco a la persona de una fuente que se ajuste a sus necesidades reales. ¿Hay que sorprenderse si uno se ahoga intentando tomar un sorbo de una boca de incendio? El asombro es lento, saborea la realidad a la que se acerca por primera vez, o como si fuera por primera vez. En cambio, los estímulos externos que saturan los sentidos empachan, embotan, anestesian el deseo, la sensibilidad y la capacidad de saborear la dimensión estética y lo lento de lo ordinario".

Desde el otro extremo de las visiones pedagógicas: «Muchas de las nuevas teorías pedagógicas tienen efecto placebo; son pura homeopatía pedagógica». El profesor y autor de «La sociedad gaseosa» advierte que vivimos en una sociedad donde triunfa lo efímero