Cambiar economistas por sociólogos

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Diarios regionales 26 03 2017 

La excelente columna de Neil Irwin “What if Sociologists Had as Much Influence as Economists?” (NYT, 17 03 2017) es una reacción a la omnipresencia de economistas en medios de comunicación y diversas funciones públicas en las que sin ser su especialidad se les convoca para opinar o decidir. Todo ello como corolario del dominio que ejercen la economía y el empleo en la angustia pública. Con ello se sacrifica la enorme cantidad de saberes científicos derivados de la investigación de las ciencias sociales que muestran por ejemplo cuán vinculados están la economía y el empleo con el sentido de identidad y propósito de las personas.

Esa que entiende que perder un empleo no es solamente un tema económico sino un asunto de pérdida de identidad, auto respeto y sentido de utilidad y todo  aquello que hace a felices y capaces de funcionar a las personas. 

La economía no puede pretender dominar e incluir los saberes sobre cómo funcionan las sociedades que investigan los sociólogos, psicólogos, pedagogos y otros profesionales que van más  allá del estudio de datos económicos.  

Un ejemplo de la pedagogía que confronta los criterios de los economistas es el de la competencia para mejorar la calidad que funciona en un mercado porque quien no se sobrepone sale de él. En la educación, sin embargo, la competencia entre alumnos produce unos pocos ganadores y muchos perdedores. A esos perdedores –que tienen derecho a no ser excluidos– les golpean la autoestima, son avergonzados y cultivan sentimientos de inferioridad e incompetencia, más aun si son siempre los mismos. Al mismo tiempo, los ganadores quedan continuamente estresados por la posibilidad de que dejen de serlo, por lo que buscarán el camino más fácil para su trabajo escolar, rehuyendo las situaciones más complejas. Esto causa que en el aula se cree un ambiente propicio para el bullying, porque al etiquetarse a unos como “los de arriba” y a otros como “los de abajo” implícitamente se empodera a unos para sentirse con derecho de maltratar a los otros. Preventivamente, no deberían haber sido expuestos a la dañina competencia. 

En suma, esta primacía de los voceros de la economía para opinar de todo desde sus conceptos y tener el mayor peso en decisiones sobre áreas que requieren visiones disciplinarias especializadas es inconveniente para la configuración de las políticas públicas. Sobran ejemplos en educación, salud, seguridad, etica pública, conflictos sociales, etc. para entenderlo.

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Economistas: valoren a los educadores. El Comercio 28 08 2016   En Lampadia 30 08 2016

Los organismos internacionales que “apoyan” la educación básica (BID, BM, OECD-PISA, etc.) están liderados por economistas y administradores cuyas decisiones se inspiran por conceptos propios de su profesión. Ellos han introducido a la educación conceptos e indicadores medibles que son ajenos a la pedagogía: mercado educativo, competencia para incentivar la calidad, modelos, perfiles, costo beneficio, estándares, pruebas estandarizadas, incentivos para un mejor desempeño. No obstante, los procesos de aprendizaje no siguen las reglas de la economía (que aplicadas a la pedagogía pueden hacer daño). 

Por ejemplo: la competencia para mejorar la calidad funciona en un mercado porque quien no se sobrepone sale de él. En la educación, sin embargo, la competencia entre alumnos produce unos pocos ganadores y muchos perdedores. A esos perdedores –que tienen derecho a no ser excluidos– les golpean la autoestima, son avergonzados y cultivan sentimientos de inferioridad e incompetencia, más aun si son siempre los mismos. Al mismo tiempo, los ganadores quedan continuamente estresados por la posibilidad de que dejen de serlo, por lo que buscarán el camino más fácil para su trabajo escolar, rehuyendo las situaciones más complejas. 

Esto causa que en el aula se cree un ambiente propicio para el bullying, porque al etiquetarse a unos como “los de arriba” y a otros como “los de abajo” implícitamente se empodera a unos para sentirse con derecho de maltratar a los otros. Preventivamente, no deberían haber sido expuestos a la dañina competencia. 

Para los economistas, publicar los resultados de las pruebas estandarizadas (ECE, por ejemplo) brinda información al mercado –de profesores y padres– sobre cómo andan los alumnos para hacer lo necesario para mejorar. Para los educadores, es una de las estrategias más nocivas y contraproducentes para el aprendizaje. Esto pues al recibir los padres la información individualizada sobre sus hijos (que señala para la mayoría que no alcanzan logros satisfactorios), presionan a los colegios, los cuales, al ver en riesgo su prestigio y clientela, presionan a los profesores quienes, preocupados por su estabilidad (y bonos de buen desempeño), trasladan la presión a los alumnos que son sometidos a un fuerte estrés y entrenamiento insulso. 

Lejos de mejorar el aprendizaje significativo, esta estrategia termina mecanizando a los alumnos. También genera miedo y hasta fobia hacia las matemáticas y lectura, con impactos negativos de largo plazo que investigadores –y el propio Ministerio de Educación– han evaluado reiteradas veces y se comprueba fácilmente al ver la gran cantidad de egresados de secundaria que quieren alejarse de aquellas carreras que incluyan cursos de matemáticas (y ciencias) al momento de elegir sus estudios superiores. 

Para los criterios económicos, reducir el número de alumnos por profesor o alargar el día escolar son estrategias de mejora de calidad. Para los educadores, pueden ser lo contrario. Un profesor carismático, empático, versátil, con 40 alumnos puede lograr más aprendizajes que otro rígido, distante, frontal, carente de recursos, que tiene solo 15 alumnos en su clase. 

En cuanto al tiempo, si el alumno no entiende o disfruta una materia, más horas de clases equivalen a aumentar la irritación, aburrimiento, deseos de fuga, estrés y animadversión contra el profesor o el curso. En cuanto a los incentivos (notas o premios para los alumnos) está demostrado hasta la saciedad que cuando los alumnos estudian para las notas, debilitan su motivación interna por aprender y buscan el camino más fácil (incluyendo los plagios). 

Asimismo, la herramienta usual de los economistas de diseñar estándares de desempeño evaluables mediante indicadores y puntajes que asumen un conjunto de “logros esperados” para todos por igual resulta un absurdo para los educadores. Si todos los niños son diferentes, los logros esperados no deberían definirse en función de un referente ficticio óptimo, sino de las características de cada uno (los hay con TGD, TDAH, dislexia, disgrafía, discalculia, discapacidades en la memoria y en el procesamiento auditivo, interferencias emocionales, déficit sensoriales, etcétera). Es precisamente la aspiración a la uniformidad la que produce la gran cantidad de “desaprobados” o fracasados (algo de lo que obviamente se culpa a los pobres niños). 

Imagínense un niño con polio al que se le hace competir con otro físicamente bien dotado para correr 100 metros con la expectativa de que rindan igual. Sería una evaluación absurda, ¿verdad? Bueno, el problema es que existen diferencias mentales, pero como no se ven físicamente, se asume que no existen. Se les evalúa a todos por igual, maltratándolos. 

En suma, el terreno de los educadores es el del vínculo afectivo y personalizado con los alumnos. Los maestros son tocadores de almas individuales, similares a los padres. La economía indudablemente aporta mucho en diversos campos, ¿pero no sería bueno que en las decisiones sobre la educación se le dé el peso prioritario al saber de los educadores?

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28 08 2016 El Comercio Zorros y erizos, por Richard Webb "Cuando se trata de atreverse con un negocio o con alguna medida de gobierno, lo que se busca es coraje". Según Tetlock, en comparación con la antropología, la sociología y la ciencia política, la economía tiende más al reduccionismo y a la parquedad cuando se trata de explicar o de predecir. Rara vez se informa de lo que dicen especialistas de otras disciplinas. El típico programa de estudio de posgrado en economía casi no incluye literatura proveniente de otras áreas de conocimiento. De igual manera, los economistas más premiados han sido los que supieron concentrar su aporte en una idea central, abstrayéndose de las complicaciones de la vida real. Pero lo que luce bien ante los colegas profesionales puede tener un valor negativo para la vida práctica. 

07 01 2012 Óscar Ugarteche: "El oficio de economista está hecho para no pensar"

"En Europa el ambiente es más cosmopolita y diverso que por estos lares…  Es más cosmopolita pero, además, la formación básica en Alemania así como su equivalente francés son muy densos y no es así en otros lugares. Y a México, que tuvo un sistema educativo tan bueno, le ha pasado lo que le ha pasado. Hicieron estas reformas educativas del Banco Mundial, le quitaron los cursos de Historia, le metieron más matemáticas y entonces los chicos, básicamente lo que hacen son modelos. Y entonces no pueden hacerse preguntas.

Solo modelos…  Sí. Parte del problema de la nueva educación es que le has quitado al chico el sentido del ‘para qué es’ y le das el sentido de la medición. Y ese es un problema del oficio de economista, que se ha convertido en un oficio de medición. Y claro, si haces una pregunta grande, eventualmente tienes que medir, pero una cosa es medir porque te haces una pregunta grande y otra cosa es que la pregunta sea ‘¿cuánto pesa?’ ¿Eso qué importa?"   http://elcomercio.pe/economia/mundo/oscar-ugarteche-oficio-economista-esta-hecho-no-pensar-noticia-1357848

31 07 2016 Vídeo: Las ideas fuerza de la educación en Finlandia en pocas palabras. En su reciente película "¿Qué invadimos ahora?" el siempre incisivo y polémico Michael Moore ha sabido explicar en unos pocos minutos el más que llamativo éxito educativo de Finlandia, un sistema basado en unas pocas ideas muy claras.https://www.youtube.com/watch?v=vuEhgfkPfho

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31 08 2016 El Montonero Voces discrepantes: Ni la economía ni los economistas, Dr. Trahtemberg   El socialismo educativo es el responsable de tantos desaprobados. Walter Puelles

28 08 2016 FB de Isy Faingold https://www.facebook.com/isy.faingold/posts/10153992398206925

11 09 2016 Juan Borea  EN EL MINISTERIO DE EDUCACIÓN SE NECESITAN MÁS EDUCADORES

Ante el reciente retiro del Viceministro de Gestión Pedagógica Flavio Figallo, quien ha sido relevado en el cargo por el Economista Jorge Arrunátegui, considero necesario como educador hacer un urgente pedido: se requieren más profesores de carrera en los cargos de alta dirección en el Ministerio de Educación.

Es cierto que la educación es un tema que compete a toda la sociedad, y que en el diseño y conducción de la misma debe haber un enfoque interdisciplinario; pero debe haber necesariamente profesionales de la educación, y si hacemos una rápida revisión de los altos cargos en el Ministerio, no encontramos muchos.

En estos momentos el Ministro y los dos Viceministros son economistas. Los últimos Ministros de Educación han sido, en orden retrospectivo, Economista, Socióloga, Ingeniero, Arquitecto. Los tres últimos provenían del mundo universitario, que es diferente al de la educación básica, preocupación principal del Ministerio. Algunos tuvieron la habilidad de buscar profesionales de la educación para el sector de la gestión pedagógica, otros no.

¿A qué se debe esta carencia de educadores en los altos cargos de gestión? Cada cual tiene sus propias explicaciones; en mi opinión una de las causas es el menosprecio que se tiene a los profesores por parte de un sector de la tecnocracia, que considera a los docentes poco preparados, y con una visión más centrada en las aulas y no en el conjunto; también a que los educadores de aula no están en los círculos de ONG y medios de comunicación, y por tanto cuando se tienen que buscar candidatos para los cargos, no se los conoce, y se busca entre los conocidos, los del círculo más inmediato, que por lo general suelen estar alejados de la vida de las instituciones educativas.

Estas personas suelen considerar a los profesores como meros ejecutores de políticas que diseñan los “realmente entendidos”. Cuando el docente expresa su malestar o su confusión, se le critica de reacio al cambio, de conservador. Nunca olvidaré el protector de pantalla de un alto funcionario del Ministerio de Educación que decía textualmente “La educación es algo demasiado serio para dejarla en manos de los maestros”.

En el Ministerio de hoy sí encontramos maestros a nivel de funcionarios, pero que cumplen un rol básicamente de ejecutores de políticas que diseñan otros. Y que saben que su permanencia en el cargo (con sueldos muy superiores a los que podrían lograr en la docencia) depende de su aquiescencia y conformidad a los dictados de la jerarquía. Muchos de ellos, por otro lado, hace años que dejaron la docencia y se han dedicado a planificación o tareas administrativas.

El resultado es que se diseñan políticas y currículos sin tener en cuenta la vivencia de las aulas, las necesidades reales de estudiantes y profesores. Muchas de estas políticas y currículos generan confusión en los maestros; y con frecuencia culminan cuando culmina el financiamiento o se releva al ministro que las impulsaba, aumentando el escepticismo en los docentes.

No es esta una descalificación de profesionales de otras áreas; personalmente fui Jefe de los Asesores del Ministro Sota, arquitecto, con excelente gestión. Pero que supo incorporar en los vice ministerios a profesores como Idel Vexler y Helen Chávez, quienes a su vez tenían en la dirección de oficinas a su cargo a educadores profesionales.

Bienvenidas todas las profesiones a esta tarea compleja, pero dejen un rol protagónico a los profesionales del área. Y consulten REALMENTE a los docentes.

Otros de León Trahtemberg: 

Los cinco déficits básicos de la educación en España (Por El Empresario, diario digital de las empresas)  LT: ¿Se dan cuenta cómo los economistas y empresarios que escriben estos artículos sobre educación no tienen la menor idea de pedagogía, psicología, pero pretenden dar recetas sobre qué hacer en el sistema educativo en base a limitados indicadores poco confiables y predictivos como los de PISA, la tasa de desempleo juvenil, presupuesto, la comparación entre países, etc? 

Estándares de sentido común

Estándares de logro ¿tienen sentido? El caso de un equipo de atletismo

Negocios en torno a estándares

Pedagogía para nuestros tiempos (o regresar por el túnel del tiempo)

La competencia destruye la competitividad (Padres-Cosas # 203)

Castigado con recompensas

Sentidos comúnes contradictorios  

Sentido económico equivocado

Economistas dañan la pedagogía

 
¿Y si estamos ahogando la sed de aprender de los niños con un bombardeo de estímulos? Los incentivos externos saturan los sentidos, empachan y anestesian la capacidad de saborear lo lento de lo ordinario CATHERINE L’ECUYER  "¿Dónde marchitó aquel asombro? ¿Y si la sed de aprender se hubiera ahogado en un océano de información sin sentido, en un bombardeo de estímulos externos compuestos por ruidos, contenidos y horarios que no respetan el orden interior de los niños, y por qué no decirlo también, de nosotros sus padres? Para que la sed sea sostenible, es preciso dejar beber poco a poco a la persona de una fuente que se ajuste a sus necesidades reales. ¿Hay que sorprenderse si uno se ahoga intentando tomar un sorbo de una boca de incendio? El asombro es lento, saborea la realidad a la que se acerca por primera vez, o como si fuera por primera vez. En cambio, los estímulos externos que saturan los sentidos empachan, embotan, anestesian el deseo, la sensibilidad y la capacidad de saborear la dimensión estética y lo lento de lo ordinario".