¿Qué provocó la curiosidad de los niños?

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¿Qué provocó la curiosidad de los niños? (León Trahtemberg)
Siéntate en una clase y al cabo de los 45’ minutos pregúntale al profesor ¿qué fue lo que provocó el interés o la curiosidad de los alumnos en esta clase? ¿Qué preguntas de los alumnos (si alguna) denotaban interés o curiosidad por profundizar en el tema tratado? 
Si la clase está diseñada para que el alumno escuche, apunte y aprenda de lo que dice el profesor, los alumnos no tendrán  necesidad de preguntar nada ni poner en juego curiosidad alguna. El mensaje implícito del profesor de esa clase es que todas las respuestas relevantes al tema han sido  presentadas y el alumno debe aprenderlas. No hay vacíos ni  dudas; por lo tanto, no hay nada sobre qué inquirir. 
¿No sería mejor presentar los temas de clase con una serie de interrogantes que denoten que no se sabe todo sobre el tema, o quizá formular los temas de estudio partiendo de las contradicciones  que puede generar el resultado conocido? Por ejemplo, en una clase de economía el profesor podría escribir en la pizarra “estamos mejor, pero estamos peor”. Podría dejarlo allí y dar lugar a una vasta lluvia de ideas sobre a qué se refiere eso. Más adelante, podría llevarlo a un tema de economía. Por ejemplo, resulta que “el Perú se desarrolla, su economía crece, se reduce la pobreza, recibe los elogios de los organismos internacionales por el buen manejo económico, pero a la vez crece la inequidad y la inseguridad ¿cómo es eso  posible?”. 

Si despierta pasión, triunfó la educación (León Trahtemberg) 

Artículo afin: Pedagogía sexy: recuperemos el placer como el eje de la educación (María Acaso) Desgraciadamente no me equivoco cuando afirmo que el aburrimiento es una de las experiencias que más intensamente he vivido en mi vida como estudiante. Y lo que es infinitamente peor, una de las experiencias que más intensamente he hecho vivir a mis estudiantes en mi vida como docente. Un aburrimiento denso, físico, tupido, de esos que se pueden cortar con un cuchillo; un aburrimiento embotador, narcótico, analgésico que te robaba poco a poco las ganas de aprender. Las experiencias de la escuela, de la universidad, de esa conferencia con un tema maravilloso pero en la que era imposible mantener la atención, están infectadas por el virus del desinterés, de la repetición y del tedio (Continua).