Perversiones del mercado universitario

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Regiones 28 05 2017 

En su libro Excellent Sheep, William Deresiewicz  critica duramente a las universidades privadas  norteamericanas que han perdido su sentido educativo guiadas por su afán comercial. Desde que el incremento de los fondos federales para la investigación pos-Sputnik acentuó la actividad universitaria  hacia la investigación, la presión a los catedráticos para investigar y publicar hizo que reduzcan su interés y tiempo para enseñar. Enseñan solo aquello que investigan, reduciendo el espectro de los saberes que podrían nutrir mejor a sus estudiantes. 

El currículo universitario es un catálogo desarticulado de cursos entre los que escogen los estudiantes para cubrir los requisitos del título. Se gesta un acuerdo de no agresión:  los estudiantes quieren estudiar lo menos posible y los catedráticos enseñar lo menos posible para dedicarse a la investigación.  Como la evaluación de profesores para mantenerse en la universidad incluye las evaluaciones que de ellos hacen los alumnos, les elevan las notas y reducen los requisitos para ser populares y ganar los apoyos que les permite seguir con sus nombramientos. 

La inflación de notas es dramática: en 1960 el promedio general de un graduado de una  universidad privada en EE.UU. (GPA) sobre 4 puntos era 2.5. En 1990 subió  a 3.1. En 2007 subió a 3.3  y 3.43 en las más selectivas y hoy llega a 3.5. Para 1940 solo 15% de las notas eran A. En el 2008 subió a  45%.  En las universidades de elite, una vez que un estudiante ingresa luego de un riguroso proceso de selección, es casi imposible que tenga notas bajas menores a B+ (B más) o inclusive A- (A menos). De este modo el sistema funciona bajando las expectativas mutuas entre profesores y alumnos. 

Las universidades piensan ahora en los estudiantes como clientes de un mercado que tiene que retenerlos para que no abandonen los estudios, de modo que tienen que ser engreídos más que desafiados. En lugar de humanidades les dan amenidades. Sin embargo una relación universitaria comercial no equivale a una relación pedagógica. Se le da al cliente lo que quiere pero no se asume ninguna responsabilidad respecto a su bienestar futuro.  Los profesores deberían ser mentores, pero actúan como funcionarios. 

¿Habrá universidades peruanas contaminadas por los mismos vicios señalados por Deresiewicz?  

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