¡Soy incompetente!: el sentir usual de los escolares

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¿Se sienten competentes o incompetentes los escolares, especialmente los que no tienen promedios elevados o no están en el tercio superior? 

Usualmente a quienes tienen dificultades y son débiles en matemáticas se les exige mayor tiempo, esfuerzo y dedicación a matemáticas; a quienes les  desagrada la literatura o historia les reclaman más dedicación a esas áreas. En  cambio, quienes sobresalen en arte, ciencias o geografía rara vez reciben  palabras de elogio o reconocimiento en la misma proporción que las críticas o amonestaciones por las áreas de bajo desempeño.

Parecería que el mensaje docente fuera “dedícate más a aquello en lo que no te va bien, a tus debilidades, en vez de dedicarte más a aquello en lo que te va bien,  a tus fortalezas”. Me pregunto ¿por qué habrían de disfrutar de la escuela aquellos alumnos a quienes se atosiga con más exigencias inaccesibles y que continuamente afianzan su sentimiento de incompetencia? Estos posiblemente se defenderán memorizando los conceptos, trucos y rutinas que los saquen del apuro, para así cumplir con el guión de la supervivencia escolar, pero luego  olvidarán todo.  

No se trata que el alumno que es débil en un área no se esfuerce por cumplir los  requisitos mínimos que el profesor establezca para tal fin. De lo que se trata es reconocer que no todos los alumnos son iguales y que el que tiene debilidades no tiene por qué sentirse castigado por ellas. El enfoque afectivo del profesor debiera  orientarse hacia fortalecer la autoestima y seguridad del alumno (alentando sus fortalezas) y no a debilitarlas (enfatizando sus debilidades).

No se trata de alentar una educación del tipo “haz lo que quieras, siéntete feliz”, sin apremios ni exigencias. Se trata de producir una educación que coloque retos  accesibles al alcance de los alumnos, que los haga sentir competentes, que les  enseñe a pensar como piensan los historiadores y los científicos (en vez de pensar memorísticamente como los monos o repetir clisés como los  papagayos). 

El éxito en la vida se construye superando dificultades y áreas débiles, pero sobre todo, cultivando y perfeccionando las fortalezas que cada uno tiene.

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