Errores en la Educación Judía en la Diáspora

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Errores en la Educación Judía en la Diáspora

Por León Trahtemberg Lima-Perú  Radio Jai (Argentina) 26 01 2015  y Aurora (Israel) 05 02 2015 OLEI 5 2 2015 

Una de las dificultades que encuentro en muchos correligionarios es la de mirar más comprehensivamente las dos caras de la moneda en el conflicto entre Israel y los árabes (y más  específicamente los palestinos), y de entender las particularidades del judaísmo, el cristianismo y el islam, intentando comprender a c/u desde los anteojos de los portadores de cada identidad y no desde los nuestros.  En el primer caso hay un marcado sesgo pro israelí que idealiza lo que hagan sus gobiernos y por otro lado confunde, ignora o tergiversa muchos factores que le son relevantes al otro. En el segundo,  como dice el profesor Moshé Sharon “cuando en occidente hablamos sobre el Islam, tratamos de utilizar nuestro idioma y aplicar nuestra terminología. Hablamos del Islam en términos de democracia, fundamentalismo, parlamentarismo y toda clase de términos tomados directamente de nuestro léxico. Mi profesor, uno de los principales orientalistas en el mundo, dice que hacer esto equivale a un reportero tratando de escribir una nota sobre un partido de críquet usando términos del béisbol. No se puede utilizar para una cultura o civilización el lenguaje de otra. Para el Islam, usted tiene que utilizar el idioma del Islam” (Para entender el Islam, Moshe Sharon, UHJ 27/9/2006).
  
Tengo la impresión que en los colegios judíos, movimientos juveniles y sinagogas hay mucha militancia por la causa judía y sionista en un afán de fortalecer la identidad judía y sionista de los alumnos y de dotarlos de la información relevante para conocer a fondo los temas que tocan a la existencia del pueblo judío. Eso está bien, sin embargo no son suficientemente fuertes cuando se trata de darles  la  posibilidad de ver las cosas con los ojos de los palestinos, los cristianos o musulmanes, según el caso, para ampliar su comprensión de esos temas tan conflictivos y evitar el sentido de sorpresa, indefensión, apatía o respuesta hepática cuando ocurren cosas en el medio oriente que los judíos no logran entender sobre las cuales son interpelados. De allí que es difícil encontrar en las comunidades latinoamericanas voceros calificados y persuasivos que den la cara por Israel tanto en épocas de tranquilidad como en las que hay conflictos sangrientos por explicar  respecto al  medio oriente o el mundo en general. De allí también que muchos judíos prefieren mantenerse silenciosos respecto a Israel cuando los medios sistemáticamente desarrollan una cobertura hostil a sus posiciones nacionales, lo que es incómodo para quien no tiene una comprensión cabal del porqué de esas confrontaciones ni el entrenamiento para lidiar con ellas.  

Sin duda las preguntas, críticas o cuestionamientos que los judíos nos hacemos sobre el judaísmo o sobre Israel, o las convicciones de "tener la razón" que solemos sostener, no son las mismas que las que se hacen quienes no son judíos y menos aún si es que son árabes o musulmanes.  Lamentablemente el contexto de una vida comunitaria centrada en sí misma, que desarrolló la estrategia de colegios judíos para judíos alimentada además por posturas como “no te juntes con los que no son judíos” -para prevenir la asimilación- lejos de lograr fortalecernos, han creado carencias en nuestra comprensión del mundo. Si conocer la identidad, visiones y costumbres de “otros” pone en riesgo las “nuestras”, algo anda mal en las “nuestras”.  Al final de cuentas, lo que le estamos criticando a los árabes y musulmanes -así como a las diversas sociedades cristianas por el mundo-  es que entiendan nuestras particularidades, sensibilidades, tradiciones, las respeten y nos permitan vivir en paz con ellas. ¿Hacemos lo mismo nosotros respecto a los otros? 

Aclaro que no objeto la existencia de colegios o movimientos juveniles judíos que son espacios necesarios e importantes que pueden permitir una ventajosa educación judía. Estoy hablando de los enfoques  pedagógicos y culturales que se desarrollan en muchos de ellos que lindan con el mismo tipo de adoctrinamiento o fanatismo que criticamos en otros.         

Digo todo esto porque veo constantemente por parte de correligionarios judíos de diversos países una enorme dificultad por entender los puntos de vista de quienes no son judíos que tienen una postura crítica hacia los judíos o Israel, y una frecuente actitud de ver como enemigos o antisemitas a quienes hacen señalamientos que cuestionan cosas que hacen los judíos o Israel,  cuando pueden nacer de la ignorancia o de convicciones asumidas de buena fe. (Excluyo, claro, a  los críticos que tienen un militante afán de destruirnos o nos atacan por seguir consignas o conveniencias que no nacen de la buena voluntad de entender las cosas sino del alquiler de sus versiones y plumas). Esto se hace más patético por ejemplo cuando lo mismo que dice un israelí  opositor a su gobierno lo dice un gentil o palestino, es asumido como expresión de un inaceptable  antisemitismo o como parte de una alianza para destruir a Israel.     

Creo que los judíos y sionistas tenemos mucho de qué enorgullecernos por los pilares que sostienen al judaísmo, nuestras comunidades, colegios y movimientos juveniles,  y por los valores que encontramos en la creación y desarrollo de Israel en sus múltiples facetas sociales y   nacionales. He estado por décadas en la primera línea para darlo a conocer al mundo gentil. Pero  eso no implica desconocer que algunas de las estrategias que hemos utilizado no nos han ayudado  a entender el mundo, la geopolítica, la política real, los intereses que mueven a las naciones y las visiones culturales diversas que existen en el planeta.  Tratar de explicarnos todo lo que pasa en relación al judaísmo o a Israel solamente desde el punto de vista de la concepción de mundo de los judíos y "su verdad" termina siendo bastante limitante. La educación judía siglo XXI debería  replantearse todos estos asuntos.   

Publicado el 26 01 2015 en Radio Jai Argentina 

Publicado el 05 02 2015 en Aurora - Israel  

Publicado el 05 02 2015 en OLEI  

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Artículo de otro autor afín

4 Things the Jewish Community Needs To Be Called Out On, Steve Gutow October 13, 2015

Last June, a group of Israeli journalists from left to right, from Haaretz to Israel Hayom, asked me, the president of the Jewish Council for Public Affairs: “How long can you hold off BDS?”

I told them that only Israel could hold off BDS. We would do what we could here in America, but unless Israel could show the world that it cared about the generations of Palestinians who have lived in a state of poverty and lack of freedom, it would be hard to convince those who lean toward BDS to lean the other way instead. Israelis do not have to give an inch on matters of security; they do have to change their words and actions on matters of compassion. And we have work to do here, too.

As I prepare to leave my position at the Jewish Council for Public Affairs after a ten-year tenure, I see four major challenges facing our community:

1) Our attitude toward the Palestinians

With escalating violence in Israel, this is not an easy time to say this, but if the Jewish community is to have any credibility when we stand up for Israel and fight against BDS, we must be able to criticize Israel in a seemly way when we disagree with its policies — not just on issues of democracy in Israel but also on issues dealing with the Palestinians.

When I spoke to the above-mentioned Israeli journalists, I told them about my dream — or nightmare, really — that one day I would be standing at Beit Tzahur, a Palestinian village across from Gilo, with a Christian leader who has been staunchly anti-BDS. In this nightmare, we look down on the Jordan Valley and see a large beautiful highway that approaches gleaming settlements. A broken road traverses the same path, going from pathetic little village to little village. She asks me without rancor, “Isn’t this the kind of situation that we have spent our lives fighting against?”

I don’t answer, but I know that we must open our hearts to the plight of the Palestinians. We must talk about our concern. And we must ask Israeli leaders to be willing to put resources into building Palestinian infrastructure — not resources that would threaten Israel’s security, but resources that will build the lives of the Palestinian people.

The Israeli journalists I addressed, even the most liberal ones, seemed to find it difficult to contemplate the very idea of real compassion and empathy for the Palestinians. But it is absolutely necessary for us as a moral and politically astute community, if we want to slow or stop the growth of BDS. We resist acknowledging this at our own peril.

2) The incivility of our discourse

The way Jewish organizations and Jewish people speak about each other cannot help our cause nor lead to good decision-making. The way some speak negatively about J Street, a clear supporter of Israel as a Jewish state, cannot possibly do anything but drive those on the moderate left away from Israel. The very notion that those who opposed the Iran treaty simply wanted war flies in the face of most of those people whom I know. Equally farfetched was the charge that those who supported the deal were traitors and that President Barack Obama was Neville Chamberlain.

Let’s have the courage to take on those who make ad hominem attacks on others. Justice and civility are two sides of the same coin.

3) The outsize influence of our donors

Another challenge is money. We cannot allow money to make the community’s decisions. Wealthy people often have the wisdom to make money but not necessarily to decide about war and peace, how much to spend on education, how best to deal with immigration or prisons. In our community, there is this strange hegemony of big donors demanding control of decisions. They should have a vote, but, as we say in my Reconstructionist movement, not a veto over what we do and do not do.

When I was younger and on the Dallas Federation Board, a wealthy businessman at a board meeting announced that he was making a large gift to a project that he wanted to see happen but that had not gone through our process. In the 1980s that board said without pause: No, that is not how we do it here in Dallas. Would that happen today?

4) Our insularity

Finally, we must continue to ensure that our community understands the need to balance the universal with the particular. We cannot be a whole community in America and worry only about Israel, anti-Semitism and Jewish issues.

Our ethics and our texts and our experiences require us to worry about the poor; to demand that Darfuris, Yazidis and Royhingas not be killed and raped and moved from their homes; to insist that immigrants coming to this country as “the other” not be left to die in their oppressive homelands but have a chance here; and to ensure that the environment God gave us not be destroyed.

Our young people are not insular. They care about the whole world; every survey shows this. If we are unwilling to join them, they will look elsewhere. That is a sure way for this community not to continue being vibrant.

Rabbi Steve Gutow is outgoing president of the Jewish Council for Public Affairs. This op-ed is excerpted from his keynote address October 11 to the JCPA Jewish Community Town Hall.

http://forward.com/opinion/322480/3-things-american-jews-need-to-be-called-out-on/