La tecnología y la transformación de la escuela

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico

La tecnología y la transformación de la escuela (León Trahtemberg) 
La tecnología no es una herramienta neutral. Está reescribiendo la manera como pensamos sobre todas las cosas en nuestra sociedad, desde las comunicaciones hasta la seguridad, comercio, privacidad y aprendizaje. Su potencial es ilimitado pero deberíamos ser escépticos sobre el uso de la tecnología para la educación. 
Cuando se hace bien, los colegios ayudan a los alumnos a aprender a encontrarle sentido a sus vidas. Cuando se hace correctamente, los colegios pueden ayudar a los alumnos a convertirse en ciudadanos activos. Cuando se hace con cuidado, los colegios pueden ayudar a los alumnos a aprender a cuidar uno al otro. La tecnología no puede hacer ninguna de estas cosas.
No se trata que la tecnología suplante la escuela o a los maestros, sino que la transforme. La promesa de la educación tecnológica es que puede ayudar a re-imaginar y reinventar la escuela como el centro de una comunidad de aprendices.

(editado a partir de algunos textos de Building School 2.0, Chase Lehmann, pags. 57/59)
En FB https://www.facebook.com/leon.trahtemberg/posts/704675956299609?pnref=story

Afines

Los 20 retos de la educación del siglo XXI: La creatividad y la inteligencia emocional son dos ámbitos que debe desarrollar la escuela del futuro (ABC.ES EDUCACIÓN  M. J. PÉREZ-BARCO 11/12/2013)  

La poderosa economía de la educación. El sector tiene ante sí el desafío de reducir la desigualdad en los pupitres. La mejor estrategia, por lo tanto, pasa por minimizar el tiempo de ajuste entre velocidad tecnológica y educación. “Resulta imprescindible anticiparse y diseñar medidas educativas que ayuden a reducir los costes de transición. Cuanto más rápido sea el cambio, menor será el impacto”, analiza Oriol Aspachs, director de Macroeconomía de CaixaBank Research. Pero el cambio no es abrazar con desespero las tecnologías de la información sino identificar qué persigue el mercado de trabajo (creatividad, habilidades comunicativas, emprendimiento) y adaptarse. El filósofo Fernando Savater censura esta obsesión reciente de mezclar en las aulas la memoria y el deseo de las empresas. “La educación no puede supeditarse a lo inmediato, no puede responder solo a formar ‘empleados’ o ‘empleables’ ni puede dejar que las compañías diseñen, de acuerdo con sus necesidades, los planes de estudio. Educar es desarrollar la humanidad e ilustrar a los futuros ciudadanos. Los saberes en apariencia inútiles en el plano de la rentabilidad crematística (literatura, filosofía, historia) son los más útiles para la persona libre, no para el que tenga vocación de siervo; que es lo opuesto a la ciudadanía”. Quizá el sentido profundo de la educación sea solo eso: crear ciudadanos y no siervos.