Indiferencia: NADIE DICE NADA…

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico

El Tiempo 14 06 2014 

Escucho en los medios reiteradas quejas de ciudadanos  y conductores que describen una situación inaceptable y concluyen con la expresión “y nadie dice nada”. Lo escuchamos hace poco con la denuncia de acoso sexual de Magaly  Solier, seguida de diversos actos de corrupción, crímenes, mafias de construcción civil que cobran cupos,  asegurados con problemas de salud que tienen que esperar semanas o meses para ser atendidos u operados,  innecesarias congestiones de transporte que hacen perder miles de horas de trabajo diarias por falta de pistas nuevas y porque no se colocan semáforos o no hay policías  que apoyen la fluidez del tránsito,  las interminables comisiones e intereses que cobran los bancos por sus servicios y tarjetas de crédito, los absurdos cálculos de longevidad de las  AFPs, el pésimo estado de la educación y la seguridad ciudadana, etc. 

Me pregunto ¿no es acaso que la ciudadanía ha sido educada a ser pasiva y resignarse al abuso, maltrato o inclusive mal servicio –así paguen por él-?  Basta visitar la gran mayoría de los centros de educación inicial, colegios y universidades del Perú para darse cuenta que ese es el enfoque educativo con el que se forman los niños y jóvenes peruanos. Se convierte en valor educativo a estar quietos, no hablar, obedecer, cumplir órdenes y consignas sin rebelarse, no discutir lo que dice la autoridad, etc. ¿Acaso educamos a los niños desde pequeños a confrontarse con lo que no les parece bien, a discutir con la autoridad (sin faltar el respeto), a expresar su discrepancia con aquello con lo que no están de acuerdo, a movilizarse colectivamente para cambiar lo que les parece que anda mal? 

En buena cuenta el bullying  escolar florece en ambientes en los que los testigos de un abuso o maltrato en el aula no dicen una palabra. No han sido educados para protestar, confrontar… Los pocos que se rebelan lo hacen desertando o ateniéndose a ser expulsados de las aulas.

Ser profesores de alumnos corderitos es más fácil que serlo de estudiantes activos,  rebeldes, confrontacionales… pero cuando ellos sean adultos, ¿qué tipo de ciudadanos  serán? ¿Aquellos que intervendrán para exigir que se corrija lo que anda mal, o aquellos que verán los abusos y se pondrán de costado?