Del Bullying a la Convivencia Pacífica

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Muchos padres están desconcertados respecto a situaciones en las que sus hijos son objeto de burla reiterada y abusiva de parte de sus compañeros. En cambio, pocos padres prestan atención al caso de sus hijos si es que éstos se comportan de modo abusivo con sus compañeros. En ambos casos, hay que reaccionar educativamente, sin sobre-acusar ni sobre-proteger a sus hijos. 

Se trata de formar niños y jóvenes capaces de convivir pacíficamente con el prójimo. Una sociedad democrática pacífica, es capaz de contener las agresiones de sus miembros basándose en conductas autodisciplinadas, porque cultiva la tolerancia, el respeto y la valoración de las diferencias. Esa sociedad la construyen individuos que desde pequeños han tenido experiencias positivas de esta naturaleza en el hogar y la escuela.

Los promotores de los colegios debieran aspirar a ser colegios en los que haya un buen control de la disciplina y del bullying, en base a una cultura de respeto y tolerancia al prójimo. Eso incluye la existencia de estudiantes que en su rol de líderes o conciliadores sean capaces de intervenir en defensa del agredido cuando hay un agresor que da rienda suelta a sus impulsos. En esos casos, sea dentro o fuera de clase, la vida escolar tenderá a ser pacífica y armoniosa.  

No se trata de ser como aquellos colegios en los cuales no hay freno al bulllying ni tampoco como aquellos en el que el control disciplinario y del bullying sea producto de una actitud represiva de la autoridad, que en el corto plazo puede inspirar el temor a la trasgresión, pero no necesariamente garantiza un cambio genuino y permanente de la conducta del agresor. 

Veamos porqué esto es tan importante.    

En el caso de los alumnos que son víctimas del bullying, éstos la pasan mal en su vida escolar, se sienten humillados, maltratados, ven disminuida su autoestima, por lo que deben ser acogidos y orientados por profesores, tutores y padres. 

En el caso de los alumnos que son victimadores, abusadores, en el corto plazo se sienten fuertes y privilegiados, pero si no hay una reacción oportuna de profesores, tutores y padres que pongan límites a sus abusos, se cultivará en ellos  un sentimiento de omnipotencia e incapacidad de ajustarse a las normas de un estado de derecho, que llevará a muchos de ellos en su adultez a convertirse en trasgresores continuos e infractores de la legalidad. (En España y Suecia, la proporción de abusadores escolares que entre los 18 y 25 años están en las cárceles por cometer delitos diversos es 4 veces mayor que la población normal)    

Los colegios cuya visión apueste por una convivencia pacífica y armónica entre los alumnos, instan a los profesores a que intervengan frente a los abusos, agresiones o bullying, sea en las horas de clase, recreos, actividades extracurriculares y hasta en la salida. 

Sin embargo, este es un tema que debe ser trabajado colaborativamente entre padres y tutores, porque es la mejor manera de ayudar a los hijos, tanto cuando son agredidos como cuando son agresores.  

Cuando los padres escuchen que sus hijos son víctimas del bullying o son abusadores, deben acercarse al tutor y psicóloga para conversar el tema. Así mismo cuando el colegio cita a padres de hijos o hijas que son abusadores, deben tener la mente abierta a escuchar y colaborar en poner los límites necesarios, porque son acciones que protegerán a sus hijos de problemas mayores 

No debemos dejar de tomar nota de que muchos tipos de burlas pueden ser tratadas efectivamente por los propios niños  involucrados, pero otras veces necesitarán la asistencia de los padres, profesores o consejeros. Cuando las burlas se convierten en acoso, si estas son repetidas o prolongadas, si contienen amenazas o si involucran contacto físico inapropiado, deben ser denunciadas y los niños deben ser alentados para hacerlo. Los adultos deben estar alerta a la posibilidad de acoso e intervenir cuando sea necesario si se sospecha o anticipa un acoso. De eso modo se podrá fijar el mejor rumbo de acción. 

Trabajemos juntos no solo para limitar problemas o prevenirlos, sino para cultivar personalidades sanas y bien ajustadas en nuestros hijos.

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