Padres prefieren colegios reputados, así los hijos sufran (versión ampliada)

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Hay colegios que en base a un buen trabajo educativo acumulativo a lo largo de  los años, inteligentemente publicitado, han logrado colocarse en el imaginario colectivo como excelentes colegios, lo que se convierte en un atractivo para padres que buscan precisamente eso para sus hijos. Eso ocurre tanto en la educación pública (sobre todo en capitales de provincias fuera de Lima y en los colegios de Fe y Alegría) como en la educación privada de todos los niveles socioeconómicos.

Muchos de estos colegios privados para mantener su prestigio procuran  seleccionar desde el inicio a alumnos con mayor desarrollo intelectual y luego  retirar en el  camino a los que no se sostienen con las exigencias establecidas. Estas permiten garantizar que los egresados se ubiquen con los mejores puestos en los ingresos a las universidades nacionales y sean bien recibidos por las extranjeras.

El problema es que hay alumnos que habiendo ingresado a estos colegios la pasan mal, ya sea porque no soportan la presión académica, o porque no tienen éxito social, tienen talento en un área que ese colegio no cultiva, o son discriminados por alguna razón étnica, nacional o económica. El drama de estos niños es que pudiendo florecer y brillar en otros colegios, son forzados a quedarse en el escogido por los padres para no perder el valor de la “marca” y al club social que en él se forma (tanto para los niños como para los padres).  

El costo emocional para estos chicos infelices es enorme y casi siempre se lo cobrarán a los padres en algún momento de su vida. Harán cosas para avergonzarlos, culparlos, dañarlos, romperán la comunicación,  acumularán cólera o explotarán haciendo barbaridades, todo ello en venganza por el maltrato al que sus padres los someten “por su bien”, forzándolos a vivir en un ambiente que les resulta ofensivo, hostil y maltratador.

Cuando planteo estas cosas en mis conferencias y encuentros con padres algunos me preguntan  ¿Qué significa colegios más reputados? ¿No ha habido siempre  “nerds” o ”pavos” en todos los colegios?. ¿Y si el cambio a un colegio menos exigente genera una brecha académica que luego lo pone en desventaja para competir  en el ingreso a las mejores universidades? ¿Acaso está proponiendo que es preferible ser cabeza de ratón que cola de león?; etc. Todas ellas son preguntas relevantes y que ayudan a precisar el sentido de todo esto.

Es cierto que existen lo que algunos denominan "pavos", “nerds”, “sujetos de bullying”,  en todos los salones. Así como hay líderes sociales, seguidores, individualistas fuertes, organizadores, líderes de opinión, también hay los llamados "nerds" o "pavos". Un buen colegio  es capaz de trabajar la convivencia armónica entre diferentes, la tolerancia, colocar controles para evitar abusos y alentar al indefenso a fortalecerse. Por eso no se logra siempre, aún con el esfuerzo de profesores y padres.  En ese caso, hay que pensar en otras vías de solución

Por otro lado, el sufrimiento de un niño puede darse en colegios de alta y baja  paga por igual.  Un niño de hogar rico puede ser un marginado en su colegio por el color de su piel, su envergadura, sus limitaciones intelectuales, etc. No pretendo aludir a ninguna categoría específica. Trato de referirme al hijo o hija que sufre, por la razón que sea, en el espacio al que los padres lo obligan a asistir (que para su propia convicción es "el mejor")  y las consecuencias que de ello se derivan. Para competir por el ingreso a la universidad en las mejores condiciones, el niño necesita antes que la preparación académica, la solidez emocional y personalidad segura de sí misma, con alta autoestima, que le permita enfrentarse a los retos de la vida por difíciles que estos sean. Si es apto académicamente, ingresará. Si no lo es, encontrará otros caminos para realizarse como persona.

Por último, quiero asegurarme de no ser mal entendido. No se trata de cambiar de colegio al hijo ante su primera incomodidad o dificultad escolar. Se trata de evaluar las situaciones de malestar o desajuste crónicos, prolongados, y hacer algo al respecto, (a veces con ayuda de especialistas), pensando siempre en lo que realmente es mejor para su hijo.

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