Alumnos en debate sobre educación sexual ¿Alguien piensa en ellos?

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Correo 10 02 2017

Al concepto de “igualdad de géneros” propuesto por el Ministerio de Educación para el currículo de educación sexual se opone un sector de intérpretes que sostienen que enunciados como  “construye su identidad”, “vive su sexualidad de manera plena y responsable” y “toma conciencia de sí mismo como hombre y mujer” son un contrabando para introducir lo que denominan “ideología de género” que establece que ser hombre o mujer queda definido biológicamente y no  social y culturalmente. Ello implicaría que podrían elegir ser travestis, homosexuales o lesbianas, además de ejercer su actividad sexual plenamente, lo cual a esos padres les parece inaceptable y una intromisión en la visión de educación sexual que quieren inculcar a sus hijos.

Quizá olvidan que el bienestar de los niños y jóvenes se afecta si son discriminados sea por la conformación particular de su familia o por su orientación sexual. Si ser homosexual o lesbiana se presenta como “perversión”, no solo se carga de dolor, maltrato y discriminación a los hijos de estos padres o a los alumnos que tienen alguna de esas orientaciones sexuales, sino que se les quita la oportunidad a los otros niños de aprender a respetar a cada persona por lo que es y reconocer e interactuar sanamente con las diferentes personas que va a  encontrar en su comunidad. 

Puedo entender las susceptibilidades de padres bien intencionados preocupados por el desarrollo sexual de sus hijos a los que aspiran criar como heterosexuales, pero ¿cómo quisieran que la  comunidad y la escuela traten a su hijo o hija si fuera homosexual, lesbiana o transexual? 

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EDUCACIÓN SEXUAL CUESTIONADA -extenso- (León Trahtemberg, FB 03 02 2017)
El ministerio de educación ha cumplido con su responsabilidad constitucional de diseñar un currículo que rija el mundo de los aprendizajes escolares de los alumnos, que están obligados por la misma Constitución a asistir a la escuela para educarse en términos formales. Bajo ese paraguas el ministerio ha planteado un conjunto de competencias a desarrollar en el ámbito de la identidad que aluden al valor de la familia y al reconocimiento de que hombres y mujeres nacen biológicamente diferentes pero iguales en sus derechos, deberes y oportunidades. A eso se le denomina genéricamente “igualdad de géneros”. 

Sin embargo, hay un sector de intérpretes del currículo que sostienen que enunciados en el currículo como “construye su identidad”, “vive su sexualidad de manera plena y responsable” y “toma conciencia de sí mismo como hombre y mujer” son un contrabando para introducir lo que denominan “ideología de género”. Esta propondría que la condición de hombre o mujer no queda definida biológicamente sino social y culturalmente, como una opción que cada cual asume conforme va creciendo. Eso implicaría que pueden elegir ser travestis, homosexuales o lesbianas, además de ejercer su actividad sexual plenamente, lo cual a esos padres les parece inaceptable y una intromisión en la visión de educación sexual que quieren inculcar a sus hijos.

Esta interpretación con la consecuente censura al currículo oficial olvida que la razón de ser del sistema educativo es el bienestar de los niños y jóvenes, que tienen derecho a no ser discriminados sea por la conformación particular de su familia o por su orientación sexual. Si ser homosexual o lesbiana se presenta como “perversión”, no solo se carga de dolor, maltrato y discriminación a los hijos de estos padres o a los alumnos que tienen alguna de esas orientaciones sexuales, sino que se les quita la oportunidad a los otros niños de aprender a respetar a cada persona por lo que es y reconocer e interactuar sanamente con las diferentes personas que va a encontrar en su comunidad. 

Puedo entender las susceptibilidades de padres bien intencionados frente a un tema que reta sus convicciones y estereotipos construidos en los ambientes negadores de generaciones anteriores y que creen que sus hijos desde pequeños tienen garantizada su heterosexualidad, pero temen por el efecto negativo de un entorno que incluya padres o compañeros homosexuales o lesbianas. Sería bueno que se pregunten ¿cómo quisieran que en la escuela se trate a su hijo o hija si fuera homosexual o lesbiana? 

Personalmente pienso que la propuesta del ministerio de educación crea un marco adecuado para el tratamiento del tema, recordando que más allá de lo que esté escrito en el texto del currículo, serán los padres, maestros y propios compañeros de los alumnos con sus actitudes, mensajes, gestos, sentido y contenido de sus comunicaciones los que dejarán las huellas más significativas en la salud mental, seguridad y manejo de la sexualidad de cada alumno.

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LT 05 02 2017 Pepe dice: Soy homosexual. ¿Qué hago? 

Después de tanta discusión sobre el currículo y enfoque que debe tener la educación sexual en la escuela -que implícitamente levanta entre sus críticos los temores de los padres a que sus hijos no sean heterosexuales (y en algunos revela la fragilidad de su propia identidad sexual)- quizá es buen momento para ponerse en situaciones muy concretas y preguntarse cuál es el rol de la escuela -los maestros- cuando enfrentan estos temas en el ámbito escolar. Veamos un caso paradigmático. 

Pepe es un alumno de 15 años que está en 3ero de secundaria en un colegio muy tradicional. Se acerca al profesor con el que tiene más confianza, que en una ocasión anterior le había expresado su preocupación porque lo veía triste y desanimado, para conversar en privado y le dice: "estoy angustiado, deprimido, triste, no puedo dormir, he bajado en mis estudios porque no me concentro; hace tiempo que tengo claro que soy homosexual pero no sé cómo enfrentarlo con mis padres y compañeros (aunque algunos ya lo intuyen). He hecho enormes esfuerzos por ocultarlo porque no quiero herir ni hacer sentir fracasados a mis padres a los que amo y no sospechan nada. Temo que si se los confieso me van a repudiar, se van a avergonzar con sus amigos, porque cada vez que se ha hablado en casa de otros casos de gays o lesbianas lo han hecho con burla y desprecio. Sé que la confesión perturbará profundamente el ambiente de mi casa y la relación habitual de mis padres conmigo. Esta situación me llena de culpa, inseguridad y temor. Pero ¿qué hago?"

Si Ud. fuera ese profesor, y quisiera ser respetuoso de la integridad emocional de sus alumnos, pero a la vez siente una responsabilidad en relación a los padres que confían que el colegio comparta con ellos aquello que es relevante para la vida de sus hijos ¿qué haría?

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