Cultura del "Makeover" daña la autoestima de niños y jóvenes (Revista Padres Cosas 201

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Vocación por cambiar de cuerpo en niños y jóvenes 

Cultura del "makeover" daña la autoestima (León Trahtemberg, Revista Padres de Cosas 201 del 31 03 2015)

Niños de 5 años que se gradúan con toga y birrete de los nidos; niñas que usan cosméticos y  maquillajes;  púberes que se depilan, blanquean y corrigen los dientes y se broncean permanentemente la piel; adolescentes que demandan cirugías plásticas como regalo de cumpleaños o graduación (nariz, busto, mentón, glúteos, labios, cintura); jóvenes atletas que consumen esteroides para aumentar la potencia o que toman viagra para su iniciación sexual. Se trata de una generación de mujeres con alto consumo de zapatos, accesorios y vestimenta de moda que muestra partes desnudas del cuerpo, y jóvenes de ambos sexos que siguen cotidianamente las revistas, las columnas periodísticas sobre los héroes de la farándula, los “ricos y famosos” y ven continuamente programas de televisión que impulsan los amores y los conflictos de los nuevos referentes para la juventud. ¿Les suena familiar? Son expresiones de la epidemia del narcisismo que invade a nuestra juventud.

Continúa el resumen en http://cosas.pe/padres/salud-nutricion/5823-cultura-del-makeover

Comentarios en FB https://www.facebook.com/leon.trahtemberg/posts/629515407148998 

Versión completa (en la revista impresa)

Vocación por cambiar de cuerpo en niños y jóvenes  

CULTURA DEL “MAKEOVER” DAÑA LA AUTOESTIMA (León Trahtemberg, Revista Padres de Cosas 31 03 2015)

Niños de 5 años se gradúan con toga y birrete de los nidos; niñas usan cosméticos y  maquillajes;  púberes se depilan, blanquean y corrigen los dientes y se broncean permanentemente la piel;  adolescentes demandan cirugías plásticas como regalo de cumpleaños o graduación (nariz, busto, mentón, glúteos, labios, cintura);  jóvenes atletas  consumen esteroides para aumentar la potencia o viagra para su iniciación sexual. Se trata de una generación de mujeres con alto consumo de zapatos, accesorios y vestimenta de moda (que muestra partes desnudas del cuerpo) y jóvenes de ambos sexos que siguen cotidianamente las revistas, columnas periodísticas sobre los héroes de la farándula, los “ricos y famosos” y ven continuamente programas de televisión que impulsan los amores y conflictos de los nuevos referentes para la juventud.  ¿Les suena familiar? Son expresiones de la epidemia del narcisismo que invade a nuestra juventud.  

Los psicólogos hablan del  narcisismo para referirse al excesivo individualismo, ansia de éxito, imagen y poder de quien se ama a sí mismo y tiene dificultades para ser empático y establecer sólidas relaciones sociales, frenadas por esta obsesiva vanidad, admiración y amor a sí mismo.  Los sociólogos dicen que  vivimos en "la era del narcisismo", “la generación del yo" o "la cultura del verse bien" que deja en el olvido la solidaridad y la pasión por el “nosotros".

¿En qué momento se gesta este tipo de personalidad narcisista? En el hogar y la escuela, desde la infancia, y se va reforzando a través de la permisividad y los equivocados refuerzos a la autoestima y el amor propio en los niños. Se refuerza con la presión de los medios de comunicación e internet que orientan hacia la admiración a las celebridades, los ricos y famosos, al cuerpo perfecto,  los jóvenes populares, y se complementa con el materialismo, con la tendencia a llevar  una vida que va más allá de las posibilidades de cada uno apelando a las facilidades que ofrece el mundo de los créditos. Esto tiene un fuerte impacto negativo en la vida de las personas y sociedades. 

Para beneficio de quienes no lo saben puede ser interesante conocer quién es Narciso, uno de los personajes mitológicos del mundo griego citado por el poeta romano Ovidio en el libro Metamorfosis, de quien se desprende el concepto de narcisismo. Narciso era un joven que  debido a su extraordinaria belleza desde su adolescencia atrajo hacia sí a numerosas  pretendientes incluyendo a la ninfa Eco. Sin embargo el  orgullo de Narciso le hacía rechazar  con desprecio e indiferencia a todos los que le amaban. Eso provocó la venganza de la diosa  Némesis, quien creó una imagen del mismo Narciso en un lago de la que el joven se enamoró. Después  de intentar abrazarla y besarla sin éxito, el enamorado (de sí mismo) dejó de comer y dormir por el sufrimiento de no poder conseguir a su nuevo amor.  Finalmente enloqueció y murió con el corazón roto. De allí deviene el término «narcisismo»  para definir esa imagen distorsionada y de excesiva consideración hacia uno mismo de personas  faltas de empatía. 

EPIDEMIA DE NARCISISMO

Corremos el riesgo de culpar a los jóvenes de hoy por su narcisismo, pero buena parte de los estímulos para cultivarlo vienen del mundo adulto, en particular de los padres, que instalan en  su mundo interno una serie de valoraciones o necesidades de reconocimiento externo. Por ejemplo en su deseo de convertirlos en seres especiales -únicos-, escogiéndoles al nacer  nombres que nadie tiene en su sociedad; o a la inversa, poniéndoles un nombre que está “de moda” en las elites admiradas procurando que se parezcan a los “ricos y famosos”. 

Se exaltan atributos para que parezcan niños o jóvenes excepcionales, como la belleza o inteligencia. ¿Cuántas veces al día los padres de niños pequeños le dicen "qué lindo" como reacción a cualquier dibujo o composición con materiales plásticos que hacen? Esa reiteración de elogios no solo puede terminar banalizando lo que hacen, sino que golpea la independencia y capacidad de expresar lo que emerge de su mundo interno, habida cuenta  que hacen estas cosas sin ninguna intención de ser evaluados o premiados. Esa tendencia a decirles "qué lindo" puede condicionarlos para que se angustien cuando no les digan nada,  convirtiéndolos en  "buscadores  de reconocimiento",  lo que se contradice con el desarrollo de su alma autónoma, capaz de expresarse con libertad y espontaneidad.

Una vez que queda instalada la idea de que uno vale por lo que les gusta o agrada a los demás y que para estar bien uno tiene que ser o verse mejor que otro, ocurre una consecuente desvalorización de lo que uno vale por sí mismo y de su mundo interno. Así queda trazada la ruta hacia la  búsqueda de parecerse a los otros, los exitosos, famosos, los que reciben los elogios del público. 

Hoy en día nos vivimos rodeados de individuos con trastornos depresivos, apáticos, tristes, sin ganas de vivir y por otro lado individuos engreídos, egocéntricos, manipuladores, socialmente destructivos, que demandan admiración y prestigio. Todos ellos encubren una fuerte  sensación de pérdida de su yo, vacío y falta de sentido de sus vidas, con relaciones interpersonales superficiales e insatisfactorias, fruto del espíritu competitivo y el excesivo individualismo. Vivimos en una cultura que impulsa a marcar las diferencias y orgullo por pertenecer a una élite y la exacerbada  necesidad de triunfo y reconocimiento en las relaciones comerciales, humanas, deportivas, etc. Se suple la ética por la estética y se sustituye los compromisos  personales por contratos para relaciones temporales. En suma, hay demasiados  seres humanos que no tienen un proyecto de vida significativo.

EFECTO CONTRARIO

Los efectos del narcisismo terminan siendo los opuestos de aquellos a los que aspiraban cultivar los proponentes de prestar atención a la autoestima de los niños, lo que  supuestamente iba a prevenir la agresión, materialismo, falta de consideración por los demás y superficialidad. Tenemos niños que postean sus imágenes, agresiones o amoríos en youtube con afanes exhibicionistas; un acceso prematuro al maquillaje y cirugías plásticas, a vestirse, peinarse o tatuarse a la moda; familias que se endeudan más allá de sus posibilidades para satisfacer la adquisición de casas más grandes, decorados y otras ampliaciones que cultivan sus vanidades; creciente número de fraudes cometidos para tener ingresos que permitan cubrir una vida de lujos, etc. Todas ellas son expresiones de la epidemia narcisista. Cada vez hay más falsos ricos (viviendo de deudas), falsos atletas (que se estimulan con drogas), falsas bellezas (modeladas con cirugías plásticas y cosméticos), falsas celebridades (creadas en youtube), falsos genios (producto de la  inflación de notas), falsos sentimientos de ser especiales (producto de un cultivo desbordado de la autoestima),  y falsos amigos (creados en las redes virtuales). Todos ellos conforman una sociedad llena de corrosivo narcisismo, superficialidad, vacío espiritual y vanidad, que reduce la importancia de los vínculos emocionales más auténticos y denota una gran falta de valores, aquellos de los que suelen hablar los padres cuando explican cuál les gustaría que sea la columna vertebral ética de sus hijos como producto de su educación.  

¿QUÉ HACER?  

En lugar de limitarse a pedir a los colegios que se ocupen de esa difusa tarea de “educar en valores” a sus hijos, los padres debieran orientar la crianza de sus hijos para que sean capaces de levantarse diariamente y decir “me siento bien conmigo mismo”. Aceptar que uno no se parece a una estrella de Hollywood o un atleta o deportista exitoso porque esas son figuras fabricadas y maquilladas (como los payasos); ayudarlos a conocer cómo son en la vida real estas estrellas, sus frustraciones, vicios, y lo que les pasa  años después de sus cirugías o de sus años de triunfos y popularidad. También es importante tener discusiones francas y abiertas sobre sus cuerpos y las razones detrás de sus expectativas de modificarlos con cirugías estéticas o empaquetándolos con todo tipo de  vestimentas “sexys”.  Finalmente, lo más potente es criarse en un ambiente de aceptación por parte de pares, en el que no hay que estar aparentando lo que no se es porque se tiene amigos que lo aceptan a uno como es y que  respetan las diferencias; vivir en un medio en el que no hay bullying entre pares que interactúan porque se respetan y quieren como son, poniendo en juego una gran fortaleza en valores como solidaridad, generosidad e inclusión. En lugar de apelar a tantas terapias, los  padres debieran procurarle a sus hijos el mejor ambiente para su desarrollo social y emocional estable. 

Libro de referencia The Narcissism Epidemic: Living in the Age of Entitlement
by Jean M. Twenge and W. Keith Campbell Published in April 2009 by Free Press, a division of Simon & Schuster, Inc.

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Artículo afín de otros autores: El peligro de criar niños narcisos  por María Cristina Jurado (El Mercurio (Chile) reproducido por el Tiempo de Colombia el 10 05 2015)

La actitud de los progenitores no es totalmente responsable del narcisismo de un niño.

Brad Bushman, doctor en psicología social y profesor de Comunicación Social en la Universidad de Ohio, cambió la forma de criar a sus tres hijos al terminar, a finales del 2014, una de las investigaciones más novedosas de su carrera. “Nuestros hallazgos científicos, que nos tomaron dos años, nos mostraron que un niño sobrevalorado por sus padres será probablemente un joven y un adulto narciso, que tendrá dificultades para funcionar en sociedad”, dice este psicólogo con 30 años de experiencia.

El experto se puso una meta desde entonces: decirles a sus hijos “los quiero mucho”, en vez de “ustedes son lo mejor”, para enseñarles que cada miembro de la raza humana es igualmente valioso.

La creencia es compartida por Eddie Brummelman, coinvestigador del estudio ‘Mi hijo es el regalo de Dios a la humanidad: desarrollo y validación de la escala de sobrevaloración parental’. “Se llega más lejos en la vida tras sentirse amado y aceptado, que luego de creerse el niño-rey”, advierte.

Este investigador de la Universidad de Ámsterdam es uno de los cuatro científicos que trabajaron de manera activa en Europa para complementar el trabajo de Bushman. En equipo, este año produjeron el que se considera el primer estudio longitudinal sobre los orígenes del narcisismo, publicado en febrero en el Journal of Personality and Social Psychology de Estados Unidos.

“El narcisismo tiene profunda influencia en la sociedad. Es un rasgo de personalidad negativo, hasta peligroso, porque va unido a altos niveles de agresividad y a muy bajos niveles de empatía. Hasta aquí, la ciencia no había estudiado sus orígenes; nosotros quisimos averiguar cómo se desarrolla en un niño, porque todo parte en la infancia. Descubrimos que los padres que sobrevaloran a sus hijos tienden a construir narcisos”, dice Bushman.

Y agrega: “Es una forma de crianza arriesgada: si un niño en pleno crecimiento se convence de que es el mejor de todos, jamás querrá mejorar ni corregirse como adulto. Si los padres entienden este riesgo, si aprenden y reflexionan, pueden transformarse en un instrumento de educación potente”.

Por su parte, Brummelman sostiene: “El narcisismo es un rasgo fascinante de la personalidad. Los niños narcisistas se sienten superiores a sus pares, están convencidos de que ameritan todos los privilegios y su meta es ser admirados. Pero estudios han probado que cuando un narciso es rechazado o humillado, puede desatar una tormenta de agresiones –explica–. Un adulto narciso puede convertirse en un peligro para la sociedad y nunca vivirá una vida equilibrada. Porque, tarde o temprano, la realidad contradice sus creencias: nuestras mediciones probaron que los narcisos no son, necesariamente, más inteligentes ni tienen mejores notas ni les va mejor en la vida que a sus pares”.

Padres narcisos

Otra dimensión que afloró en este estudio es el nexo directo entre padres que son narcisos y su mayor tendencia a la sobrevaloración de sus hijos. “Los padres tienden a mirar a sus niños con anteojos color rosa, pero hay tendencias diversas. Desde la psicología antigua, los teóricos han observado que algunos padres poseen visiones infladas y poco realistas de sus hijos. La sobrevaloración filial fue un concepto introducido por primera vez en psicología por Freud. Ella es especialmente alta en padres narcisistas. Perciben a sus hijos como más inteligentes de lo que sus tests de coeficiente intelectual prueban”, indica el estudio.

No obstante, la actitud de los progenitores no es totalmente responsable del narcisismo de un niño. Hay otros poderosos factores que inciden, como la carga genética y los rasgos propios del temperamento.

Rasgos de personalidad

La infancia tardía –entre 7 y 12 años– es la edad en que afloran rasgos de la personalidad que permiten visualizar el narcisismo incipiente, de acuerdo con Brummelman.

Y es que en este periodo de la vida, un niño ya adquirió suficiente capacidad cognitiva para poder autoevaluarse desde la perspectiva de los otros. Las encuestas midieron narcisismo, autoestima, sobrevaloración parental, calidez emocional. El resultado del trabajo científico apoyó la teoría del aprendizaje social: todos los niños con rasgos claros de narcisismo habían llegado a ese estado por tener padres que los sobrevaloraban.

Es fácil para un niño que recién despunta al mundo el “creerse el cuento”, si lo escucha permanentemente de sus máximas figuras de respeto: sus padres. “Es normal que si un pequeño escucha día a día que es el mejor, el más inteligente, el más capaz y el más bello, lo interiorice. Al crecer, sus expectativas pueden estrellarse con la realidad”, agrega Brummelman.

Otra sorpresa de este revolucionario estudio fue que se probó que los padres que crían a sus hijos con calidez y les brindan atención emocional y contención producen niños seguros de sí mismos y con alta autoestima, aunque jamás hayan escuchado “que son los mejores”. Eso, porque la contención emocional no está ligada a la sobrevaloración. Estos niños, además de estar mejor armados en la vida, dicen Bushman y Brummelman, no correrán riesgo de sufrir algunos trastornos de la salud mental que sí acechan a los narcisos en la adultez.

Y, debido a las huellas de individualismo exacerbado presentes en las personalidades narcisas, estudios anteriores en psicología observaron que “personas de culturas individualistas como la occidental corren riesgo de sufrir niveles más altos de narcisismo que las culturas colectivistas, como las orientales, por ejemplo China”, señala el holandés.

Pero ¿un hijo único está en mayor riesgo de ser un narciso? “Sí, corre un riesgo ligeramente mayor. Pero, una vez más, todo recae en la crianza que reciba”, indica el estudio.

El doctor en psicología de la Universidad de Mississippi del Sur Christopher Barry concluyó en su investigación ‘Narcisismo y maquiavelismo en los jóvenes’, del 2010, que, simplemente, los narcisos no son felices. “Un mundo narciso sería un lugar muy solitario. Quien padece este rasgo, si bien hace amigos fácilmente, no los conserva. Tiene una visión inflada de sus cualidades, reñida con la realidad, lo que dificulta sus relaciones”, señala Barry. Y las investigaciones de Jean Twenge, doctora en psicología de la Universidad de San Diego, comprobaron que, en un cuarto de siglo –entre 1982 y 2006–, los rasgos de narcisismo entre los estudiantes universitarios estadounidenses habían aumentado notoriamente, lo que la crisis económica hizo menguar. Dice Twenge: “Las estadísticas de narcisos entre los universitarios de este país iba en alza por más de 20 años, apoyados en el éxito, el crédito fácil y en una sociedad altamente individualista. Aunque la crisis financiera bajó en algo las cifras, otras fuerzas culturales, como las redes sociales, y en especial los padres, empujan las estadísticas hacia el narcisismo”. Influye igualmente una sociedad que va en aumento en sus niveles de individualismo y materialismo.

El estudio de Brummelman, Bushman y su equipo probó con creces que, a veces, los padres llegan a extremos. En uno de los bloques de su investigación, la sobrevaloración paternal rozó los límites de la imaginación.

“A los padres participantes se les presentaron 80 términos de diferentes temas, desde geografía mundial hasta palabras y personajes que un niño debiera conocer a esa edad. Por ejemplo, Primera Guerra Mundial y El Mago de Oz. De ellos, 20 eran inventados por nosotros, personajes como Reina Alberta y cuentos como La princesa y las uvas. Nos dimos cuenta de que los padres que más sobrevaloraban a sus hijos afirmaban que sus pequeños conocían incluso estas palabras inventadas”, concluyó la investigación.

Cerca de mil encuestas

Los autores del estudio establecieron una escala de sobrevaloración parental (POS).

Para ello, encuestaron a casi mil personas, entre los siete y los 74 años; en total, 565 escolares, entre 7 y 11 años, además de sus padres y madres.

Los investigadores confrontaron dos premisas: la teoría del aprendizaje social, que apoya la idea de que el narcisismo es causado por sobrevaloración parental, y la teoría psicoanalítica, que responsabiliza del narcisismo a la falta de calidez emocional en la crianza.

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