El valor de las humanidades (incluso para empresas y profesionales con orientación científica o tecnológica) Padres Cosas # 199

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La importancia de ser humanos  (Revista Padres-Cosas # 199 del 03 02 2015) 

El sentido común en nuestros tiempos asume que el avance de las sociedades depende principalmente de los desarrollos de la economía, ciencia y tecnología, por lo que se suele valorar más los logros escolares en matemáticas y ciencias y las elecciones profesionales en las áreas de ingeniería, informática, medicina o ciencias además de economía y negocios.    
Por mi parte yo suelo aconsejar a los padres que animen a sus hijos a interesarse también por las artes y humanidades, y si es posible cuando vayan a la universidad intentar graduarse en dos  carreras o posgrados: una de ciencias naturales o sociales y otra de humanidades. Con ello tendrán muchas más ventajas que la súper especialización en una sola área académica. En esta columna les explicaré las razones, sintonizando con interesantes conceptos que encontré en el libro “Excellent Sheep” (W. Deresiewicz, capítulo 8). 

La Asociación de Colleges y Universidades Americanas en reciente encuesta a 318 grandes empleadores de graduados encontró que el 93% aspira a que los candidatos demuestren capacidad para el pensamiento crítico, comunicación solvente (oral, escrita y audiovisual) y capacidad de resolver problemas complejos, más que tener una reputada maestría. Solo 16% dijo que el conocimiento o habilidad específica era lo más importante. En la misma encuesta el 67% considera que los graduados tienen las habilidades para entrar a la empresa pero solo 44% tiene lo necesario para avanzar y ascender en ella. Apenas el 25% tiene las habilidades de redacción y pensamiento requeridos para hacer sus trabajos. (“Your College Major Is a Minor Issue, Employers Say” Melissa Korn, The Wall Street  Journal, 10/04/2013). La pregunta es si un estudiante curtido por ejemplo en literatura, filosofía o arte no ha cultivado esas aptitudes tanto o más que uno especializado de informática o ciencias.
 
Por lo general el conocimiento científico está referido a realidades externas, que ocurren en el mundo real fuera de las mentes y son pasibles de ser observados objetivamente. En cambio las  humanidades están referidas al sentir subjetivo frente a la realidad. Las ciencias buscan fórmulas y las humanidades historias. El científico procura ser objetivo y apela al lenguaje impersonal de los números o fórmulas, en cambio el conocimiento humanístico no es verificable, cuantificable o reproductible, ni puede ser expresado en forma de leyes o ecuaciones porque cambia de cultura en cultura y de individuo en individuo, por lo que no es un asunto de calcular sino de interpretar. Cuando uno analiza una obra literaria, musical o plástica no se pregunta cuánto mide o pesa, sino qué significa. En suma en las humanidades se busca el conocimiento por sí mismo, se confronta  argumentos para elaborar el propio,  se considera una variedad de perspectivas posibles tomando el cuenta que el conocimiento es efímero y se renueva constantemente. 

Educarse en las humanidades significa sumergirse y apreciar todo esto, aprender no solo a pensar sino a reconocer que hay distintas maneras de pensar. Por ejemplo el comportamiento humano se puede estudiar desde la perspectiva psicológica, que es distinta a la literaria, filosófica, histórica, antropológica, sociológica, etc.

La literatura tiene el poder de permitir verse a uno en otros y a otros en uno. Cuando uno lee en distintos lugares y tiempos por ejemplo a Romero  Julieta, Ulises, La Cenicienta, Los Tres Mosqueteros, Paco Yunque, vemos nuestra naturaleza reflejada en otros, y vemos a distintos tipos de personajes que existen en nuestras vidas reales… con ello la literatura se vuelve  un gran mapa del futuro y ayudan a imaginar rutas alternativas para nuestras vidas. 

Las artes liberales ayudan a convertir las certidumbres en cuestionamientos, especialmente en asuntos de orden ético y existencial; modelan nuestras convicciones de quiénes queremos ser y cómo deberían ser nuestros actos. La literatura nos lleva a pensar en nuestras vidas. Además, nos ayuda a asumir una lección fundamental: no somos el centro del universo y los otros no fueron creados para beneficio de uno. El arte enseña la empatía y cultiva la inteligencia emocional. En suma, puede ayudar a hacer de nosotros mejores personas.

Las humanidades recuperan todo aquello que la ciencias sociales eliminan por simplificación. Por ejemplo la economía sostiene que las personas son actores racionales que siempre buscan que maximizar su interés material, cosa que frecuentemente no se da así con los personajes de la literatura. Las humanidades además son disciplinas históricas, ya que no se puede entender el mundo o a uno mismo sin entender el pasado que es donde se originan gran parte de los pensamientos y sentimientos. Del pasado emerge el presente, pero es distinto a él. Enseña que las cosas no tienen por qué ser iguales a lo que son ahora. Permite ver que nuestro pensamiento convencional es temporal, cultural; no es eterno. Nos ofrece una ventana para escapar del presente. Nos dice que las cosas pueden cambiar, y no solo no tienen que ser como lo han sido antes, sino que de seguro en el futuro serán distintas a lo que son hoy. Estudiar el pasado, en suma, nos ayuda a crear el futuro.  

Deresiewicz demuestra que en Estados Unidos tener una carrera profesional sólo en el corto plazo remunera más que la carrera académica (en humanidades), porque esa ventaja desaparece al  cabo de una década. Eso hay que tomarlo en cuenta cuando pensamos que una buena educación  no debe preparar para un trabajo inicial sino para toda la vida laboral. Ofrece datos que muestran que los empresarios norteamericanos contratan hoy en día 34% de egresados de las ingenierías, pero el 30% son de las carreras humanísticas, muy por encima del 18% de las carreras contables y financieras. Estas empresas están buscando cada vez más las habilidades blandas (que deben cultivarse a lo largo de la formación) y no tanto las duras (que pueden aprenderse cuando se  requieren inclusive dentro de la empresa).

Tony Golsby Smith, uno de los consultores más importantes de Australia, escribió “Want Innovative Thinking? Hire from the Humanities” (Harvard Business Review, 31/3/2011).  Sostiene que quien  estudia la poesía de Shakespeare, o la pintura de Cezanne, ha aprendido a manejarse con los conceptos grandes, y aplicar nuevas formas de pensar a problemas difíciles que no pueden resolverse por las vías convencionales. Quienes tienen posgrados en humanidades tienen el equipaje adecuado para lidiar con la ambigüedad y la complejidad, el pensamiento creativo, la  comunicación persuasiva, y entender las necesidades de los empleados y los clientes.  Por eso consultoras como McKinsey cada vez contratan más egresados de las humanidades para sus  equipos de consultoría. 

En una economía global que depende de la creatividad y la innovación, se necesita gente que continuamente aprenda, crezca y reinvente, más aún en empresas de high tech en las que el conocimiento existente es cada vez menos relevante y lo es más saber qué hacer con él.  Países con China, India, Singapur, a pesar de sus notables puntajes en las pruebas internacionales PISA están en busca de ese pensamiento creativo e independiente que les hace falta. La Universidad Nacional de Singapur acaba de hacer un convenio con la Universidad de Yale para la enseñanza de las humanidades. El prestigioso Instituto de Tecnología ITT de India está aumentando la cuota de cursos de humanidades en su currículo. Y así sucesivamente.

Asumir esto es problemático para sociedades como la peruana que encumbran el valor de las matemáticas como la llave para el éxito escolar y universitario. Basta ver la cantidad de horas que se le dedica en el currículo escolar y su omnipresencia en las evaluaciones de ingreso a las universidades.    
En mi experiencia personal he encontrado que los profesionales y docentes que han estudiado  artes o humanidades como parte de su formación escolar y universitaria, suelen tener una mayor  apertura al pensamiento interdisciplinario y humanístico y hacia preocupaciones sociales que quienes no  tuvieron la oportunidad de hacerlo. Sin embargo, nada de esto pretende desconocer que hay un enorme espacio ocupacional para los profesionales graduados en las ciencias naturales o sociales. Lo que sostengo es que si esa formación se acompaña con una buena dosis de estudios en arte o humanidades, los graduados tendrán enormes ventajas en el corto y largo plazo.

 

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