Comunidades Judías siglo XXI siguen usando herramientas siglo XX

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico


Add this to your website

No deja de sorprenderme la cantidad de energía judía dedicada a lamentaciones y análisis post facto sobre los problemas y sufrimientos que encaran las comunidades judías cuando estalla un conflicto entre Israel y sus enemigos (como viene ocurriendo sistemáticamente con Hamas, Hizballah y las revueltas palestinas), en lugar de ocuparse de ser pro activos gestando  iniciativas que funcionen cuando se den estos contextos de estallidos bélicos.

En el Octavo Foro Estratégico para Representantes de Comunidades Judías de Iberoamérica  realizado por  el Comité Judío Americano en Miami del 12 al 14 de diciembre participaron 70 líderes judíos que hicieron una evaluación de la situación en la región luego del conflicto entre Israel y la Franja de Gaza denominado Operación Margen Protector. 

No he tenido acceso a todas las ponencias pero sí a los rebotes en la prensa y la verdad es que no son muy distintos a los esperados porque se vienen repitiendo cada vez que hay un conflicto similar. Me pregunto si toda esta gente de buena voluntad que se congrega no estará analizando las realidades de las comunidades judías con la óptica y herramientas conceptuales del siglo XX en vez de las requeridas para estos tiempos.

Era predecible lo que pasaría en los medios, gobiernos y sociedades latinoamericanas en caso de conflicto entre Israel y Hamas o Hizballah,  porque ya ocurrió y seguirá ocurriendo una tras otra, casi como un calco. 

Me atrevo a pronosticar que si mañana estalla otra acción de Israel en respuesta a provocaciones de Hamas o Hizballah, los medios, gobiernos y sociedades reaccionarán igual contra Israel y con una fuerte carga de antisemitismo.  ¿Por qué sorprende? ¿Por qué la actuación reactiva en vez de pro activa? ¿Por qué no usar el talento de los dirigentes y activistas para cambiar ese escenario previsible en lugar de lamentarse cada vez que se repite? 
Veamos. 

1) ¿No era previsible que las comunidades reaccionarían con sorpresa ante la avalancha  de los medios contra Israel, cargados de insinuaciones o ataques explícitos contra los judíos? 

2) ¿No era previsible que con el paso de los días ese clima hostil daría lugar a manifestaciones y maniobras políticas para que los gobernantes o cancillerías censuren a Israel, sea que mencionen o no las provocaciones del Hamas?

3) ¿No era previsible que los voceros palestinos saldrían de inmediato a los medios a atacar a Israel, a activar sus resortes en el aparato político nacional e internacional (ONU, Mercosur, países con fuertes relaciones con Irán), y que no habrían voceros locales calificados para dar la cara por la causa de Israel?

4) ¿No era previsible que las redes sociales promoverían una avalancha de propaganda, videos, textos, slogans, visiones sesgadas y rebotes de imágenes condenatorias de Israel?   

5) ¿No era visible que los medios de comunicación internacionales responderían acorde a sus intereses con  el mundo árabe y a las presiones de Hamas contra la prensa instalada en su territorio para  reportar contra Israel en un proceso cuya misión de mediano plazo es la de deslegitimar a Israel? 

En buena parte del siglo XX, el romanticismo en torno a Israel -desde su origen posterior al Holocausto hasta sus triunfos militares notables como el de la Guerra de los 6 días y algunas de sus atrevidas incursiones militares como la del reactor nuclear Osirak sumado al magnetismo de sus líderes históricos (del que sólo queda el nonagenario Shimón Peres)- alcanzaba para prestigiar a Israel. Sus continuos aportes a la industria militar, agrícola, a la ciencia, tecnología, medicina, sus start ups y la exitosa cooperación internacional también prestigiaban a Israel. Pero era una época en la que el mundo árabe aún no estaba organizado para canalizar y financiar masivamente sus esfuerzos políticos y económicos contra Israel. Aún la amenaza del terrorismo y fundamentalismo islámico no se consolidaba, ni tampoco hacían sentir su peso las demandas de las poblaciones de migrantes islámicos y árabes radicales en las principales capitales de Europa, cuyas agendas tienen actualmente la censura a Israel en primer plano.  

Si las comunidades judías quieren que exista una postura más balanceada y comprensiva a las razones y acciones de Israel en los momentos de conflicto bélico por parte de los gobiernos,  medios y poblaciones de los países en los que residen, sin duda lo que están haciendo en estos tiempos no da ni dará buenos resultados. Con tantos expertos en planificación estratégica podríamos tener mayor claridad sobre qué hacer para lograr los objetivos. El problema es que eso debe incluir una severa auto crítica comunitaria y también crítica respecto a cómo abordar las decisiones cuestionables e irritantes del gobierno de Israel que usualmente las comunidades prefieren no tocar o no saben cómo lidiar con ellas. Más aún, cuando a los críticos de la política israelí les basta con citar voces de israelíes prestigiados que en estos temas vitales cuestionan o censuran a su propio gobierno. El argumento de que eso evidencia que Israel es una democracia no alcanza para opacar los argumentos de los opositores. 

La formación de voceros judíos calificados y reputados para hablar en los medios sobre los temas candentes, la creación de una red de contactos cruciales en los medios, las acciones que prestigian a las comunidades judías en las sociedades nacionales en las que están insertadas, y el logro de una imagen balanceada de Israel sobre sus acciones militares, se gestan en el trabajo previo a algún conflicto, no durante ni después de él. Por alguna preocupante razón, algo tan elemental como esto no está instalado con la debida convicción  en las agendas comunitarias. 

 
 
Artículo afin
 
 

Artículo de otro autor afín

4 Things the Jewish Community Needs To Be Called Out On, Steve Gutow October 13, 2015

Last June, a group of Israeli journalists from left to right, from Haaretz to Israel Hayom, asked me, the president of the Jewish Council for Public Affairs: “How long can you hold off BDS?”

I told them that only Israel could hold off BDS. We would do what we could here in America, but unless Israel could show the world that it cared about the generations of Palestinians who have lived in a state of poverty and lack of freedom, it would be hard to convince those who lean toward BDS to lean the other way instead. Israelis do not have to give an inch on matters of security; they do have to change their words and actions on matters of compassion. And we have work to do here, too.

As I prepare to leave my position at the Jewish Council for Public Affairs after a ten-year tenure, I see four major challenges facing our community:

1) Our attitude toward the Palestinians

With escalating violence in Israel, this is not an easy time to say this, but if the Jewish community is to have any credibility when we stand up for Israel and fight against BDS, we must be able to criticize Israel in a seemly way when we disagree with its policies — not just on issues of democracy in Israel but also on issues dealing with the Palestinians.

When I spoke to the above-mentioned Israeli journalists, I told them about my dream — or nightmare, really — that one day I would be standing at Beit Tzahur, a Palestinian village across from Gilo, with a Christian leader who has been staunchly anti-BDS. In this nightmare, we look down on the Jordan Valley and see a large beautiful highway that approaches gleaming settlements. A broken road traverses the same path, going from pathetic little village to little village. She asks me without rancor, “Isn’t this the kind of situation that we have spent our lives fighting against?”

I don’t answer, but I know that we must open our hearts to the plight of the Palestinians. We must talk about our concern. And we must ask Israeli leaders to be willing to put resources into building Palestinian infrastructure — not resources that would threaten Israel’s security, but resources that will build the lives of the Palestinian people.

The Israeli journalists I addressed, even the most liberal ones, seemed to find it difficult to contemplate the very idea of real compassion and empathy for the Palestinians. But it is absolutely necessary for us as a moral and politically astute community, if we want to slow or stop the growth of BDS. We resist acknowledging this at our own peril.

2) The incivility of our discourse

The way Jewish organizations and Jewish people speak about each other cannot help our cause nor lead to good decision-making. The way some speak negatively about J Street, a clear supporter of Israel as a Jewish state, cannot possibly do anything but drive those on the moderate left away from Israel. The very notion that those who opposed the Iran treaty simply wanted war flies in the face of most of those people whom I know. Equally farfetched was the charge that those who supported the deal were traitors and that President Barack Obama was Neville Chamberlain.

Let’s have the courage to take on those who make ad hominem attacks on others. Justice and civility are two sides of the same coin.

3) The outsize influence of our donors

Another challenge is money. We cannot allow money to make the community’s decisions. Wealthy people often have the wisdom to make money but not necessarily to decide about war and peace, how much to spend on education, how best to deal with immigration or prisons. In our community, there is this strange hegemony of big donors demanding control of decisions. They should have a vote, but, as we say in my Reconstructionist movement, not a veto over what we do and do not do.

When I was younger and on the Dallas Federation Board, a wealthy businessman at a board meeting announced that he was making a large gift to a project that he wanted to see happen but that had not gone through our process. In the 1980s that board said without pause: No, that is not how we do it here in Dallas. Would that happen today?

4) Our insularity

Finally, we must continue to ensure that our community understands the need to balance the universal with the particular. We cannot be a whole community in America and worry only about Israel, anti-Semitism and Jewish issues.

Our ethics and our texts and our experiences require us to worry about the poor; to demand that Darfuris, Yazidis and Royhingas not be killed and raped and moved from their homes; to insist that immigrants coming to this country as “the other” not be left to die in their oppressive homelands but have a chance here; and to ensure that the environment God gave us not be destroyed.

Our young people are not insular. They care about the whole world; every survey shows this. If we are unwilling to join them, they will look elsewhere. That is a sure way for this community not to continue being vibrant.

Rabbi Steve Gutow is outgoing president of the Jewish Council for Public Affairs. This op-ed is excerpted from his keynote address October 11 to the JCPA Jewish Community Town Hall.

http://forward.com/opinion/322480/3-things-american-jews-need-to-be-called-out-on/