Estándares de logro ¿tienen sentido? El caso de un equipo de atletismo

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El Tiempo 26 03 2016;Regiones 27 03 2016 

Supongamos que un entrenador de atletismo tiene que formar a los alumnos de diversos colegios  aplicando el currículo ministerial de atletismo, para que todos los alumnos logren las marcas establecidas por los estándares internacionales de velocidad para la edad. Para ello le entregan un plan de trabajo, horario, una guía con ejercicios y actividades que deben hacer todos para que al cabo de un año alcancen satisfactoriamente los estándares pre-establecidos. 

Llegan a cada clase grupos diversos de estudiantes con diversos biotipos: uno alto y delgado, otro alto y gordo, otro bajo delgado, otro bajo gordo; uno con discapacidad visual, otro con cojera por lesión, otro con polio; uno con alta autoestima, otro con baja autoestima; uno expansivo y otro depresivo; uno viene de ganar varios torneos y otro jamás tuvo una clase de atletismo; un viene del campo y otro de un apretado departamento; uno se alimenta bien y el otro es anémico; etc.  En cada colegio en el que trabaja el entrenador encuentra diversidad de escenarios: en uno hay pista de atletismo e implementos deportivos, en otro hay una cancha de césped, en otro de cemento sin implementos ni baños y en otro ni siquiera hay espacio libre para correr. 

¿Tiene realmente sentido asumir que toda esa diversidad de “atletas” puede responder a un mismo plan de entrenamiento y abordaje técnico-pedagógico y alcanzar con todos los alumnos a fin de año el nivel satisfactorio de logros pre-establecido por igual para todos? ¿Se puede asumir que quien lo logra tiene más mérito que quien no lo logra? ¿Se puede asumir que si un salón o colegio con un grupo A de alumnos logra un porcentaje mayor de logro que otro con un grupo B de alumnos es porque en uno hay un mejor profesor que en el otro? Etc. 

Tendría más sentido conocer las condiciones de inicio de cada alumno e interactuar con él con las estrategias que le permitan desarrollar al máximo su potencial. Pero, eso no es compatible con que todos logren en el mismo tiempo con las mismas estrategias los puntajes prefijados  por los estándares comunes. Aquí, el rol determinante lo juega la capacidad del maestro de personalizar la enseñanza y no los estándares abstractos uniformes.  

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Una decisión trascendental. Un profesor de matemáticas tiene una gran oportunidad. Si llena su tiempo de clases ejercitando a los alumnos con operaciones rutinarias matará su interés, impedirá su desarrollo intelectual y perderá su oportunidad de cultivar sus intelectos. Pero, si desafía la curiosidad de los estudiantes planteándoles problemas accesibles a su conocimiento, y les ayuda a resolverlos con preguntas estimulantes, podrá darles el sabor de, y un medio para el pensamiento independiente. (George Pólya, How to Solve it: A New Aspect of Mathematical Method; NY, Doubleday Anchor, 171)

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